El cierre de Fate elevó el nivel de debate sobre la apertura de la economía. El argumento central plantea que las empresas no pueden competir con los productos chinos que reciben subsidios, pero bajo esa idea subyace el objetivo de reforzar el modelo de sustitución de importaciones.
Desde hace décadas, salvo por breves excepciones, la economía argentina ha operado bajo el modelo de sustitución de importaciones, tanto bajo gobiernos civiles como militares.
Adoptar políticas que priorizan la producción nacional pasó a ser la principal bandera del llamado “desarrollo” argentino.
Historia y argumentos contra la apertura comercial
Se esgrimieron diversos argumentos para cerrar la economía. Al principio, se sostuvo que había que proteger a la industria incipiente. En otras palabras, se justificaba resguardar a las empresas que recién comenzaban a producir, incluso frente a otras que ya tenían experiencia en el mismo rubro.
Se justificaba resguardar a las empresas que recién comenzaban a producir
Esto resulta difícil de sostener: es como afirmar que a cada abogado, médico, contador o ingeniero recién graduado, el Estado debe asegurarle una cuota de mercado por su condición de “productor infante”. Así, el Estado establecería cupos de clientes para cada profesional o empresa, y la capacidad de atraer clientes dependería de disposiciones estatales y no del mérito productivo.
Con el paso de los años surgieron los argumentos del dumping social, señalados para las economías del sudeste asiático. Inicialmente, la referencia fue Hong Kong, que a partir de 1983 implementó un capitalismo puro con caja de conversión. Primero se industrializó y luego desarrolló servicios y finanzas.
Según datos de 1970 del proyecto Angus Maddison, la Argentina tenía un PBI per cápita, en dólares de 2011, de 11.639 y Hong Kong de 9.250. Para 2025, el FMI estimó USD 14.359 y USD 56.844, respectivamente.
Este cambio en la relación del PBI per cápita no se debió al dumping social, que para sostenerse tendría que haber sido una política permanente. La diferencia radica en la eficiente asignación de recursos por parte de Hong Kong. Casos similares se verifican en Taiwan (USD 37.827) y Corea del Sur (35.962 dólares).
En la economía argentina siempre existió alguna razón para establecer barreras y otorgar un mercado cautivo a los productores locales, lo que dejaba a los consumidores con escasas opciones de precios y calidad.
La diferencia radica en la eficiente asignación de recursos
Se recuerda el ejemplo del Ford Falcon. En Estados Unidos se fabricó entre 1960 y 1970, mientras que en Argentina su producción comenzó en 1962 y recién se discontinuó en 1991. Resulta pertinente imaginar al presidente de Ford en Estados Unidos observando el mapa de sus filiales en 1990 y preguntándose: “¿Quiénes eran los giles a los que se les seguía vendiendo el Ford Falcon?”.
Debate sobre la apertura económica
El proteccionismo no solo mantiene cautivo al consumidor al restringir la competencia, sino que además demanda bajos niveles de inversión porque, en un mercado interno reducido como el argentino, no es necesario producir grandes cantidades.
Además, si el consumidor no puede elegir entre nacional o importado, no existe incentivo para mejorar precios ni calidad.
Esta combinación de factores generada por el proteccionismo desestimula la inversión, lo que explica la baja tasa de crecimiento de la economía argentina, la limitada generación de empleo y la escasa competitividad internacional: se produce tan poco para un mercado cautivo que los costos fijos por unidad son elevados.
Secuencia recomendada para abrir la economía
La apertura económica permite asignar los recursos productivos de manera eficiente y atraer más inversiones, ya que exige mayores volúmenes de producción para reducir los costos fijos por unidad. Estas inversiones generan nuevos empleos, alza la productividad, disminuyen la desocupación y aumentan los salarios reales.
Abrir una economía hiper regulada requiere pasos previos que garanticen la viabilidad del proceso, evitando que la apertura sea vista como perjudicial por provocar cierres de empresas y desempleo.
El primer paso es liberar el mercado de cambios, de modo que se estabilice según la productividad vigente. Si la apertura económica se realiza con un tipo de cambio artificialmente bajo y sin reformas estructurales, muchas empresas quedan fuera del mercado pese a que podrían competir con éxito en mejores condiciones.
Se produce tan poco para un mercado cautivo que los costos fijos por unidad son elevados
Abrir la economía solo para intentar mostrar un IPC menor, en vez de buscar la eficiente asignación de recursos productivos, provoca cierres masivos de empresas y aumento de la desocupación, instalando la percepción negativa sobre el concepto de apertura. Esto ya sucedió en los 70, los 90 y con el gobierno de Cambiemos, cuando el atraso cambiario elevó las importaciones y la apertura pasó a ser vista como enemiga de la producción.
Si la apertura se hace con un dólar atrasado, tasas de interés altas y sin reformas estructurales, la historia volverá al Ford Falcon por otra década más.