El negocio del juego de azar en Panamá roza los $3,000 millones en 2025

Las apuestas brutas crecieron 15% en un año y se acercan al aporte anual del Canal, impulsadas por tragamonedas y plataformas digitales.

Las máquinas tragamonedas tipo “A” generaron $2,147 millones, concentrando más de siete de cada diez dólares apostados en el país. Archivo

En Panamá, las apuestas en juegos de suerte y azar movieron en 2025 la cifra preliminar de $2,938 millones, un volumen que confirma la consolidación de esta industria como una de las actividades de esparcimiento con mayor dinamismo en la economía nacional.

El total anual representa un crecimiento de 15% respecto a 2024, cuando las apuestas brutas alcanzaron los $2,555 millones. La magnitud del negocio ya se aproxima a los $2,965 millones que aportó el Canal de Panamá al Estado el año pasado, una comparación que dimensiona el peso económico del sector.

Del total registrado en 2025, las máquinas tragamonedas tipo “A” concentraron $2,147 millones, convirtiéndose en el principal motor del negocio. Estas máquinas permiten múltiples jugadas con una sola apuesta y solo operan en casinos y salas autorizadas, lo que explica su amplia penetración en el mercado formal. En términos prácticos, más de siete de cada diez dólares apostados en el país se realizan en este tipo de dispositivos.

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El segundo rubro de mayor crecimiento corresponde a los juegos de suerte y azar a través de Internet, que en 2025 totalizaron $587 millones, con una expansión anual acumulada de 82.3% frente a 2024.

Las apuestas por Internet sumaron $587 millones en 2025, impulsadas por la lotería electrónica y plataformas digitales. (Imagen ilustrativa Infobae)

Dentro de esta categoría se incluye la lotería electrónica y otras plataformas digitales, lo que evidencia un cambio estructural en los hábitos de consumo. Las apuestas en línea ya representan cerca del 20% del total del mercado, impulsadas por la digitalización y el acceso móvil.

En tercer lugar figuran las mesas de juego, con $146 millones en apuestas brutas durante 2025. Este tipo de juego solo está permitido en casinos completos, y en el caso de la ciudad de Panamá, los casinos que operan dentro de hoteles deben contar con más de 300 habitaciones, una restricción que limita su expansión territorial y concentra la actividad en establecimientos de gran escala.

Las salas de apuestas de eventos deportivos registraron $17.9 millones en 2025, mientras que las salas de bingo reportaron $6.3 millones. Aunque su peso relativo es menor frente a las tragamonedas o el canal digital, mantienen presencia estable en el ecosistema del juego regulado, especialmente en provincias fuera de la capital.

Panamá cuenta con 102 salas autorizadas: 22 casinos completos, 31 locales de tragamonedas, 45 salas deportivas, 3 bingos y 1 hipódromo. Archivo

Un segmento emergente son los juegos de azar instantáneos, que alcanzaron $3.4 millones en 2025. Si bien su participación aún es reducida, forman parte de la diversificación de la oferta. La variedad de productos es uno de los rasgos distintivos del mercado panameño, que combina apuestas tradicionales, digitales e híbridas.

Además de las máquinas tipo “A”, el país cuenta con máquinas tragamonedas tipo “C”, que operan en locales más pequeños y solo permiten una jugada por cada moneda o apuesta, a diferencia de las múltiples combinaciones de las tipo “A”.

Este formato está presente en establecimientos de menor escala distribuidos en distintos puntos del territorio, ampliando el alcance geográfico del negocio.

El mapa operativo muestra una estructura amplia. Panamá concentra 76 salas, seguida por Chiriquí con 6, Colón con 6, Coclé con 5, Herrera con 5 y Veraguas con 4, para un total general de 102 salas en el país. En términos de concesiones, existen 22 casinos completos, 31 locales de máquinas tragamonedas, 45 salas de apuestas deportivas, 3 salas de bingo y 1 hipódromo, según el listado oficial de operaciones.

El crecimiento sostenido del mercado del juego en la última década ha venido acompañado de un aumento en los casos de ludopatía, un desafío social que especialistas advierten requiere mayor prevención y seguimiento. Ilustrativa Infobae

La concentración en la provincia de Panamá confirma el peso urbano del sector, aunque la expansión provincial es evidente.

Dentro de este entramado, destacan casinos completos operando en hoteles de alto perfil en la capital y en provincias como Chiriquí, Colón y Herrera, además del Hipódromo Presidente Remón, que constituye una categoría independiente en el sistema regulado.

La estructura formal y regulada es amplia y diversa, con operadores distribuidos en centros comerciales, hoteles y zonas estratégicas.

A este volumen de apuestas debe sumarse la actividad de la Lotería Nacional de Beneficencia, que en 2025 reportó ventas e ingresos brutos por $846 millones.

La cifra confirma que el juego estatal sigue siendo un actor relevante, aunque el dinamismo más acelerado se observa en los operadores privados y digitales.

El crecimiento acumulado de la última década muestra una tendencia sostenida al alza en las apuestas. En 2021 el total era de $1,369 millones; en 2022 subió a $1,960 millones; en 2023 a $2,270 millones; en 2024 a $2,555 millones y en 2025 alcanzó $2,938 millones.

La Lotería Nacional reportó ventas e ingresos brutos por $846 millones en 2025, consolidando su peso dentro del mercado del juego. Tomada de Facebook

La expansión ha sido constante y estructural, con especial impulso del segmento digital.

Sin embargo, este avance económico tiene un ángulo social que no puede ignorarse. El aumento sostenido del mercado de juegos de azar ha venido acompañado de un incremento en los casos de ludopatía en el país, según especialistas y organizaciones que atienden adicciones conductuales.

La mayor disponibilidad, la digitalización y la amplia variedad de juegos amplifican el riesgo, especialmente en entornos urbanos de alta concentración.

La industria del juego en Panamá, por tanto, se mueve en una doble dimensión. Por un lado, consolida un negocio que ya compite en magnitud con sectores estratégicos de la economía nacional. Por otro, plantea desafíos regulatorios y sociales que requieren seguimiento permanente, en un mercado que no deja de crecer y diversificarse.

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