La conciencia nacional y una absurda visión del pasado

El kirchnerismo amontona codicias con fracasos revolucionarios y pretende ser progresista y de izquierda. Carlos Zannini desnudó como nadie su triste identidad

Carlos Zannini (Gustavo Gavotti)

Son muchos los intereses que deforman el pasado para volver incomprensible el presente. Es Hernández Arregui quien titula su libro La formación de la conciencia nacional. Tiempos distantes, donde surgía una nacionalización del pensamiento universitario y religioso.

Ambos procesos se acompañan, nacen las “cátedras nacionales” que proponen un acercamiento de marxistas y católicos, las dos versiones europeas vigentes en nuestro estudiantado de entonces y resurge la mirada popular, la revalorización o hasta el mismo descubrimiento del peronismo.

La universidad históricamente fue reacia a asumir o, mejor dicho, a generar una mirada propia más allá de las recibidas de Europa. Estudié Ciencia Política sin que ni siquiera un seminario analizara el fenómeno político popular. Fue en esa época cuando el continente impone la fuerza de sus propios rasgos, desde el boom de la literatura latinoamericana al resurgimiento de los movimientos nacionales. Y los intelectuales, los universitarios, descubrimos el peronismo obligados por nuestro acercamiento al pueblo, una evolución a partir de creernos vanguardia iluminada hacia asumir la conciencia colectiva.

Read more!

Los curas del tercer mundo implicaban un compromiso de la Iglesia muy alejado de los conflictos pasados. La aparición de Raimundo Ongaro nos permitió a muchos católicos asumir un nuevo compromiso. Ongaro fue una vía importante en ese proceso. Onganía había avanzado y destruido la universidad en aquella “noche de los bastones largos”, fue en ese momento cuando surge la violencia. Esa dictadura posterga sin tiempo lo electoral y una juventud acudirá masivamente a las armas, a la seductora lucha armada.

Cuba y el marxismo parecían imparables en su desarrollo, el cristianismo con la “teología de la liberación” va a desplegar una energía paralela. La vitalidad de aquel grupo llamado “F.O.R.J.A.” se renueva en el descubrimiento universitario de lo popular. En rigor fue escaso el aporte intelectual al pueblo, al verdadero movimiento nacional. Con menos elucubraciones, el peronismo pudo construir en diez años una sociedad en desarrollo e integrar corrientes inmigrantes del interior y del mundo entero. Y en sus diez y ocho años de proscripción a manos de los eternos amantes de “las instituciones” la violencia se convirtió en el suplente de la política.

Perón retorna e intenta incorporar la guerrilla a la democracia, aquellos militantes imaginaban al voto como un estadio inferior de la conciencia y perduraron en la guerra. Los del ERP junto a otros grupos marxistas optaron por el heroísmo que implicó el suicidio. Los montoneros fueron derrotados y entregaron miles de militantes sobreviviendo su conducción en una situación tan inexplicable que jamás pudieron retornar al ruedo político. Fueron los deudos, Madres y Abuelas quienes reivindican aquella violencia desde una original concepción de los “derechos humanos” a partir de la cual basados en la pretendida “teoría de los dos demonios”, ya que la dictadura constituyó el mal en estado puro, ellos tenían derecho a reivindicar sus muertes y a imponernos que sus caídos eran los únicos dignos de reivindicación. Esa absurda visión del pasado sigue vigente y deforma el presente. Las despreciables declaraciones del procurador Zannini desnudan la aversión por la democracia de estos oscuros personajes que nada tienen que ver con nuestra historia, que están tan alejados como cualquier “gorila” que desprecia a las mayorías.

Más allá de la distancia que genera nuestra incomprensión de los procesos universales, el presidente recibió del Santo Padre el apoyo para las urgencias nacionales y la frialdad personal que merece quien nunca fue respetuoso con las creencias y convicciones ajenas. Fue Andrés Malamud quien debió -lo mismo que Elisabetta Piqué- marcar el peso y el respeto que el Santo Padre representa en el mundo. El presidente Biden tanto como quien conduce el Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, coinciden en la fe como también en una concepción humanista. A veces nuestra frivolidad pueblerina olvida las sutilezas que rigen la humanidad. Nada explica más nuestra decadencia que esa incomprensión. La dictadura se imaginaba ser “vanguardia de occidente”, el kirchnerismo amontona codicias con fracasos revolucionarios y pretende ser progresista y de izquierda. Zannini desnudó como nadie su triste identidad.

Busqué entre mis libros La rebelión en tierra santa de Menahem Beguin, relato importante en nuestra juventud, cuando apoyábamos y admirábamos esa lucha del pueblo judío en esos tiempos terroristas por instalar su propio Estado. Ese mismo autor había forjado un acuerdo en Camp David en 1978 que prometían un futuro pacífico. Hoy me duele que ese sufrido pueblo israelí no pueda expresar grandeza en su convivencia con los palestinos. Gilo Pontecorvo en La batalla de Argelia desnuda la soberbia de los poderosos, cuando detienen al jefe el FLN y periodistas franceses lo increpan por su ejercicio del terror, y este responde, “si me prestan sus aviones hago como ustedes y arrojo las bombas desde arriba”. Este griterío, opiniones respecto del conflicto que comenzó, estos alaridos acusando a los palestinos de “terroristas” esconden, niegan, la eterna lucha del débil frente al fuerte. Y hoy los débiles y la mayor cantidad de caídos está entre los palestinos. En el presente, condenar la política de Israel no es “anti semita”, es simplemente estar al lado del más débil, como supimos estar tantas veces al lado del pueblo hebreo.

SEGUIR LEYENDO:

Read more!