El año 2025 no fue la excepción y volvió a dejar en evidencia el impacto devastador de los fenómenos climáticos extremos en Perú, con lluvias torrenciales, sequías prolongadas y episodios de heladas que alteraron drásticamente la vida de millones de personas.
Más de 9 millones de peruanos estuvieron en riesgo a causa de inundaciones, huaicos y deslizamientos en la región andina, mientras que la costa norte enfrentó una escasez crítica de agua, según datos de las autoridades.
El comienzo del año estuvo marcado por lluvias intensas en regiones como Áncash, Cajamarca y Cusco, donde las precipitaciones provocaron desbordes de ríos y deslizamientos de tierra.
Los huaicos destruyeron viviendas e infraestructuras rurales, dejando centenares de damnificados y al menos 20 fallecidos en el primer trimestre. Las autoridades regionales de Áncash y Cajamarca reportaron la evacuación de comunidades enteras, mientras los servicios de emergencia luchaban por restablecer caminos bloqueados.
En simultáneo, Piura y otras zonas del norte atravesaron una de las sequías más graves de la década. La falta de lluvias redujo drásticamente los caudales de los ríos, afectando el suministro de agua potable y paralizando actividades agrícolas.
El Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (SENAMHI) advirtió que la sequía puso en riesgo la seguridad alimentaria de unas 300.000 personas, principalmente agricultores y ganaderos.
El impacto en la agricultura se agudizó durante el segundo trimestre, cuando Puno, Cusco y Apurímac sufrieron un retraso en la campaña agrícola 2025-2026.
La ausencia de precipitaciones y la aparición de heladas y granizadas provocaron pérdidas en cultivos de papa, quinua y maíz. Las autoridades locales registraron al menos 50.000 hectáreas afectadas, mientras que la ganadería se vio amenazada por la escasez de pastos y la muerte de animales debido a las bajas temperaturas, que, según datos de SENAMHI, descendieron hasta los -8°C (17,6°F) en zonas altoandinas.
La situación se agravó por la influencia del fenómeno La Niña, catalogado como débil por el SENAMHI, que modificó los patrones habituales: lluvias excesivas en la sierra y déficit hídrico en la costa.
Un reporte de Agencia Andina detalló que la variabilidad climática sorprendió a las autoridades y comunidades, al complicar la planificación de campañas agrícolas y la gestión de riesgos.
Durante el segundo semestre, eventos extremos como heladas, friajes e incendios forestales se intensificaron en el sur y la Amazonía peruana. El SENAMHI informó que las heladas afectaron localidades en Puno y Arequipa, donde se reportaron al menos 15 víctimas fatales por causas relacionadas con la exposición al frío y la precariedad habitacional. Los incendios, por su parte, devastaron áreas protegidas y generaron pérdidas en biodiversidad, según el reporte oficial de la institución.
Los daños acumulados durante 2025 incluyeron centenares de muertos, miles de heridos y damnificados, y pérdidas económicas superiores a los 300 millones de soles (aproximadamente 80 millones de dólares).
Las declaraciones de organismos internacionales, como la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCHA), instaron al gobierno peruano a fortalecer los mecanismos de respuesta y prevención ante la creciente frecuencia de estos eventos.
La experiencia de 2025 evidenció, según el análisis de Andina, la urgencia de adoptar políticas públicas orientadas a mitigar los efectos de la crisis climática y mejorar la resiliencia de las comunidades más vulnerables.