Sucios, descoloridos, llenos de maleza, sitios furtivos para las relaciones sexuales, con sus estructuras abandonadas por la falta de gestión institucional, los cementerios de la ciudad de Panamá facilitan el vandalismo y la profanación de las tumbas.
Los ocho camposantos municipales del área metropolitana son percibidos como lugares peligrosos, carentes de valor, lo que favorece su deterioro, afirma una tesis de maestría del Instituto de Criminología de la Universidad de Panamá.
El robo de materiales, como lápidas, cruces, figuras religiosas de cerámica, entre otros, así como la utilización de restos óseos para prácticas de rituales de santería, se combinan con la ausencia del control institucional, demuestra el estudio al analizar los factores criminológicos.
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Esto, apunta el análisis, evidencia la existencia de una necro cultura, que no es más que un sistema de creencias, valores y prácticas sociales que celebran la muerte, la violencia y el sufrimiento en lugar de la vida y el bienestar humano.
“Profanaciones, vandalismo y violencia post mortem: un análisis crimino-antropológico de la percepción y manejo de cementerios en estado de abandono de la región metropolitana de Panamá”, se titula el trabajo realizado por José Prieto Núñez.
Núñez sostiene que en el país los cementerios no solo son escenarios de la disposición final de los cuerpos, sino también espacios sociales donde convergen dinámicas culturales, simbólicas y delictivas.
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En todo el país más de 630 cementerios están saturados o colapsados, comentó en su momento Roxana Méndez, directora de la Autoridad Nacional de Descentralización, apuntando que necesitan acciones urgentes y de políticas públicas tendientes a mejorar esta situación.
El objetivo del estudio de Núñez fue analizar desde una perspectiva crimino-antropológico, la profanación, el vandalismo y la violencia post morten en los cementerios abandonados.
Adujo que esto es para comprender la percepción social y el manejo de estos espacios y sus implicaciones.
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Al abordar el tema del manejo institucional y comunitario, la tesis de maestría demuestra una falta de coordinación, recursos y políticas públicas efectivas para la protección de los cementerios.
Los cementerios en el país ofrecen servicios funerarios completos, incluyendo inhumación, cremación, osarios, bóvedas de concreto y espacios personalizados para familias.
En Panamá hay un cementerio de la etnia china que data de1882, conocido como el Wah On Kon Ce, ubicado entre los barrios de Santa Ana y El Chorrillo, en la ciudad capital, que tampoco escapa a la grave situación que presentan.
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También está el Cementerio de Beneficencia Israelita, el camposanto de los franceses y uno de propiedad de los estadounidenses.
Los cementerios en Panamá son más que lugares de descanso, de acuerdo con la Funeraria Cremaciones La Gloria Divina.
Agrega que cuentan historias del país, como es el caso del parque de El Caño, en la provincia de Coclé, donde se encuentran tumbas desde el año 750 d.C.
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Las excavaciones arqueológicas en ese lugar ayudan a comprender cómo vivían los antepasados de los panameños.
La publicación de la funeraria señala que especial atención merece la tumba Nº 9, que revela la importancia social de su ocupante, que estaba rodeado por objetos valiosos.
Detalla la funeraria que la tumba contenía ofrendas como pectorales y cinturones de cuentas de oro, muestra de la riqueza y el estatus del enterrado.
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En el país el día en que los cementerios brillan de limpieza, dentro y fuera, es el 2 de noviembre, cuando los panameños honran a sus difuntos, y acuden en masa a visitar las tumbas, a llevarles flores, a derramar unas lágrimas por su recuerdo.
El resto del año, “¡Dios mío, que solos se quedan los muertos!”, como dijera el poeta Gustavo Adolfo Bécquer en su Rima LXXIII.