El calendario gastronómico reserva el 9 de febrero para una de las celebraciones más populares y transversales del mundo: el Día Mundial de la Pizza.
La fecha convoca tanto a grandes cadenas como a pequeños negocios artesanales y a millones de personas que incorporaron este plato a su dieta cotidiana. Lejos de tratarse solo de una excusa comercial, la conmemoración está vinculada a la historia, la tradición y la expansión cultural de una preparación nacida en Italia que logró adaptarse a distintos países y costumbres.
Su reconocimiento internacional se consolidó con el paso del tiempo, a medida que la pizza dejó de ser un alimento local para transformarse en un símbolo compartido de la cocina contemporánea.
El origen del Día Mundial de la Pizza y su vínculo con Italia
La celebración del Día Mundial de la Pizza se fijó el 9 de febrero como una forma de reconocer el valor histórico y cultural de este alimento originario de Italia. La fecha no responde a un acontecimiento único, sino a un consenso internacional que buscó destacar a la pizza como uno de los platos más representativos de la gastronomía global. Su historia se remonta a la ciudad de Nápoles, donde surgieron las primeras versiones modernas a base de masa, tomate y queso, destinadas inicialmente a las clases populares.
Con el tiempo, la pizza trascendió su carácter local y se convirtió en una preparación reconocida en distintos continentes. Este proceso de expansión estuvo marcado por la migración italiana, que llevó sus recetas a América y otras regiones de Europa. En cada país, la pizza adoptó ingredientes y estilos propios, sin perder su esencia original.
Uno de los hitos más citados en su historia es la creación de la pizza Margherita, elaborada en 1889 en honor a la reina Margarita de Saboya. Sus colores, rojo, blanco y verde, fueron asociados a la bandera italiana, lo que reforzó su carga simbólica. Ese episodio contribuyó a consolidar la pizza como un emblema nacional, antes de iniciar su camino hacia el reconocimiento mundial.
La instauración del 9 de febrero como día conmemorativo busca, precisamente, poner en valor ese recorrido histórico y el impacto cultural que la pizza ha tenido más allá de su país de origen.
De comida popular a patrimonio cultural reconocido
El crecimiento de la pizza como fenómeno global no solo se explica por su versatilidad y aceptación masiva, sino también por el reconocimiento formal de su importancia cultural. En 2017, el arte tradicional de los pizzaioli napolitanos fue inscrito como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, un hecho que marcó un punto de inflexión en la percepción de este plato.
Este reconocimiento destacó las técnicas, los gestos y el conocimiento transmitido de generación en generación por los maestros pizzeros, especialmente en Nápoles. No se trató únicamente del producto final, sino del proceso artesanal que incluye la preparación de la masa, el manejo del horno y el vínculo social que se crea alrededor de la pizza.
La distinción reforzó la idea de que la pizza es más que comida rápida. Representa una práctica cultural viva, asociada a reuniones familiares, celebraciones colectivas y espacios de encuentro. A partir de ese momento, la conmemoración del Día Mundial de la Pizza adquirió un sentido más amplio, ligado a la preservación de tradiciones culinarias.
En distintos países, la fecha se convirtió en una oportunidad para difundir la historia del plato y destacar la elaboración artesanal frente a las versiones industrializadas. Restaurantes y pizzerías suelen recordar ese origen napolitano, incluso cuando ofrecen interpretaciones locales que incorporan ingredientes regionales.
La expansión global y el arraigo en distintas culturas
La pizza logró integrarse a las costumbres alimentarias de numerosos países, adaptándose a sabores, productos y hábitos locales. En América Latina, por ejemplo, se transformó en una opción habitual tanto en reuniones familiares como en celebraciones informales. En otros mercados, su presencia se consolidó a través de cadenas internacionales que facilitaron su acceso masivo.
Pese a esas transformaciones, la pizza mantiene una identidad reconocible que permite asociarla de inmediato con la tradición italiana. Esa combinación entre origen definido y capacidad de adaptación explica su permanencia y popularidad a lo largo de décadas.
El Día Mundial de la Pizza refleja esa dualidad. Mientras algunos lo celebran consumiendo versiones clásicas, otros optan por recetas innovadoras que incorporan ingredientes locales. En ambos casos, la fecha funciona como un recordatorio de cómo un plato sencillo logró cruzar fronteras y generaciones.
Además, la pizza se convirtió en un elemento de la cultura urbana contemporánea, presente en películas, series y eventos deportivos. Su imagen está asociada tanto al ocio como a la convivencia, lo que refuerza su carácter universal.
Cada 9 de febrero, la celebración pone en primer plano esa historia de expansión, desde las calles de Nápoles hasta las mesas de todo el mundo. La conmemoración no solo destaca el sabor, sino también el recorrido cultural de un alimento que pasó de ser una comida humilde a un símbolo global de la gastronomía.