El 8 de marzo no es solo un día para conmemorar los logros de las mujeres, sino también para reflexionar sobre el futuro de las niñas, cuyo potencial está en riesgo. En el Perú, ser niña aún implica enfrentar barreras significativas que comprometen su bienestar y sus oportunidades de desarrollo.
Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), más del 13% de las adolescentes peruanas entre 15 y 19 años ya son madres o están embarazadas, una cifra alarmante que refleja la falta de acceso a educación sexual integral y servicios de salud adecuados. A esto se suma que, en 2023, más de 6,000 menores denunciaron haber sido víctimas de violencia sexual. Estos casos no solo son inaceptables, sino que también revelan la urgente necesidad de fortalecer los sistemas de protección para nuestras niñas.
La violencia contra las niñas tiene un impacto profundo y duradero en el desarrollo de nuestro país. Según el Banco Mundial, cada año adicional de escolaridad puede incrementar los ingresos futuros de una niña en un 10% y reduce significativamente el riesgo de matrimonios y embarazos tempranos. Sin embargo, las cifras muestran que más de 200,000 niñas en el Perú están fuera del sistema educativo, muchas de ellas debido a la violencia, la vulnerabilidad y las responsabilidades domésticas que se les imponen desde muy temprana edad.
Es fundamental que el Estado fortalezca y ejecute de manera efectiva políticas públicas enfocadas en la prevención de la violencia y el acceso a la educación. Además, resulta urgente implementar campañas sostenidas que sensibilicen a las familias y las comunidades sobre la importancia de la educación de las niñas y la denuncia oportuna de la violencia. Solo a través de un compromiso real y sostenido podremos transformar esta realidad.
En World Vision Perú, creemos en el inmenso potencial de cada niña. A través de programas de protección, educación y emprendimiento, miles de niñas en regiones vulnerables como Huancavelica, Ayacucho, Cusco y la Amazonía, se les brinda herramientas para continuar sus estudios y soñar sin límites. En 2024, por ejemplo, logramos que más de 10 mil niñas accedan a talleres de liderazgo y educación financiera, ayudándolas a visualizar un futuro diferente.
Esta labor, aunque significativa, no es suficiente. Es vital que el sector privado también se comprometa a apoyar iniciativas que promuevan la igualdad de oportunidades. Las empresas pueden jugar un rol clave ofreciendo becas, capacitaciones y empleo digno para jóvenes mujeres, contribuyendo así a cerrar las brechas de género. Iniciativas como el financiamiento de programas educativos para niñas en situación de vulnerabilidad no solo tienen un impacto positivo en sus vidas, sino que también son una inversión en el desarrollo sostenible del país.
Asimismo, la sociedad en su conjunto debe asumir la responsabilidad de proteger a las niñas. Los medios de comunicación, las instituciones educativas y las organizaciones civiles deben trabajar de manera articulada para erradicar prácticas como el matrimonio infantil y el trabajo doméstico no remunerado, que continúan limitando el futuro de miles de niñas.
Este 8 de marzo, nuestro llamado es claro: apostemos por las niñas. Garantizar sus derechos hoy no solo es una cuestión de justicia, sino la mejor inversión para el desarrollo sostenible del Perú mañana. Lograr un país donde cada niña pueda crecer sin miedo y con las mismas oportunidades debe ser una prioridad nacional.