Desmitificando la recesión, la destrucción de empleos y el colapso del consumo

Se escucha de forma recurrente, en ciertos sectores que el consumo está “planchado”, que la economía entró en estanflación y que los puestos de trabajo corren peligro. ¿Qué dicen los datos duros, por encima del ruido político?

El problema real que (ya era una tendencia en la última década) no es la falta de puestos, sino la informalidad para los nuevos (Foto: EFE)

El informe del PBI del cuarto trimestre de 2025 arrojó una cifra que dejó a muchos analistas sin palabras: un crecimiento del consumo del 1,7% respecto al trimestre anterior y 4,1% interanual. ¿Cómo se explica esto si las ventas en supermercados muestran caídas trimestrales?

Es que esta variable abarca todo gasto de las familias, no solo en supermercados. La respuesta está en el cambio de los hábitos de los argentinos.

Los llamados indicadores adelantados o tradicionales del consumo miden principalmente el mercado de bienes, pero omiten el desplazamiento de las familias hacia los servicios y bienes importados de uso final.

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Los gráficos de Adrián Ravier, en base a INDEC, ilustran la evolución del consumo privado trimestral desestacionalizado en Argentina, mostrando una recuperación sostenida tras una caída en 2020.

El desempleo sigue en niveles bajos

Las cifras de empleo también cuentan una historia distinta a la de la crisis terminal.

Con un desempleo promedio del 7,4% en 2025 y un cierre de año en el 7,5%, Argentina se mantiene en niveles de desocupación bajos si se compara con las últimas tres décadas.

Argentina se mantiene en niveles de desocupación bajos si se compara con las últimas tres décadas

El problema real que (ya era una tendencia en la última década) no es la falta de puestos, sino la informalidad. El desafío no es crear empleo estatal ficticio, sino profundizar en las reformas estructurales como la legislación laboral es necesario para que los trabajadores informales pasen a la economía formal.

Profundizar en las reformas estructurales como la legislación laboral es necesario para que los trabajadores informales pasen a la economía formal

¿Estamos en una estanflación?

La respuesta técnica es no. La estanflación combina recesión con alta inflación, pero los datos no reflejan ese escenario. Desde diciembre, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) se ubica en máximos históricos y la tendencia ciclo -indicador clave para identificar fases recesivas o expansivas- acumula 23 meses consecutivos de variaciones positivas. En ese contexto, 2025 cerró con un crecimiento del 4.4 por ciento.

Desde diciembre, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) se ubica en máximos históricos

Respecto a la inflación, su tendencia creciente desde mediados del año pasado se debió principalmente a la incertidumbre electoral, sumado a que en los últimos meses hubo ajustes de precios relativos (precios de la carne y corrección de tarifas). Cuando estos efectos se disipen, la inflación va a tomar el descenso, porque las condiciones están dadas para ello: La cantidad de pesos circulando en términos reales está en mínimos históricos.

Con una base monetaria y un M2 transaccional bajo control, el sendero de desinflación es inevitable una vez que se disipen los efectos de la recomposición de precios.

Con una base monetaria y un M2 transaccional bajo control, el sendero de desinflación es inevitable

Si los indicadores agregados muestran un panorama favorable, ¿por qué algunos sectores perciben estancamiento? La clave está en la heterogeneidad de la recuperación. La economía atraviesa un cambio en su matriz productiva, dejando atrás un esquema basado en protección, tarifas reguladas e inflación alta. En este proceso, algunos sectores se expanden con fuerza, mientras otros enfrentan costos de adaptación.

La energía y el agro lideran el crecimiento, mientras que sectores como la industria y la construcción transitan una etapa más desafiante. El comercio, por su parte -segundo sector con más peso en el PBI- también está en proceso de transformación: tras décadas operando en un entorno inflacionario, debe adaptarse a un esquema donde los márgenes ya no se sostienen vía remarcación de precios.

El camino hacia la normalidad implica precisamente este reordenamiento. La apertura comercial favorece a los sectores más competitivos, como agro, minería y energía. A su vez, la expansión del crédito observada en 2024 y parte de 2025 impulsó al sistema financiero y a actividades vinculadas, como el mercado inmobiliario.

En el otro extremo, un sector más intensivo en trabajo como lo es la industria tiene dificultades para competir con el exterior, pero incluso dentro de este sector conviven realidades muy distintas.

La apertura comercial favorece a los sectores más competitivos, como agro, minería y energía

Sectores como alimentos y bebidas, refinación de petróleo, petroquímica o producción de motos muestran niveles de competitividad elevados. En contraste, rubros como textiles, indumentaria o productos de metal enfrentan mayores dificultades para competir internacionalmente.

Tras más de una década de estancamiento, la economía se encuentra en un proceso de reacomodamiento. La desregulación, la disciplina fiscal y la desaceleración inflacionaria sientan las bases para el crecimiento.

Hacia adelante, la reducción del índice de riesgo país profundizará la expansión del crédito, especialmente para pyme y familias, como ya se observó en 2024 y comienzos de 2025.

Los autores son economista, diputado por La Pampa y presidente de La Libertad Avanza La Pampa; y economista y asesora en la Honorable Cámara de Diputados de la Nación

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