
Argentina hace años que viene perdiendo una oportunidad única de incrementar sus exportaciones. Los resultados de las políticas de un país cerrado al mundo son contundentes: tenemos el mismo volumen de exportaciones y un 30% menos de empresas exportadoras que hace 15 años. Entonces, ¿Cómo logramos potenciar nuestras exportaciones? Necesitamos un cambio profundo. Si bien las reformas son múltiples hay cuatro pilares que son prioritarios e innegociables.
El primer pilar es un Estado que respete las reglas y la propiedad privada. Las intervenciones que se han observado en los últimos años le han generado un gran perjuicio a las empresas exportadoras. Es el caso del cierre del mercado de carne que generó el incumplimiento con clientes extranjeros y la incertidumbre en un sector que tiene mucho potencial para crecer. Al mismo tiempo, las restricciones en el acceso a las importaciones mediante el sistema SIRA generan problemas en la cadena de producción. Hoy en día, hay PyMES argentinas que no pueden acceder a los insumos, por ende han parado su producción y no pueden cumplir con sus compromisos comerciales. Esto genera daños profundos. Un contrato que no se cumple puede llevar a la pérdida de un cliente que con mucho esfuerzo se consiguió.
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El segundo pilar es un Estado que avance de forma contundente en la apertura de nuevos mercados y para aquellos que están abiertos, una estrategia de desarrollo y permanencia. En la actualidad, todos los países tienen barreras arancelarias y paraarancelarias (sanitarias, calidad, ambientales, entre otras). Esto le da un rol muy relevante a los gobiernos para lograr acuerdos y aperturas que permitan ingresar a nuevos destinos en condiciones competitivas. Sin embargo, la realidad es muy diferente a lo que se debería hacer. Prueba de ello es que el Mercosur firmó por última vez un acuerdo de preferencias arancelarias hace más de 10 años con Egipto. Tenemos que avanzar a la brevedad con la firma del Acuerdo Mercosur – Unión Europea antes de dejar pasar una oportunidad única.
El tercer pilar es lograr una gestión del comercio digital y no discrecional. Los emprendedores y empresarios destinan gran parte de su día en el cumplimiento de trámites. Necesitamos reducir la cantidad de intervenciones y digitalizarlas en su totalidad, eso no solo agiliza sino también genera “transparencia”. A su vez, necesitamos terminar con el uso excesivo de licencias no automáticas (LNA) que le dan un poder excesivo a un gobierno de determinar quién puede comerciar y quién no.
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El último pilar se fundamenta en desarrollar las capacidades exportadoras de nuestras empresas y pymes. Exportar es un proceso complejo. Implica cumplir altos estándares de calidad y adaptación de productos. Tener un programa que acompañe a las empresas y les permita aprender, certificar procesos y conseguir clientes es fundamental.
Argentina tiene sectores que podrían generan un fuerte crecimiento de las exportaciones: los alimentos procesados, el litio, el gas, el cobre, el sector automotriz, hidrogeno verde, entre otros.
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Las oportunidades son claras. Un ejemplo es la minería. La demanda de metales como el cobre y litio tienen un rol fundamental en la transición energética ya que son necesarios para la fabricación de baterías y paneles. Ante ello Argentina tiene una gran oportunidad: se estima que las exportaciones de la minería argentina se podrían duplicar en 5 años superando los USD13.000 millones.
Otro ejemplo es la agroindustria. Si logramos aumentar el valor agregado de nuestros alimentos exportados podríamos duplicar nuestras exportaciones. Exportar alimentos con valor contribuye a fortalecer la economía y generar empleo de forma federal. Para ello, debemos reducir los costos logísticos, fomentar la incorporación de tecnología, facilitar el acceso al crédito e impulsar prácticas que aseguren la sustentabilidad. Ya no podemos hablar de exportaciones agroalimentarias si las mismas no están sostenidas por una agenda de sostenibilidad que nos permiten conservar los recursos naturales a largo plazo, como el suelo y el agua.
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Si bien el sector privado entiende que para ser competitivo requiere de incentivos a las inversiones, hoy su principal preocupación radica en reglas claras que generen certidumbre y transparencia. El escenario global que hoy atravesamos es desafiante, frente a situaciones que para algunos representa una fuerte crisis para otros puede ser una oportunidad. Argentina tiene el imperante desafío de jugar un rol relevante si su estrategia de comercio exterior es efectiva, desideologizada y sostenible en el tiempo.
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