La pobreza multidimensional en Perú alcanza a 11 millones de personas: en el ámbito rural llega al 69,3%

Una investigación de la Universidad de Lima revela que existen 2 millones más de pobres multidimensionales que los reconocidos por la medición monetaria oficial del Gobierno

El Índice de Pobreza Multidimensional en Perú revela que 11 millones de personas padecen carencias graves en salud, educación, empleo y servicios básicos.

En Perú, la cifra oficial de pobreza basada en ingresos indica que alrededor de 9,4 millones de personas no logran cubrir una canasta básica.

Sin embargo, cuando se observa la pobreza desde una perspectiva multidimensional, el escenario cambia de forma significativa: cerca de 11 millones sufren privaciones graves en al menos una dimensión esencial, como salud, educación, vivienda, empleo, tecnología o acceso a servicios básicos.

Así lo demuestra el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM), elaborado por la Universidad de Lima, que pone en evidencia que la realidad social del país andino es mucho más compleja y profunda de lo que muestran las estadísticas tradicionales.

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El índice de pobreza multidimensional revela mayor precariedad en Perú

El IPM incorpora dimensiones como salud, educación, vivienda, empleo, tecnología y acceso a agua y saneamiento. El resultado es que más de 10 millones de peruanos enfrentan al menos una carencia estructural grave, una cifra muy superior a la que reconoce la medición centrada solo en ingresos.

De acuerdo con el estudio, basado en métricas de la Universidad de Oxford, solo el 14% de la población nacional, cerca de 4,8 millones de personas, es pobre tanto monetaria como multidimensionalmente.

Pero hay 6,2 millones de peruanos (18 % del total) que, aunque no son considerados pobres por ingresos, sufren privaciones severas en servicios y derechos básicos. Además, 4,6 millones de personas (13,6 %) no logran cubrir una canasta básica, pese a contar con algunos servicios esenciales.

El informe de la Universidad de Lima destaca que solo el 14 % de la población peruana está considerada pobre por criterios tanto monetarios como multidimensionales.

La población rural en Perú presenta altos niveles de privaciones estructurales

Las diferencias territoriales agravan la situación. En zonas rurales, el 69,3% de la población sufre pobreza multidimensional, es decir, cerca de 7 millones de personas viven con múltiples carencias, frente al 39,3 % (aproximadamente 4 millones) que reconoce la pobreza monetaria tradicional.

En regiones como Loreto y Puno, más de 1,2 millones de habitantes sumados enfrentan privaciones estructurales que no quedan registradas si solo se mide el ingreso. En Cusco, la pobreza multidimensional afecta a casi medio millón de personas, mientras que la medición monetaria identifica a poco más de 180.000.

En Lima Metropolitana, el contraste es distinto: más de 2 millones de personas son pobres solo por ingreso, pero no por otras privaciones, mientras que en el Callao la pobreza monetaria (33,9%, cerca de 370.000 personas) duplica ampliamente la multidimensional (11,5%, unos 125.000 habitantes).

Un 18 % de la población, equivalente a 6,2 millones de personas, queda fuera de la medición por ingreso pero enfrenta severas limitaciones en derechos y servicios fundamentales.

El informe de la Universidad de Lima evidencia contrastes regionales en pobreza

El informe destaca que cada región y departamento presenta una composición diferente de privaciones. Madre de Dios, por ejemplo, tiene problemas críticos de saneamiento, mientras que Moquegua se ve afectada por rezago educativo y hacinamiento, a pesar de que ambas regiones presentan niveles similares de pobreza monetaria, cercanos al 11 %.

La medición multidimensional deja en evidencia que la política social peruana podría estar subestimando la verdadera magnitud de la pobreza. Millones de personas quedan fuera de los programas de ayuda y del radar del Estado porque sus problemas no se reflejan en los ingresos, sino en la falta de acceso a derechos básicos.

El IPM, con su enfoque integral, exige un cambio de paradigma: si el país sigue midiendo la pobreza solo por el dinero que ingresa a los hogares, seguirá dejando fuera a millones que, aunque trabajan o perciben ingresos, viven atrapados en la precariedad. Reconocer esta realidad es el primer paso para diseñar políticas sociales efectivas, focalizadas y verdaderamente inclusivas.

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