Rosh Hashaná, la festividad que marca el inicio del año nuevo en el calendario hebreo, es la conmemoración de la creación del ser humano; es un momento de profunda reflexión y conexión con la esencia de la vida misma, con un sentido universal.
En este día, recordamos el acto sublime en el que Dios insufló en el ser humano el aliento de vida, un momento que no solo dio inicio a la existencia humana, sino que también otorgó la capacidad única de comprender y valorar lo que significa verdaderamente vivir. No se trata simplemente de estar vivos, sino de alcanzar una comprensión más profunda y elevada de la vida, con un mayor grado de conciencia ética. Alcanzar esa comprensión no es una tarea fácil, pero es posible para cada uno según su capacidad y circunstancia acercarse a una percepción de la vida que lo conecte de verdad con los valores del bien: el respeto, el amor y la paz.
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Rosh Hashaná es el día del juicio, un concepto que podría parecer intimidante, pero que en realidad es una oportunidad de renovación. Nos encontramos ante Dios más que para pedir vida, para solicitar la capacidad de entenderla y vivirla con un propósito trascendente. Nos acercamos al creador con humildad, buscando la claridad y la sabiduría necesarias para reorientar nuestras vidas hacia lo que es realmente importante. Rosh Hashaná nos invita a elevarnos espiritualmente, a reflexionar sobre nuestras acciones y a redescubrir la verdad que subyace en nuestra existencia.

Rosh Hashaná también es inseparable del concepto de teshubá, que significa “vuelta” o “retorno”. Este retorno no es solo un arrepentimiento superficial, sino una búsqueda profunda de la verdad, una introspección sincera que nos lleva a redescubrir nuestro camino hacia Dios. En este sentido, teshubá es un proceso de retorno: volver a nuestro ser más auténtico y puro, donde podemos reconciliarnos con un propósito trascendente.
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Este proceso de volver, replantearse y redescubrir es un valor universal que trasciende las fronteras de la religión y la cultura. En Rosh Hashaná, se nos da la oportunidad de reflexionar sobre nuestras vidas, de evaluar nuestro camino y de volver a lo esencial, a la verdadera razón de nuestra existencia. Es un momento para todos, judíos y no judíos por igual, para considerar el significado de la vida y el propósito que nos guía.
Mi deseo para toda la humanidad es que este Rosh Hashaná sea un tiempo de reflexión profunda, de renovación espiritual y de una comprensión más elevada del propósito de nuestras vidas de manera que conlleve a todos a la redención de nuestros vicios y nos permita alcanzar la paz y la vida plena.
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* El autor es el gran rabino de la Comunidad Sefardí de Buenos Aires, es fundador y presidente de Menora, Organización Mundial para la Juventud, y miembro de la Superior Academia Rabínica de Jerusalén Iehavé Dast.
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