La producción bufalina en Panamá supera las 11,500 cabezas, dedicada principalmente a la elaboración de leche y cortes de carne, productos que aún no terminan por conquistar el paladar de los panameños.
Más de la mitad de la producción se concentra en la atlántica provincia de Bocas del Toro, fronteriza con Costa Rica, registrando avances en otras regiones del país como las provincias de Darién, Colón, Coclé, Los Santos y Panamá Oeste.
De acuerdo con datos del Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA), la provincia de Darién cuenta con 1.896 ejemplares, distribuidos entre 11 productores registrados, lo que la ubica como la segunda fuerza bufalina del país.
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Esta cifra representa un incremento respecto a los 1,614 animales contabilizados a finales de 2025, reportó la entidad oficial.
Más de 25 fincas están dedicadas en el territorio nacional a la actividad bufalina, mientras que a nivel gubernamental se implementan programas de capacitación y mejoramiento genético, con énfasis en el control sanitario y reproductivo.
Recientemente, técnicos del MIDA realizaron una evaluación física de los animales mediante la técnica de palpación rectal a un total de ocho búfalas, con el resultado de siete hembras diagnosticadas preñadas y una hembra diagnosticada vacía.
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La jornada tuvo como propósito fortalecer las capacidades técnicas del productor, evaluar el estado reproductivo del hato y contribuir a la toma de decisiones oportunas para mejorar la eficiencia productiva de la explotación pecuaria, informó la entidad.
En Panamá los primeros 100 búfalos fueron introducidos en 1975, procedentes de República Dominicana y Trinidad y Tobago, por gestiones del entonces jefe de Gobierno, Omar Torrijos Herrera, con el objetivo de desarrollar el sector atlántico del país.
Entre las principales razas presentes en el país figuran la Murrah, la Mediterráneo y los descendientes de Nili-Ravi. Estas razas se caracterizan por su capacidad para adaptarse a las condiciones tropicales y por su alto rendimiento tanto en carne como en leche.
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La rusticidad y resistencia del búfalo ha facilitado su expansión en zonas donde otras especies bovinas presentan mayores desafíos productivos, indicó el MIDA.
El valor nutricional de los productos derivados del búfalo ha contribuido de manera modesta al crecimiento de la demanda de la carne de búfalo, al igual que productos como yogurt, queso fresco y mozzarella, que han ampliado la oferta gastronómica y generado algunas oportunidades de mercado.
La trazabilidad, de acuerdo con la institución, se ha convertido en una prioridad, por lo que ha comenzado a implementar mecanismos para documentar el origen y las características de los animales, con el objetivo de posicionar la carne y leche de búfalo como productos diferenciados dentro de la ganadería panameña.
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El desarrollo de la producción bufalina ha ido acompañado de eventos como la Feria Nacional del Búfalo en Colón y la Buffalo Fair en Coclesito, Colón, donde se muestran ejemplares, se realizan competencias ganaderas y se promueven actividades culturales vinculadas al sector agropecuario.
El Ministerio de Desarrollo Agropecuario anunció nuevos proyectos para la producción bufalina este 2026, orientados a incrementar la productividad, sostenibilidad y competitividad de la ganadería nacional.
Estas iniciativas buscan consolidar la cría de búfalo como una alternativa viable, tanto para la producción de leche como de carne, y favorecer la diversificación de la matriz productiva rural.
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El crecimiento observado sugiere, según las autoridades agropecuarias, que la producción bufalina mantendrá una presencia en la economía agropecuaria de Panamá, respaldada por políticas públicas, capacitación técnica y un proyectado aumento de la demanda de productos derivados del búfalo.