La interoperabilidad dejó de ser un concepto técnico para convertirse en una de las principales palancas de transformación del sistema de pagos en el Perú. Su impacto ya no se limita a la eficiencia operativa, sino que redefine la relación entre regulación, competencia y experiencia del usuario. En este nuevo escenario, las fintech de pagos enfrentan un triángulo decisivo: interoperar, cumplir y diferenciarse.
El avance de la interoperabilidad ha sido el mayor catalizador para la adopción masiva de pagos digitales. Al permitir transferencias inmediatas entre distintas billeteras electrónicas y entidades financieras, se eliminó la fragmentación histórica del sistema. En 2025, las transacciones interoperables superaron los 132 millones mensuales, con un crecimiento de un 58 % frente al año anterior.
En paralelo, el uso de pagos digitales por persona se multiplicó casi siete veces en el último quinquenio, alcanzando un promedio de 1,7 pagos diarios por adulto. Este avance también ha facilitado la entrada de nuevos actores, como las EEDE, que hoy compiten en igualdad de condiciones al conectarse a la infraestructura de la Cámara de Compensación Electrónica.
No obstante, el crecimiento del ecosistema exige ajustes regulatorios adicionales. Si bien el marco normativo ha evolucionado (con la reciente actualización del Reglamento del Sistema Nacional de Pagos), persisten retos clave. La implementación plena de Open Finance será determinante para habilitar el intercambio seguro de datos y potenciar la innovación.
Asimismo, se requieren estándares más sólidos de identidad digital y KYC (Know Your Customer) que garanticen seguridad jurídica sin frenar la apertura remota de cuentas. A ello se suma la expectativa por la nueva plataforma pública de pagos interoperables que el BCRP desarrolla junto a UPI de India y que podría marcar un nuevo punto de inflexión en escalabilidad y alcance.
En este entorno, las expectativas del usuario se han elevado de forma sustancial. Hoy se demanda inmediatez total, disponibilidad 24/7 y costos mínimos en transacciones cotidianas, lo que obliga a las empresas a operar con niveles extremos de eficiencia. Además, la interoperabilidad ha consolidado la omnicanalidad como estándar: el usuario espera poder pagar con un único código QR, sin importar la billetera o entidad emisora, bajo una experiencia homogénea y sin fricciones.
La interoperabilidad también está reconfigurando la competencia entre bancos y fintech. Al garantizar acceso equitativo a la infraestructura de liquidación, se ha nivelado el terreno. Mientras los bancos conservan ventajas en volumen y confianza, las fintech destacan por su agilidad, foco en el usuario y capacidad de innovación. La competencia ya no se define solo por escala, sino por la calidad de la experiencia digital.
El desafío central es gestionar los riesgos de seguridad sin afectar esa experiencia. La respuesta está en la tecnología invisible: biometría, tokenización e inteligencia artificial que permiten autenticar y monitorear transacciones en tiempo real sin añadir fricción. La seguridad, más que un paso adicional, debe ser un atributo incorporado desde el diseño.
De cara a los próximos años, el éxito de las fintech de pagos dependerá de su capacidad para operar con estructuras de costos eficientes, reducir intermediarios y dominar la última milla, sin perder foco en la inclusión regional. El verdadero crecimiento no estará solo en Lima, sino en las zonas con baja bancarización y alta penetración móvil. En ese equilibrio entre interoperabilidad, regulación y usuario se definirá el futuro del ecosistema de pagos en el Perú.