Acciones urgentes para iniciar la recuperación educativa

Con la pandemia, la parálisis económica y el prolongado cierre de las escuelas, el deterioro de las condiciones de vida de los hogares, la pérdida de estudiantes y de aprendizajes requieren ahora de mucha claridad y convergencia de las decisiones

Las escuelas abiertas son un espacio privilegiado de cuidado y pueden contribuir en mucho en la detección de derechos vulnerados (EFE/Juan Ignacio Roncoroni)
Las escuelas abiertas son un espacio privilegiado de cuidado y pueden contribuir en mucho en la detección de derechos vulnerados (EFE/Juan Ignacio Roncoroni)

Ya sobre las vacaciones de invierno, con perspectivas de creciente retorno a las clases presenciales en la segunda mitad del año, cabe preguntarse cómo se enfrentarán las múltiples urgencias educativas. Con la pandemia, la parálisis económica y el prolongado cierre de las escuelas, el deterioro de las condiciones de vida de los hogares, la pérdida de estudiantes y de aprendizajes requieren ahora mucha claridad y convergencia de acciones.

Sabemos que 6 de cada 10 chicos y chicas son pobres y están mayoritariamente viviendo en condiciones de hacinamiento, malnutrición, a veces expuestos al trabajo, a la violencia o incluso al narcotráfico. Están sufriendo y reclaman nuestra atención más que nadie. Urge conocer su estado de salud física y emocional: cómo se están alimentando, si están trabajando, si sufren abusos y prever las articulaciones necesarias con salud y desarrollo social. Las escuelas abiertas son un espacio privilegiado de cuidado y pueden contribuir en mucho en la detección de derechos vulnerados.

También es imperativo recuperar a los que abandonaron la escuela, aproximadamente 1,5 millones de jóvenes, aunque la información disponible a nivel nacional es incierta y hay razones para sospechar que son más. El programa Acompañar está buscando a los chicos y chicas que se fueron, mientras que el programa Egresar los habilita a inscribirse para rendir las materias adeudadas y a solicitar una beca.

¿Pero cómo hacer para retenerlos luego? La formación profesional puede ofrecer oportunidades atractivas, necesarias y potentes para la juventud y la economía. Hay que formar perfiles con vacancia actual y futura tanto en el sector productivo como en los servicios sociales, culturales, turísticos, etc. Junto con lengua, matemática, ciencias naturales y sociales, la formación en y para el trabajo es un pilar clave para convocar a los y las jóvenes y abrir nuevas puertas para la terminar la secundaria.

Para recuperar los aprendizajes de todos los estudiantes hay que centrarse en lo principal. La pandemia exigió definir prioridades curriculares traducidas en materiales para docentes y estudiantes, pero fueron poco utilizados. Los docentes elaboraron sus clases, no siempre centradas en las prioridades.

Precisar los contenidos y capacidades esenciales es clave en el corto y largo plazo, tanto para garantizar los aprendizajes no adquiridos entre 2020 y 2021, como para que docentes, estudiantes y familias tengan referencias claras de lo que debe ser aprendido. Existe ya un consenso internacional respecto de la importancia de aprender menos en cantidad y más en profundidad. Hasta el momento la mayoría de los diseños curriculares provinciales son sumamente extensos e imposibles de cumplir.

Acompañar a los directores y docentes es también imperativo. Los supervisores, personal técnico de los ministerios de educación, institutos de formación docente, e incluso los municipios, podrían coordinarse mejor para brindar apoyo a las escuelas. Los materiales curriculares son potentes cuando van de la mano del trabajo entre colegas en las escuelas y de formación continua que parta de los desafíos concretos de la práctica docente cotidiana. Es crítico prever instancias variadas de apoyo para los estudiantes con mayores dificultades en los aprendizajes fundamentales.

En esta línea, contar con protocolos pedagógicos con sugerencias para orientar las prácticas institucionales en dimensiones diversas como la coordinación de los docentes, la organización de los grupos de estudiantes, las actividades para modalidad remota y presencial o la comunicación con los padres sería fundamental. Hasta el momento los protocolos se centraron más en la dimensión organizativa que pedagógica.

Por último, es clave producir más y mejor información sobre la situación del sistema educativo. En este sentido, en buena hora esta semana se revirtió la decisión inicial del Ministerio de Educación de la Nación de no realizar la evaluación Aprender este año, que arrojará información sobre la situación de los aprendizajes el nivel primario.

Junto con las evaluaciones de calidad a mediano plazo sería crítico implementar un sistema de gestión escolar, con el que ya cuentan algunas provincias como Santa Fe, Mendoza o Córdoba, para aliviar la carga administrativa de las escuelas y producir a la vez información de cada institución, docente y estudiante. En medio de la crisis educativa que atraviesa el país no es posible seguir definiendo las políticas a ciegas.

Algunas de estas líneas están en curso. Pero dada la preocupante situación de la educación habrá que maximizar los esfuerzos de todos. No olvidemos nunca que “la educación encierra un tesoro”, porque es “un clamor de amor por la infancia y la juventud, a quienes tenemos que integrar en nuestras sociedades en el lugar que les corresponde. El niño es el futuro del hombre, hay que recordarlo para que las decisiones políticas y económicas lo tengan más en cuenta” (Informe Delors de 1996). Hay que actuar hoy para imaginar un futuro.

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