“Hoy volvieron bailarinas como la italiana Alessandra Ferri, que con 54 años demostró que se puede estar en el escenario siendo mayor. Eso abrió un poco la mente”
“Hoy volvieron bailarinas como la italiana Alessandra Ferri, que con 54 años demostró que se puede estar en el escenario siendo mayor. Eso abrió un poco la mente”

Desde que a los 9 años se cruzó con la danza clásica, la vida de Herman Cornejo (36) estuvo marcada por la disciplina. Respeto por los maestros, por el compositor, por el coreógrafo, por el vestuarista y por el cuidado de los trajes. Respeto, ese concepto invadió todos los campos de su vida, no sólo el laboral.

"Es una forma de conducta muy elegante y amorosa", dice. Herman –no Hernán, como muchos piensan– nos concede una larga entrevista telefónica desde la habitación del hotel en el que está hospedado en el otro lado del mundo, en Singapur, donde está de gira presentando El lago de los Cisnes con el American Ballet Theatre (ABT), la compañía para la que trabaja desde hace veinte años. Y a pesar de que vive en Nueva York, su vida transcurre donde lo encuentre el ajetreado calendario de giras del ABT: "Mi oficina de trabajo es todas las semanas en una ciudad diferente y es un lujo poder vivir  así".

Este año tiene un viaje muy especial programado: estará en Argentina del 8 al 10 de abril presentando la obra clásica El Corsario en el Teatro Colón. Herman siempre esperó que lo llamaran de "su teatro", como le gusta decirle al Colón, para poder participar y sentirse de nuevo "en familia, en casa", como cuando empezó a estudiar danza en el Instituto Superior de Arte de este lugar, a los 9 años, e iba al colegio Roca, que quedaba a pocas cuadras. El ansiado llamado de Paloma Herrera, la actual directora del Colón, llegó y Cornejo no dudó en decir "sí".

Hoy, con más de veinte años de trayectoria recorrida, volverá al mismo escenario como bailarín consagrado con tres premios en su haber –medalla de oro en la VIII Competencia Internacional de Danza de Moscú en 1997; diploma al mérito de la fundación Kónex en la categoría música clásica en 2009 y premio Benois de la Danse 2014, equivalente al Oscar de la danza– y el orgullo de ser considerado uno de los mejores bailarines del mundo.

Herman bailando La bayadera en el Teatro Colón en 2016. “Fue mi primera presentación oficial con el Ballet Estable del Teatro Colón. La segunda será el 8 de abril cuando llegue a Buenos Aires para protagonizar El Corsario”.
Herman bailando La bayadera en el Teatro Colón en 2016. “Fue mi primera presentación oficial con el Ballet Estable del Teatro Colón. La segunda será el 8 de abril cuando llegue a Buenos Aires para protagonizar El Corsario”.

-¿Qué te dijo Paloma Herrera cuando te llamó?

-Que sería un honor para ella invitarme a bailar bajo su dirección. Recibir su invitación fue muy lindo. Con Paloma nos conocemos desde hace muchos años y coincidimos bailando juntos en el American Ballet. Ésta es mi segunda presentación oficial con el Ballet Estable del Teatro Colón. La primera fue hace dos años bajo la dirección de Maximiliano Guerra y fue un sueño hecho realidad.

-Ahora que es la directora del Teatro Colón, ¿viste algún cambio?

-Sí, lo que me encanta desde que ella entró son las coreografías que está trayendo: las obras más importantes de los coreógrafos más importantes. Por ejemplo, volvió a poner El Cascanueces de Rudolf Nureyev o Romeo y Julieta de Kenneth MacMillan. Creo que es un acierto para el teatro y para los bailarines.

-Y la reposición de la coreografía está a cargo de Julio Bocca, ¿qué relación tenés con él?

-Tenemos una linda amistad desde hace muchos años, él me convocó para su compañía cuando yo tenía 14 años, fue un shock porque generalmente se estudia hasta los 18, 19 y yo a los 14 pasé a formar parte de una compañía profesional, algo bastante inusual. Él me dio una oportunidad magnífica siendo tan joven, fue el trampolín para lo que soy hoy.

“Al fin y al cabo un bailarín es un actor en escena. Se puede bailar siendo grande, sólo hay que ser inteligente”
“Al fin y al cabo un bailarín es un actor en escena. Se puede bailar siendo grande, sólo hay que ser inteligente”

SOBRE RUEDAS. Si bien de chico él había elegido patín artístico y su hermana Érica Cornejo ballet, Herman recuerda que cada vez que la iban a buscar al estudio de danza él se quedaba fascinado mirando con atención el piso de madera, el piano negro y la larga fila de espejos. Muy pronto supo que quería descubrir de qué se trataba el mundo del ballet.

A los 8 aprendió los primeros pasos y a los 9 ya formaba parte de la escuela más importante de Sudamérica, el Instituto de Arte del Teatro Colón. Con tan corta edad, Herman empezó a ensayar todos los días doble turno. A los 14 años fue convocado por Julio Bocca para formar parte de su compañía; a los 16 ganó la medalla de oro en una competencia en Moscú a pesar de que no tenía la edad mínima para participar –que era 18–, pero hicieron una excepción porque fue presentado por Julio Bocca.

Hasta hoy sigue siendo el bailarín más joven en haber ganado el máximo galardón en la historia de ese concurso. Fue gracias a ese premio que decidieron junto con su hermana –también bailarina– tomar clases en el American Ballet Theatre, en Nueva York. Y ahí se quedaron porque les ofrecieron contrato a los dos y aceptaron "con los ojos cerrados". Su madre Elsa Edith Schenone  estuvo con ellos durante tres meses con visa de turista.

Érica y Herman vivieron varios años juntos hasta que cada uno formó pareja y se mudaron por separado. Ella se fue como bailarina principal al Boston Ballet, donde estuvo durante 11 años, hasta que abandonó para fundar su propio estudio de danza. Herman, en cambio, cumplirá 20 años como bailarín principal en el American Ballet, y vive en Nueva York con su pareja, con quién está desde hace tres años.

Hoy, su mamá decidió volver para vivir cerca de sus hijos y es residente estable de Estados Unidos. "Siempre tuvo un talento muy especial para lo manual y hoy en día es la diseñadora de la marca de ropa que tenemos con mi hermana, la línea de ballet H&E Cornejo's Dancewear", dice el multifacético bailarín. Su papá, Ricardo Cornejo, fue militar y hoy vive en Buenos Aires retirado de las fuerzas.

-¿Tuviste momentos difíciles con el ballet?

-No, realmente fue todo alegría. Hasta en los momentos en los que duele el cuerpo, las rodillas o cuando sentí frustración por no tener el rol que quería.

-¿Te pesa estar cerca de los 40, la edad promedio en que se retiran los bailarines?

-No. Es verdad que hay un límite físico, pero hoy en día hay otras formas de cuidarse el cuerpo –no sólo con terapias sino con ejercicios– y la edad del bailarín se puede extender. Creo que mis próximos cinco años van a ser muy fuertes en la danza clásica y quiero aprovecharlos al máximo sin pensar en mi retiro.

-¿Qué significan cinco años fuertes?

-Estoy entrando en la edad donde el físico encuentra una comunión con la parte artística y la fuerza física-técnica de todo lo aprendido en la danza. La vida personal también juega un papel importante, uno se vuelve más artista gracias a todas esas vivencias. Al fin y al cabo un bailarín es un actor en escena. Se puede bailar siendo grande, sólo hay que ser inteligente.

Textos: CANDELA URTA Fotos: GENTILEZA HERMAN CORNEJO Y CARLOS VILLAMAYOR

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