
Ya sabemos lo importante que es diferenciar entre ahorrar e invertir; en especial, en contextos como el actual, en donde dejar los pesos “sin trabajar” en una posición, de seguro “sale caro”.
También sabemos (o deberíamos) que no hay que tenerle miedo a la palabra “inversión”, sino respeto. Incluso todos -sin importar el monto- deberíamos tener una cuenta de inversiones, que tendrá un uso muy diferente a la cuenta bancaria tradicional que, sin dudas, ya tenemos (y usamos).
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Ahora bien, si entiendo lo importante de contar con un presupuesto, un excedente e invertirlo para cumplir mi objetivo, ¿cuáles son los primeros pasos que tengo que dar?
Uno de ellos, no hay dudas, será conocer mi perfil de inversor. ¿Para qué? Para entender cuál es mi posición frente al riesgo, y no quedarme con una inversión que me haga “sufrir” o no sentirme cómodo. Otro, será definir mi meta a cumplir (unas vacaciones, cambiar el auto, mudarme, o hasta pensar en mi jubilación), y después, optar entre uno o más activos para conseguirlo. Pero acá es donde, quienes recién comienzan, pueden encontrar sus mayores dudas. No hay igual que amedrentarse…
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Los FCI (Fondos Comunes de Inversión), de hecho, pueden ser de esas primeras inversiones que nos permiten “romper el hielo”. Básicamente, porque son tres las características que le permiten ser el camino para el que recién comienza:
1.- Su monto de inversión bajo;
2.- Invierte en una canasta de activos financieros (y no en uno sólo), con lo permite diversificación;
3.- La estrategia del fondo está “gestionada” por profesionales.

Pero elegido el vehículo (los FCI), ¿qué es lo que tengo que analizar antes de tomar una decisión? La estrategia detrás de cada fondo. Es importante entender que cada una de ellas tiene un riesgo asociado diferente, y en consecuencia, es recomendado para un perfil de inversor específico. ¿Qué determina esta estrategia? La composición del fondo, o en otras palabras, las inversiones que ese gran “paraguas” incluye en su patrimonio es decir, el valor de todos esos activos).
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Hay algunos fondos que buscan perseguir la inflación (y por ende, que los pesos no pierdan poder de compra), otros de cobertura de la devaluación, también están aquellos que intentan ganarle al plazo fijo, y hasta los que buscan una tasa de interés (mayor a lo que de una cuenta en un banco) para los pesos de muy corto plazo. Importante como dato, es que además, estos últimos permiten rescatar los pesos en el día. Pero estás no son las únicas opciones… el universo es amplio, sólo hay que conocerlo.
Costos y comisiones
Ahora, sé que muchos se preguntan los costos, o en este caso comisiones. Lógico, que las hay. A diferencia de una de una acción y/o bono, en donde se cobra una comisión por compra/venta, en los FCI la comisión está implícita en el valor de la cuotaparte y determinada por el fee de administración de la Sociedad Gerentes. Es importante entender que este fee será diferencial según el objetivo del fondo (y también la moneda, como la clase de cuotaparte). Esta cuotaparte, dicho brevemente y de forma simple, representa “un pedacito” de ese FCI que va a tener un inversor.
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Mientras que el rendimiento del fondo elegido, claramente, dependerá de la estrategia o el objetivo. De hecho, si bien la historia de rendimientos de un fondo siguiendo una estrategia, puede ser una primera aproximación a conocer que tan “exitoso o eficiente” fue en cumplir su objetivo, esto no implica que a futuro lo sea también.
Muchas son las variables que pueden afectar su comportamiento; entre ellas, obviamente la coyuntura. Además, un dato a tener en cuenta es que por más que muchos fondos puedan seguir un mismo objetivo (por ejemplo, ganarle a la inflación), no todos lo hacen de la misma forma. Lo que determinará en gran parte la volatilidad posible de su rendimiento.
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Pero una vez más, no hay que asustarse. Conocer las opciones es el primer paso, y de ser necesario, buscar asesoramiento confiable. Siempre recordando que la diferencia entre cumplir un objetivo o no, puede ser justamente la de invertir o no.
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