El Centro Bancario Internacional de Panamá (CBI) mantuvo durante el primer trimestre de 2026 un desempeño estable y resiliente, con crecimiento moderado del crédito, expansión sostenida de los depósitos y niveles de liquidez y capital holgados, en un contexto marcado por tasas internacionales elevadas y mayor costo de fondeo.
Los datos del Informe de Actividad Bancaria de la Superintendencia de Bancos de Panamá reflejan que el sistema sigue operando con márgenes ajustados, pero con capacidad de adaptación y gestión prudente, lo que ha permitido sostener su papel como plataforma regional de intermediación financiera.
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El comportamiento del crédito muestra una dinámica mixta, donde la cartera total interna se mantuvo prácticamente estable (-0.1%), pero con un crecimiento del crédito privado de 1.3%, impulsado principalmente por consumo personal (+5.3%), comercio (+2.7%) e hipotecario (+1.5%).
En contraste, sectores como construcción (-9.6%), actividades financieras (-14.8%) e industria (-2.1%) registraron caídas, reflejando una mayor selectividad crediticia en actividades más sensibles al ciclo económico.
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Este comportamiento evidencia un sistema que no se contrae, pero sí asigna el crédito con mayor cautela y foco en segmentos de menor riesgo relativo.
En cuanto al flujo de financiamiento, las nuevas colocaciones disminuyeron 3.9%, afectadas principalmente por la fuerte caída del crédito al sector público (-67.8%). Este resultado no responde a un deterioro general del financiamiento, sino a una menor demanda o utilización de crédito por parte del Estado y sus entidades, que en este período recurrieron en menor medida a la banca local para cubrir sus necesidades.
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En términos prácticos, implica que los bancos otorgaron significativamente menos préstamos al Gobierno Central, instituciones públicas y empresas estatales, lo que distorsiona la lectura del resultado agregado.
De hecho, al excluir este componente, el financiamiento al sector privado muestra una dinámica positiva, con un crecimiento de 5.6%, lo que confirma que hogares y empresas continúan accediendo al crédito, aunque bajo criterios más selectivos en un entorno financiero más exigente.
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Destaca el protagonismo del sector comercio, que concentró más del 50% de las nuevas colocaciones, seguido por consumo personal e industria, consolidando una tendencia hacia el financiamiento de la actividad comercial y la demanda interna.
La calidad de la cartera se mantiene contenida, con señales mixtas pero bajo control. La morosidad temprana disminuyó de 1.64% a 1.50%, lo que indica una mejor gestión del riesgo en etapas iniciales del crédito.
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No obstante, la cartera vencida aumentó ligeramente en términos nominales, aunque se mantuvo prácticamente estable en 2.15% del total, lo que sugiere que el crecimiento del crédito ha absorbido ese incremento.
A su vez, la cobertura de provisiones se mantiene robusta en 132%, aunque la cobertura contable bajó a 95.16%, un elemento que el regulador considera clave de seguimiento.
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Del lado del fondeo, los depósitos continúan siendo el principal motor del crecimiento del balance, alcanzando $118,521.6 millones (+6.59%), con un fuerte impulso de los depósitos externos (+13.03%), frente a un crecimiento más moderado de los internos (+2.40%).
Los depósitos de particulares representan el 79.2% del total y explican el 95.6% del aumento del fondeo, lo que evidencia una base de captación diversificada y menos dependiente de financiamiento mayorista. Este cambio fortalece la estructura de pasivos y reduce riesgos asociados a fuentes más volátiles.
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La liquidez del sistema se mantiene holgada, con un índice de liquidez de 55.51%, muy por encima del mínimo regulatorio de 30%, lo que refleja una alta capacidad para enfrentar choques de corto plazo.
Sin embargo, se observa una recomposición hacia depósitos a la vista, tanto internos como externos, lo que mejora la disponibilidad inmediata de recursos, pero puede presionar la rentabilidad del portafolio. A pesar de ello, el sistema ha logrado mantener un equilibrio entre liquidez y asignación hacia activos productivos.
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En materia de rentabilidad, los indicadores muestran una leve moderación, con una utilidad neta de $678.3 millones (-0.7%), afectada principalmente por un incremento del 36% en provisiones, lo que refleja un enfoque prudencial y preventivo.
A pesar de ello, la utilidad antes de provisiones creció 5.2%, confirmando que el negocio bancario mantiene capacidad de generación operativa. El ROA se ubicó en 1.69% y el ROE en 14.35%, niveles todavía positivos, aunque inferiores a los del año anterior.
En términos de solvencia, el sistema bancario panameño mantiene una posición sólida, con un índice de adecuación de capital de 16.27%, el doble del mínimo regulatorio de 8%.
Este nivel de capital, junto con el fortalecimiento de las provisiones dinámicas y la recuperación en la valuación de inversiones, configura un sistema con capacidad para absorber riesgos y enfrentar escenarios adversos sin comprometer su estabilidad.
El balance general del CBI muestra una expansión ordenada, con activos por $164,208.5 millones (+4.5%), impulsados por el crecimiento de la cartera crediticia (+3.9%) y de las inversiones (+8.3%).
Esta expansión ha sido financiada principalmente con depósitos, mientras que las obligaciones financieras se redujeron (-1.79%), reforzando una estructura menos dependiente de financiamiento externo. Además, el crecimiento de la cartera externa (+10.3%) confirma el rol del sistema como centro financiero regional.
En conjunto, el desempeño del sistema bancario panameño en el primer trimestre de 2026 evidencia un crecimiento prudente, con crédito selectivo, fondeo fortalecido por depósitos, liquidez elevada y capital suficiente, aunque con presiones en rentabilidad por mayores provisiones y costos financieros.
El principal reto hacia adelante será mantener este equilibrio en un entorno internacional aún exigente, donde la evolución de las tasas, la calidad del crédito y la estabilidad del fondeo seguirán marcando la ruta del sistema financiero.