La recuperación de siete playas en el Casco Antiguo de la ciudad de Panamá se ha convertido en uno de los proyectos urbanos más visibles de los últimos meses en el principal destino turístico de la capital.
El plan, impulsado desde el municipio capitalino, busca reabrir al público espacios costeros que durante años estuvieron cerrados, degradados o sin acceso formal, y que ahora se integran a un circuito diseñado para residentes y visitantes nacionales y extranjeros.
El programa incluye Playa Santo Domingo 1, Playa Santo Domingo 2, Malecón 1, Malecón 2, Punta Chiriquí, Playa Prieta y Playa Noria.
En conjunto, conforman la denominada Ruta de las Playas del Casco Antiguo, un corredor costero que se extiende a lo largo del Centro Histórico y que se conecta con plazas, murallas, sitios patrimoniales y áreas de alto tránsito turístico.
La primera en abrir oficialmente al público fue Playa Prieta, ahora rebautizada como “La Playita de Las Garzas”, ubicada detrás de la Plaza Quinto Centenario y a pocos metros del Palacio de Las Garzas, sede de la Presidencia de la República.
Su reapertura marcó el inicio visible del plan y sirvió como piloto para el modelo de uso, vigilancia y regulación que se aplicará en el resto de las playas.
El acceso a este nuevo espacio está permitido únicamente en horario diurno, entre las 6:00 a.m. y las 6:00 p.m., y se limita a actividades recreativas pasivas como sentarse en la arena, tomar fotografías, contemplar el amanecer o el atardecer y disfrutar del entorno costero.
No está permitido bañarse, ya que la Bahía de Panamá aún no ha sido declarada apta para el contacto directo con el agua, una decisión que corresponde al Programa de Saneamiento de Panamá.
También se establecieron restricciones claras: está prohibido el consumo de alcohol, el uso de bocinas, las actividades náuticas, el camping, el ingreso de mascotas sin control, así como dejar basura o utilizar plásticos de un solo uso. La vigilancia del área está a cargo de la Policía Municipal.
Desde el punto de vista turístico, Gloria De León, administradora de la Autoridad de Turismo de Panamá (ATP) estima que la apertura progresiva de estas playas podría generar alrededor de 25 millones de dólares adicionales al año.
La proyección se basa en el impacto que estos espacios tendrían en la experiencia del visitante, incentivando estancias más largas, mayor ocupación hotelera, consumo en restaurantes, comercios y servicios, y un aumento general del gasto turístico en el Casco Antiguo.
El Centro Histórico de Panamá registra actualmente un alto flujo de turistas extranjeros y nacionales, impulsado por su oferta cultural, gastronómica y patrimonial.
A este movimiento se suma una dinámica que se ha consolidado en el último año: el cierre del acceso vehicular al Casco Antiguo el último domingo de cada mes para la realización de actividades culturales, ferias, presentaciones artísticas y recorridos peatonales.
Estas jornadas han incrementado de forma notable la afluencia de personas y los ingresos para pequeños y medianos negocios de la zona.
Este escenario contrasta de forma marcada con la realidad que vivía el Casco Antiguo hace dos décadas.
A principios de los años 2000, el área era considerada una zona roja, afectada por el deterioro urbano, la inseguridad y la presencia de pandillas criminales.
Hoy, el Casco se ha transformado en uno de los principales polos turísticos del país, con rutas históricas, museos, hoteles boutique, restaurantes, bares y espacios culturales que atraen a miles de visitantes cada semana.
El valor del Casco Antiguo no es solo urbano o económico. El sitio cuenta con reconocimiento internacional al haber sido inscrito en 1997 en la Lista de Patrimonio Mundial de la Unesco como el Conjunto Monumental Histórico del Casco Antiguo de Panamá, junto con el Salón Bolívar.
Este estatus obliga a que cualquier intervención, incluida la recuperación de playas, se realice bajo criterios estrictos de conservación del patrimonio histórico y del entorno.
En ese contexto, las autoridades municipales han señalado que los trabajos de adecuación de las playas se realizaron en coordinación con especialistas en patrimonio y con el Programa de Saneamiento de Panamá, con el objetivo de preservar las murallas de calicanto y garantizar la estabilidad del litoral.
Las mareas, sin embargo, continúan arrastrando residuos, principalmente plásticos, lo que ha obligado a jornadas constantes de limpieza y refuerza la necesidad de un uso responsable por parte de los visitantes.
La apertura de Playa Prieta es solo el primer paso. Las otras seis playas del circuito se encuentran en distintas fases de intervención y acondicionamiento, algunas divididas en tramos, como Santo Domingo y El Malecón.
El objetivo es integrar estos espacios a la vida cotidiana del Casco Antiguo, sin comprometer su valor histórico ni ambiental.
La recuperación de las playas añade una nueva capa a la experiencia del Casco Antiguo: arena, mar y vistas privilegiadas de la ciudad, en un entorno que combina historia, cultura y turismo. Un giro significativo para una zona que pasó de la exclusión y el abandono a convertirse en una de las postales más activas y visitadas de la ciudad de Panamá.