Los últimos acontecimientos en Argentina sobre violencia armada en las escuelas o amenaza de tiroteos motivó a los expertos a analizar el contexto de estos hechos, llegando a la conclusión de que los victimarios han sido influenciados por entornos digitales que romantizan el asesinato, carencias en la salud mental y acceso a armas que pertenecen a familiares. Como dato estadístico, durante 2025 se registraron 140 mil denuncias de violencia escolar, según estudios de ONG Sin Fronteras. Asimismo, una encuesta de UNICEF reportó un aumento del 41 % en los casos de bullying entre adolescentes de 13 a 17 años. Estas cifras nos interpelan y nos invitan a reflexionar sobre:
1. REGRESAR AL MODELO MAESTRO APRENDIZ: Dijo Aristóteles: “Educar la mente sin educar el corazón no es educar en absoluto”. Como no recordar aquellos tiempos de mi paso por la escuela industrial, donde la mayoría de los docentes dedicaban parte de sus clases no solo a enseñar contenidos, sino también a transmitirnos valiosas lecciones de vida. Esas enseñanzas, entrelazadas con el aprendizaje académico, me brindaron una instrucción integral. Un proverbio bíblico dice: “Instruye al niño en su camino y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”. La instrucción va más allá de compartir saberes. Tiene que ver con un mentoreo que orienta al educando a encontrar su vocación, talento y llamado, sin divorciarse de la dimensión emocional, moral y hasta espiritual. Si este vacío no se ocupa, por la ley de impenetrabilidad de Newton, lo harán los mercenarios digitales.
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2. DESARME EN LAS ESCUELAS: Además de activar los protocolos de seguridad, que garanticen la integridad física de las comunidades educativas, existe otro medio de desarme y es preciso activarlo con urgencia. La carta bíblica de Santiago 4:1 nos muestra una radiografía actual: “¿Qué es lo que causa disputas y las peleas entre ustedes? ¿Acaso no surgen de los malos deseos que combaten en su interior? Desean lo que no tienen, entonces traman y hasta matan para conseguirlo”. Considero que varios alumnos que son protagonistas de estos hechos de violencia viven una guerra interior que se agudiza con estímulos externos, cuyo efecto es la planificación de la muerte. Debemos unirnos para contrarrestar la cultura de la muerte y encender el motor de la esperanza en las nuevas generaciones. Indudablemente, los valores judeocristianos no pueden quedar al margen y debemos brindar a la niñez, adolescencia y aun a sus familias, herramientas que les permitan afrontar las diferentes crisis, resolver conflictos diarios, mejorar la comunicación familiar y, por sobre todas las cosas, aprender a no apagar el amor. Ya lo dijo Louis Pasteur: “No les evitéis a vuestros hijos las dificultades de la vida, enseñadles más bien a superarlas”.
Desarmar las escuelas radica en un desarme interior, para lo cual es necesario dotar a los docentes y padres de un programa de valores, que debe ser acompañado con un modelo de transparencia por parte de ellos mismos, que brinde un espacio de contención. Porque, según John Dewey, “La educación no es preparación para la vida, es la vida misma”.
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