El precio de la pota: ¿cómo evitar una nueva crisis?

Los pescadores se enfrentan a precios de compra particularmente bajos y, además, a serias dificultades para colocar el producto en las plantas de procesamiento

La pota se posicionó como el producto con mayor demanda, al concentrar el 63,1% de los envíos y mostrar un incremento extraordinario de 220,4%. Foto: Revista Pesca y Medio Ambiente

Hace un año celebrábamos la aprobación del nuevo reglamento de ordenamiento pesquero del calamar gigante o pota. Este responde a una demanda de los actores del sector y trajo medidas importantes como definir el acceso exclusivo para la flota artesanal y a la línea potera como único arte de pesca permitido para extraer este recurso. Sin embargo, a 11 meses de su entrada en vigencia vemos que los avances hacia un ordenamiento efectivo de esta pesquería son aún lentos, y que muchas de las medidas establecidas en la tan esperada norma aún no ven la luz, trayendo consecuencias negativas para la economía de los pescadores que dependen de esta actividad.

A unas semanas del inicio de la temporada de pesca de este año, han resurgido problemas ya vistos el 2025. Los pescadores se enfrentan a precios de compra particularmente bajos y, además, a serias dificultades para colocar el producto en las plantas de procesamiento. Esta situación obedecería principalmente a la pesca excesiva concentrada en periodos cortos de tiempo registrada durante el año anterior.

Durante el 2025 se dictaminaron siete normas orientadas a fijar o ampliar la cuota de pesca, además de tres periodos en los que se restringió la actividad extractiva. Estas decisiones respondieron a cambios en la distribución del recurso y su accesibilidad para la flota pesquera, ocasionados por anomalías oceanográficas. Si bien el manejo adaptativo es recomendable en pesquerías que operan en ambientes de alta variabilidad, resulta crítico que las reglas utilizadas para el cálculo de las cuotas de pesca sean consistentes y replicables. Solo así es posible evaluar estratégicamente los resultados.

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Sin desmerecer lo avanzado, como la ampliación de la cobertura del sistema satelital en la flota potera de mayor tamaño; para un manejo más ordenado, que aporte predictibilidad y permita a los actores del sector tomar decisiones económicamente razonables eliminando incentivos negativos, y si queremos evitar una nueva crisis, urge:

  • Que el IMARPE elabore un protocolo claro para el cálculo de las cuotas de captura, basado en la mejor ciencia disponible. No es conveniente que, para una pesquería de la importancia de la pota, se continúe recurriendo a evaluaciones rápidas o monitoreos aislados para justificar una cuota de pesca, sin una línea argumental explícita que transparente cómo se determina la misma.
  • Seguir afinando las reglas que regulan el esfuerzo pesquero durante la temporada de pesca. Esto incluye, por ejemplo, límites en el número de faenas de pesca o en los volúmenes de acarreo por embarcación, de manera proporcional a su capacidad de bodega. Algunas de estas medidas se ensayaron en el último trimestre del año pasado; sin embargo, resulta fundamental evaluar tanto su efectividad como su aceptación social.
  • Es pertinente considerar el establecimiento de cuotas diferenciadas por región latitudinal o, alternativamente, la restricción del acceso de determinadas flotas a zonas específicas del territorio. Este tipo de esquemas ya se aplica en pesquerías como la del perico y la anchoveta, y responde también a la necesidad de facilitar el acceso al recurso por parte de embarcaciones de menor capacidad y autonomía.
  • Contar con indicadores de desempeño de la pesquería, que permitan evaluar el impacto de las medidas adoptadas y hacer ajustes cuando sea necesario, de manera técnica y transparente. Este es un mandato legal recogido en el reglamento aprobado en marzo último, sin embargo hasta ahora no se cuenta con tan importante instrumento de gestión.

Finalmente, al inicio de un nuevo año, es indispensable demostrar que se han asimilado las lecciones del pasado y reforzar la vigilancia y fiscalización de las operaciones de pesca y de los desembarques. La pota es un recurso caracterizado por pulsos de gran abundancia; por eso, se requiere actuar con prudencia para asegurar que su aprovechamiento sea sostenible en el tiempo. Es responsabilidad del Estado gestionar este recurso estratégico de modo que contribuya a la seguridad alimentaria, la generación de empleo e ingresos económicos de un amplio componente del sector pesquero peruano y su contribución a la economía costera. Esto se ha logrado en otras pesquerías, es momento de darle a la pota el lugar que merece.

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