Mientras miles de panameños enfrentan síntomas similares a los de un resfriado común en plena temporada lluviosa, las cifras oficiales muestran que el dengue continúa avanzando en el país y lo hace con señales que preocupan a las autoridades sanitarias: más casos, más hospitalizaciones, más pacientes graves y más muertes.
El más reciente informe epidemiológico del Ministerio de Salud revela que hasta la semana epidemiológica 19, correspondiente del 10 al 16 de mayo, Panamá acumulaba 2,581 casos de dengue, 113 más que los reportados una semana antes, cuando el país registraba 2,468 contagios. Pero el aumento no se limita únicamente al número de enfermos.
Los casos con signos de alarma pasaron de 291 a 311 en apenas una semana, mientras que los casos de dengue grave aumentaron de 15 a 17. Las hospitalizaciones también crecieron de 307 a 328 pacientes y las defunciones subieron de siete a ocho. La tasa nacional de incidencia pasó de 52.3 a 54.7 casos por cada 100 mil habitantes, reflejando una expansión sostenida de la enfermedad en distintas regiones del país.
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La Región Metropolitana continúa siendo la más afectada con 680 casos acumulados, seguida por Colón con 462 y Bocas del Toro con 265. Entre los corregimientos con mayor cantidad de contagios figuran Tocumen, Puerto Pilón, Veracruz, 24 de Diciembre, Belisario Frías y Las Garzas. Los adolescentes de entre 10 y 14 años siguen siendo el grupo más impactado, con una tasa de incidencia de 78 casos por cada 100 mil habitantes.
Uno de los principales desafíos para las autoridades es que los primeros síntomas del dengue suelen confundirse con los de un resfriado, una gripe o incluso otras infecciones virales.
Sin embargo, existen diferencias importantes. Mientras los resfriados suelen provocar congestión nasal, estornudos y dolor de garganta, el dengue se caracteriza por una fiebre alta repentina, dolor intenso de cabeza, dolor detrás de los ojos, dolores musculares y articulares severos, cansancio extremo y malestar general.
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Precisamente por esos dolores musculares y articulares intensos, la enfermedad es conocida popularmente como la “fiebre quebrantahuesos”. Algunos pacientes también pueden presentar náuseas, vómitos y erupciones en la piel varios días después del inicio de los síntomas.
Los especialistas advierten que el mayor riesgo aparece cuando la fiebre comienza a desaparecer. Contrario a lo que muchas personas creen, la reducción de la temperatura no siempre significa mejoría. Es en ese momento cuando algunos pacientes desarrollan signos de alarma que pueden anticipar un cuadro grave.
Entre las señales que requieren atención médica inmediata figuran el dolor abdominal intenso y persistente, vómitos continuos, sangrado de encías o nariz, presencia de sangre en heces o vómitos, dificultad para respirar, somnolencia excesiva, irritabilidad o una sensación marcada de debilidad.
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Cuando estos síntomas aparecen, el paciente puede requerir hospitalización para recibir líquidos intravenosos, monitoreo constante y tratamiento especializado.
Los datos oficiales muestran precisamente que cada vez más pacientes están llegando a esa fase crítica. En una sola semana se sumaron 20 hospitalizaciones adicionales y dos nuevos casos de dengue grave, indicadores que suelen ser observados con especial atención por los epidemiólogos porque reflejan la presión que la enfermedad ejerce sobre el sistema de salud.
El comportamiento observado en Panamá coincide con una tendencia regional. Diversos países de América Latina han reportado durante los primeros meses de 2026 un aumento de casos favorecido por las lluvias, las altas temperaturas y la proliferación del mosquito Aedes aegypti, transmisor del virus.
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Naciones como Brasil, Colombia, Perú, Honduras y Costa Rica han mantenido sistemas de vigilancia reforzados debido a la persistencia de brotes y a la circulación simultánea de distintos serotipos del dengue.
Las autoridades sanitarias panameñas insisten en que la principal herramienta para contener la enfermedad sigue siendo la eliminación de criaderos. El mosquito deposita sus huevos en recipientes con agua acumulada, por lo que tanques destapados, llantas, botellas, latas, cubetas y otros objetos abandonados pueden convertirse en focos de reproducción.
Mientras el país entra en los meses de mayor intensidad de la temporada lluviosa, el avance de las estadísticas deja un mensaje claro: el dengue continúa ganando terreno. Y aunque la mayoría de los pacientes se recupera sin complicaciones, el aumento simultáneo de contagios, hospitalizaciones, casos graves y fallecimientos demuestra que la enfermedad sigue representando una amenaza significativa para la salud pública panameña.
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