El control y monitoreo de la mosca del Mediterráneo (Ceratitis capitata), que puede afectar a más de 200 especies de frutos y hortalizas, y por ende la producción y el comercio de estos productos, pone bajo la lupa la cooperación entre Panamá y Guatemala.
Funcionarios de ambos países desarrollaron una jornada de capacitación especializada con formación en el manejo de equipos de epifluorescencia, identificación taxonómica y diferenciación de machos fértiles y estériles de la conocida comúnmente como mosca del Mediterráneo.
Se contemplaron procedimientos técnicos para el reconocimiento, análisis y evaluación de especímenes relacionados con las actividades de monitoreo y con los procesos de liberación de insectos estériles, herramientas fundamentales dentro de las estrategias de manejo y control de esta plaga de importancia agrícola.
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La actividad promovió el intercambio de conocimientos y experiencias entre los países de la región y tiende a consolidar la cooperación internacional en materia de sanidad agropecuaria.
También conocida como “Moscamed”, el insecto apareció por primera vez en África y posteriormente se extendió a zonas de climas templados hasta llegar a América.
Su presencia se reportó oficialmente en el continente americano en 1975 en Guatemala, y posteriormente la plaga invasiva logró pasar fronteras y se instaló en México en 1977 en Tuxtla Chico, municipio fronterizo con Guatemala.
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Los daños a la agricultura fueron catastróficos, toda vez que la hembra durante su vida pone un promedio de 300 huevecillos y cuando le favorecen las condiciones de ambiente y alimentación hasta 800.
Aunque la mosca no tiene la capacidad volar grandes distancias, supera las barreras geográficas, pues se dispersa fácilmente a través de vehículos como avión, barco, tren o automóvil, turistas o fenómenos metereológicos como huracanes y tormentas, cuyos fuertes vientos movilizan plagas de un país a otro.
La evidencia disponible para el periodo 2025‑2026 indica que Panamá se encuentra en una fase de vigilancia intensiva y manejo preventivo frente a la Moscamed, sin que se hayan registrado hasta el momento brotes comparables a los ocurridos en México o República Dominicana.
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El país mantiene un esquema mixto en el que ciertas áreas, como la península de Azuero, conservan un estatus de zona libre de moscas de la fruta, debido a estrictos regímenes de cuarentena.
Mientras, en otras regiones productivas, en particular la provincia de Chiriquí en el occidente, y la provincia de Coclé en el centro, son objeto de planes piloto, capacitación y despliegue de técnicas avanzadas de manejo integrado orientadas específicamente a la mosca del Mediterráneo y otras moscas de la fruta de importancia económica.
En marzo de 2025 se anunció un plan piloto para el control de moscas de las frutas en Chiriquí, con especial énfasis en la Moscamed, pero hasta el momento nada se conoce de su avance.
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En cuanto a la provincia de Coclé, esta se caracteriza por una buena producción de cítricos, siendo la provincia de mayor producción de limón y naranja a nivel nacional.
Esta concentración de cítricos la convierte en una región estratégica, dado que muchas variedades cítricas son hospedantes importantes de la mosca del Mediterráneo, especialmente las naranjas y limones en maduración.
Las acciones descritas por el Ministerio de Desarrollo Agropecuario (Mida), en coordinación con el Organismo Internacional Regional de Sanidad Agropecuaria (Oirsa) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), apuntan a consolidar un estatus de baja prevalencia de la plaga en cultivos estratégicos, como la guayaba y el aguacate.
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También van dirigidas a proteger la fuerte producción de cítricos de provincias como Coclé, con el propósito de cumplir los requisitos fitosanitarios de los mercados internacionales y sostener las exportaciones en un entorno regional donde la mosca del Mediterráneo se expande apoyada por el comercio y el cambio climático.
En este contexto, los efectos causados por la mosca del Mediterráneo en Panamá son, por ahora, más visibles en la forma de costos de vigilancia, restricciones cuarentenarias y necesidad de capacitación y tecnología, que en pérdidas masivas de cosechas, aunque la plaga sigue representando una amenaza latente dada su enorme capacidad invasiva, su amplio rango de hospedantes y los antecedentes históricos de intentos de erradicación en Centroamérica.
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