
Durante la última dictadura militar, la Corte Suprema de Justicia emitió una sentencia que provocó una gran crisis dentro del Ejército, que era su sostén. Ocurrió en 1979. El dictador era Jorge Rafael Videla, quien ya no era el jefe de esa fuerza armada. En su lugar estaba el general Roberto Viola.
En el Ejército había muchos generales duros a los cuales se los llamaba “halcones”. En cambio, Videla y Viola eran considerados en ese momento como los más moderados, una especie de “palomas”.
Ese año hubo una grieta fuerte entre ambos bandos porque el Máximo Tribunal dispuso la inmediata liberación del periodista Jacobo Timerman, que era el fundador y director de La Opinión.
Timerman había sido encarcelado por la dictadura porque -según los militares- colaboraba con el banquero David Graiver; quien también era banquero de los montoneros. Los militares estaban convencidos de que parte del dinero que Graiver había puesto en La Opinión provenía de secuestros. Y como nunca lo pudieron probar, pusieron a Timerman a disposición del Poder Ejecutivo Nacional.
En este contexto, la Corte falló a favor de su liberación y darle derecho a asilo político y los hombres más duros del Ejército y de la dictadura se opusieron.

En una de las entrevistas que le hice a Videla para mi libro “Disposición final”, me dijo que él lo llamó a Viola y le planteó el problema. “Hablá con los generales y discutan todo lo que necesiten pero hay que dejarlo en libertad”, fue la orden que le dio. “No puedo soportar que esta Corte renuncie porque sino yo también me voy con la Corte”, aseveró.
Viola habló con los generales, quienes se mostraron reacios a acatar esa medida, y se llegó a un solución: la libertad de Timerman con inmediata expulsión del país. Lo expulsaron a Israel porque Timerman eligió ese lugar. Eso ocurrió el 25 de septiembre de 1979.
Años después, en 1985, el periodista fue un testigo clave del juicio a los comandantes donde denunció torturas y otras vejaciones por parte de los militares.
Timerman tenía mucho apoyo de Estados Unidos y para Videla tener buenos vínculos con ese país era muy importante porque la dictadura ya enfrentaba muchas denuncias por violaciones a los derechos humanos.
Es decir, hasta en la dictadura, los fallos de la Corte Suprema que no gustaban fueron acatados. Ni Videla se animó a tanto como el presidente Alberto Fernández.
Incluso, Videla veía que en Chile el dictador Augusto Pinochet estaba completamente aislado. Era considerado un paria y no quería convertirse en eso. Timerman era un periodista muy prestigioso con muchos amigos en Estados Unidos que pedían por su liberación.
Frente a este contexto, aceptan liberarlo pero se niegan a darle asilo y lo expulsan. Hasta los dictadores respetaron un fallo del Máximo Tribunal.
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