La violencia contra la mujer constituye un problema estructural que se expresa en formas diversas y a menudo silenciosas. Antes de presentarse una agresión física, suelen existir señales invisibles que se normalizan en la relación de pareja. Identificar estos signos de alerta a tiempo permite prevenir escaladas que amenazan la vida y el bienestar emocional de miles de mujeres en el país.
En el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, conmemorado cada 25 de noviembre, EsSalud advierte que la violencia psicológica es una de las manifestaciones más frecuentes y menos reconocidas por las víctimas. Esta etapa puede involucrar manipulación, silencios impuestos como castigo y patrones afectivos que generan dependencia. La detección temprana de estos comportamientos resulta clave para interrumpir el ciclo de la agresión.
Según el Seguro Social, comprender los niveles de violencia y buscar ayuda oportuna potencia la prevención y el tratamiento. La institución resalta la relevancia de la educación emocional, la identificación de riesgos y el acceso a canales de apoyo para mujeres en situación de vulnerabilidad. Estas acciones se articulan en una estrategia orientada a detener un fenómeno cuya manifestación más extrema es el feminicidio.
Cómo inicia la violencia psicológica: ‘ghosting’, ‘love bombing’ y control
De acuerdo con EsSalud, la violencia contra la mujer “comienza mucho antes del primer golpe”. La psicóloga Martha Crosby, especialista del Hospital Nacional Edgardo Rebagliati Martins, detalla que la etapa inicial suele traducirse en conductas de difícil identificación, como el ‘ghosting’: silencios prolongados o el retiro repentino de afecto sin explicación.
“El ghosting recurrente es una táctica de control que provoca inseguridad, ansiedad y culpa en la mujer. Representa el primer paso para someterla desde el plano emocional”, afirmó Crosby. Esta fase produce la necesidad de “reparar” la relación, debilita la autoestima y abre un escenario favorable a nuevas formas de manipulación.
La segunda etapa, denominada “love bombing”, se caracteriza por manifestaciones intensas de cariño, promesas desmedidas y un interés excesivo que alimenta la idea de una conexión profunda. Crosby explica que este aparente romanticismo constituye una estrategia que “atrapa y desarma”, generando dependencia emocional en la víctima. Posteriormente, suelen aparecer los primeros intentos de control: supervisión del tiempo, restricciones sobre amistades y cuestionamientos constantes acerca de las actividades diarias.
Cuando el daño emocional se instala, surge la fase de control, manipulación y agresión, donde se presentan los celos, las prohibiciones, la revisión de dispositivos, las humillaciones y las amenazas. Estas conductas suelen anticipar las agresiones físicas. “En esta etapa, la mujer ya ha internalizado el maltrato emocional, lo que dificulta su salida de la relación. La agresión física representa la última pieza del ciclo, no la primera”, señaló la especialista.
Servicio telefónico de EsSalud registra más de 6.000 alertas por violencia
Entre enero y octubre de este año, la Línea 107 anexo 6 de EsSalud recibió 6.357 llamadas relacionadas con violencia contra la mujer. Los principales servicios solicitados fueron orientación psicológica, contención emocional y consejería especializada, lo que revela la creciente demanda de espacios seguros de consulta.
EsSalud destaca que esta línea es gratuita y confidencial, disponible durante las 24 horas. Para la institución, representa una herramienta preventiva esencial, que brinda apoyo oportuno antes de que la violencia alcance niveles críticos. Además, forma parte de las estrategias de fortalecimiento de la atención primaria impulsadas por la gestión del presidente ejecutivo, Dr. Segundo Acho Mego, quien explicó: “Prevenir la violencia contra la mujer es una prioridad dentro de las estrategias preventivas de la institución”.
Perú registró 154 feminicidios en 2024
Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), durante 2024 se reportaron 154 feminicidios en Perú, lo que equivale a una tasa de un feminicidio por cada 100.000 mujeres, conforme a la publicación Perú: Feminicidio y Violencia contra la Mujer 2015-2024. El promedio anual indica tres feminicidios por semana y cinco tentativas en ese periodo.
Lima Metropolitana registró la mayor cantidad de casos con 36 feminicidios, seguida de Cusco (15), Junín (12), Cajamarca (11), Arequipa (nueve) y Huánuco y Piura (siete cada una), además de otras regiones con cifras superiores a años previos. Entre 2015 y 2024, Lima Metropolitana acumuló 319 casos, seguida por Cusco y Arequipa (92 cada una) y Junín (81).
En cuanto a tasas, Madre de Dios presentó la más elevada en 2024, con cerca de seis víctimas por cada 100.000 mujeres, muy por encima del promedio nacional. Cusco (2,2), Huánuco (1,9) y Huancavelica (1,8) también mostraron valores significativos. A nivel distrital, San Juan de Lurigancho lideró en Lima Metropolitana, con 28 casos entre 2015 y 2024.
Estos datos evidencian que, aunque la violencia física resulta la forma más visible, sus raíces se encuentran en patrones psicológicos que se han normalizado en las relaciones de pareja. Por este motivo, la detección temprana de señales emocionales y de manipulación representa un paso fundamental para la prevención.