
El derrumbe es a escala mundial. Nadie se salva, con excepción de aquellos grupos vinculados con los tráficos ilegales, los conocidos y los más sórdidos. El comercio internacional de la droga se ha potenciado.
En la Argentina la caída económica, siguiendo las estimaciones, podría superar el 12 por ciento (cada día, cada mes de paralización se estira más), con un millón y medio de desocupados. Habría que retrotraer el país a 40 o 50 años para encontrarnos con porcentajes similares. El Fondo Monetario sólo habla de un bajón del 9,9% del PBI pero rectifica sus cifras casi todos los meses. Como siempre, tiende a subestimar los problemas.
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Pero el asunto no es la identificación de las cifras sino que entonces, hace 40 o 50 años había 15 o más millones de habitantes menos. Dramática la cifra para un país más reducido, más jibarizado.
Paralelamente se presenta el drama social, con un cálculo del 50 por ciento de pobreza, más o menos la misma cifra que en el colapso argentino del 2001/2002. Las imágenes de entonces fueron muy preocupantes, con el asalto a los grandes almacenes y el saqueo como movida colectiva.
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No en vano hay dirigentes que fruncen el ceño y tienen mucho miedo que se repitan, en el corto plazo, las mismas escenas de desesperación para encontrar comida o cualquier objeto que satisfaga al que vulnera los principios elementales de seguridad en una sociedad. Cuando hay hambre y no hay trabajo, no hay límites para las reacciones violentas.

De aquellos años se pudo salir con paciencia porque las condiciones fueron favorables a las colocaciones externas argentinas. Hoy, el mundo no tiene brújula ni puede pensar en el futuro.
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No sólo la peste motorizó estas cifras de agotamiento y herida del PBI. La fragilidad económica se arrastra tras dos años y medio de recesión más inflación, con caída del salario real (más del 20 por ciento). Quizás, es muy probable, la crisis que estamos viviendo en la Argentina represente la más profunda de la historia nacional. El declive viene creciendo desde hace 20 años, como consecuencia del colapso de la Convertibilidad.
Paralelamente corre el drama del déficit fiscal, que no se sabe cómo se lo financiará, tarifas de servicios esenciales para la población que se atrasan y más taponamientos en las recomposiciones salariales. La emisión es constante. La Casa de la Moneda trabaja a full. En el ámbito financiero se piden billetes de más alto valor para evitar la acumulación en las transacciones de los bancos.
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La deuda externa es una carga explosiva. Aunque se solucione definitivamente o más que parcialmente la que corresponde a los bonistas, quedará pendiente una negociación con el FMI porque no hay otra salida para enfrentar la deuda pendiente por la ayuda que recibió el gobierno de Mauricio Macri.
Si Alberto Fernández acepta esta movida tendrá cuestionamientos en su frente político interno. Y si llega a algún acuerdo con el organismo financiero internacional, todo se traducirá en la continuación del ajuste por distintas vías. Estos pasos suman incertidumbre y asfixia. Argentina ha quedado otra vez marginada por sus incumplimientos en los pagos, que siguen pendientes, los presentes y los futuros.
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Políticamente, las actuales circunstancias alimentan las autocracias y el incumplimiento de las leyes superiores por parte de varios gobiernos. Los decretos de necesidad y urgencia en la Argentina han motivado críticas severas de juristas de alto nivel y el Gobierno no les ha contestado, parapetado en los requerimientos de los “peligros” colectivos.
En el plano internacional la crisis es la más importante desde el fin de la Segunda Guerra Mundial cuando toda Europa pasaba hambre, con ciudades aniquiladas por los bombardeos, cementerios repletos, desesperación, mercados negros y falta de destino. Europa tiende a encontrar una línea de flotación que ofrecen los caudales del Mercado Común, pero no va a alcanzar para todos sus integrantes.
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En Rusia, Vladimir Putin preparó las alfombras rojas para continuar hasta el 2036. Refuerza su poderío militar, impone sus criterios a Europa Occidental como proveedor del gas al Viejo Continente y hasta se ofrece como mediador en el conflicto territorial entre India y China. Estados Unidos es un país en crisis que ha perdido su poderío en el mundo a partir de políticas erráticas, proteccionistas y rupturistas.
Algunos pensadores e historiadores están escribiendo sobre un futuro en el que ven a China, y su sistema donde se impone como una dictadura el Partido Comunista, como el gran país dominante. Es fuerte en su economía y en sus pequeñas y grandes empresas que proveían a todo Occidente. Además asoma con un papel geopolítico que parece dominante para los tiempos que vienen.
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