Volver al futuro

Viajar en el tiempo para recomponer los vínculos nos libera de viejos errores, antiguas deudas y rencores rancios

Dentro del Calendario Hebreo estamos a punto de comenzar los llamados “10 días de Teshuvá”, el lapso de tiempo que va desde Rosh Hashaná (el comienzo del año) hasta el Iom Kipur (el Día del Perdón). La palabra “Teshuvá” es un concepto de enorme profundidad espiritual, que significa “Retorno”. En estos 10 días estamos llamados a retornar. Nos intiman a volver. Pero la propuesta nos empuja a la pregunta obligada: ¿volver a dónde?

Al analizar las celebraciones con las que comienzan y terminan estos 10 días de Teshuvá surge una contradicción. Rosh Hashaná habla del año que está naciendo. El día habla sólo de futuro y le canta una canción de alegría al mañana. Lo pasado pisado y el año nuevo, que traiga vida nueva. Con este comienzo que anuncia la renovación del tiempo, resulta difícil entender que el cierre de los 10 días de Retorno sea el Día del Perdón. Un día en el que nos enfrentamos al pasado, a la revisión de los errores y a las transgresiones a reparar. ¿Por qué comenzar con el futuro y terminar en el pasado? ¿No debiera ser justamente al revés? ¿No debiéramos primero revisar el ayer, para arrancar con un mañana lleno de esperanza?

Primero el futuro y después el pasado. Así nos enseñan desde los siglos a medir el tiempo. Priorizar el futuro, asegurar el mañana, construir lo que viene y decidir en el hoy en función a los amaneceres que soñamos. Recién entonces, mirar atrás. Desde esa nueva perspectiva aprender a releer el ayer, darle un nuevo carácter y entregarle el valor y la entidad que merezca.

Pero tenemos otra forma también de leer el tiempo. Y es comprendiendo que el Rosh Hashaná que comienza mañana no pertenece ni tiene que ver con el Iom Kipur que viviremos 10 días después.

A punto de culminar este ciclo del año, resulta curioso que en varios relatos centrales de la Biblia encontremos que lo completo de un ciclo de tiempo, en realidad es de un año y diez días. Ese es, por ejemplo, el tiempo que estuvo Noé en el Arca preparándose para la volver a crear el mundo (ver Génesis 7:11 y 8:14). Así también, un año y 10 días es el tiempo que transcurrió desde que los israelitas comienzan a partir de Egipto hacia la libertad, hasta que el Arca de la Alianza fue finalmente inaugurada con las Tablas de la Ley (ver Éxodo 12:3 y Números 10:11).

De esta manera, podemos leer que el Rosh Hashaná que comienza mañana y el Iom Kipur que le seguirá 10 días después, no pertenecen al mismo ciclo. Mañana comenzará un Rosh Hashaná que abrirá un ciclo de tiempo que culminará en el Iom Kipur del año que viene, dentro de exactamente 1 año y 10 días. Y el Iom Kipur que celebraremos en pocos días, el de este año, en realidad pertenece al Rosh Hashaná del año pasado.

De esa forma, los 10 días de Teshuva que median entre estos próximos Rosh Hashaná y Iom Kipur, ¿a qué ciclo pertenecen? ¿al pasado o al próximo? Estos 10 días que comparten ambos ciclos, no pertenecen a ningún año. Son un tiempo fuera del tiempo. Es por eso que son días donde podemos viajar en el tiempo. Días para retornar, para volver. Volver en el tiempo.

Lo que haya pasado en el pasado, sucedió. No lo podemos modificar. A veces herimos almas con intención, a conciencia de que podemos hacer daño. Otras veces lastimamos sin siquiera habernos enterado de lo que hicimos. Por una ausencia inesperada, un llamado que no hicimos, una palabra desubicada o un silencio que desilusiona. Los 10 días de Teshuvá, al ser un tiempo fuera del tiempo, se transforman en el transporte necesario para regresar a ese momento del pasado. Ese instante donde nuestra voluntad nos hizo ver como la persona que no deseamos ser. El hecho sucedió. Pero regresando a ese tiempo y enfrentando el dolor que hayamos causado, podemos cambiar nosotros sanando a otros.

Amigos queridos. Amigos todos.

La Teshuvá, el retorno, nos entrega libertad. Esa libertad que nos hace caminar más livianos. Viajar en el tiempo para recomponer los vínculos nos libera de viejos errores, antiguas deudas y rencores rancios. Estos días sin tiempo nos entregan un ticket. Un viaje de regreso a ese lugar donde volver a empezar a andar el tiempo. Porque viajar al pasado para reparar abre caminos al futuro para construir. En tiempos donde sentimos que el tiempo nunca alcanza, agregamos días al tiempo. Para ser libres de lo que nos ate al ayer, y así saborear el año que nacerá mañana.

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