¿El Gobierno sabe cómo reabrir la economía?

El últimos viernes miles de jubilados y beneficiarios de las AUH se agolparon en las puertas de los bancos (Aglaplata)
El últimos viernes miles de jubilados y beneficiarios de las AUH se agolparon en las puertas de los bancos (Aglaplata)

Reabrir la economía de manera responsable será una tarea mucho más difícil que haberla cerrado, porque impone desafíos que probablemente no estamos preparados a enfrentar en nuestro país. Hacerlo correctamente requiere de consensos, planificación y buen accionamiento, y de herramientas modernas de información, seguimiento y control de los contagios y de los sanos o curados del coronavirus, incluyendo testeos masivos y el uso de big data.

También exige del gobierno argentino liderazgo y visión, y del Estado capacidad de implementación. Todo esto hay que ponerlo en marcha dentro de los próximos siete días, luego de lo cual se retomará de a poco la actividad económica, según el reciente anuncio del Presidente Alberto Fernández. ¿El Gobierno está haciendo lo necesario para llegar bien a esa fecha? Esta es una cuestión crucial: si fracasamos, probablemente habrá que dar marcha atrás con la reapertura paulatina para evitar un salto descontrolado de la curva de contagios y el consiguiente derrumbe del sistema sanitario destinado a atenderla.

Por ahora, ya tuvimos un ensayo de reapertura parcial de la cuarentena el viernes pasado, cuando millones de personas se expusieron masivamente al contagio del coronavirus al volcarse a las calles para poder cobrar jubilaciones y la ayuda estatal, es decir, la población de mayor riesgo y más indefensa ante la pandemia. Vimos por TV ancianos acompañados por familiares y asistentes más jóvenes, y madres pobres que fueron con sus hijos menores al no poder dejarlos en casa.

Este episodio mostró la ausencia de un plan para la vuelta paulatina a la normalidad. El operativo del viernes fue encauzado parcialmente solo después de que el daño ya estaba hecho. Resulta llamativo que el Banco Central y el ANSES no hayan previsto semejante descontrol conociendo de antemano el tamaño de la población que habitualmente cobra jubilaciones y beneficios a través de trámites presenciales en los bancos, máxime cuando el sistema financiero llevaba quince días inactivo por la cuarentena. Finalmente, el Banco Central dispuso -tarde- lo obvio: programación de los turnos y extensión de los días y horas de atención bancaria.

Por tal motivo, sorprende que el presidente Fernández culpara a los bancos privados por haber provocado semejante situación, cuando en realidad es la red de entidades públicas nacionales y provinciales la que paga en ventanilla a la gran mayoría de los no bancarizados, y el ANSES y el Banco Central los responsables de implementarlo.

Echarle toda la culpa al Gobierno sería injusto. A su mala praxis en este caso, hay que agregarle factores que no son de su entera responsabilidad, y que tienen muchos años entre nosotros, como por ejemplo el alto nivel de no bancarizados entre la población de jubilados y beneficiarios de planes sociales. La crisis del viernes obligó al titular ANSES, Alejandro Vanoli, a anunciar que ahora sí se pondrá a analizar en serio mecanismos no bancarios para que estos grupos de riesgo puedan cobrar sin pasar obligadamente por las cajas de los bancos. Enhorabuena.

Tampoco es cierta la declaración presidencial de que los bancos se enriquecieron durante los últimos cuatro años. Basta con analizar sus balances, que son públicos, para concluir que, por el contrario, en ese período se descapitalizaron como pocas veces antes. Lo mismo puede decirse del ataque a los empresarios. La construcción mítica de enemigos poderosos en momentos de crisis forma parte de nuestra historia política desde el momento que surgimos como Nación.

El problema que genera este tipo de anuncios basados en prejuicios ideológicos y en necesidades políticas coyunturales es que favorecen la construcción de imágenes distorsionadas de la realidad, que tienen un impacto fuertemente negativo sobre la actividad económica que de por sí es muy complicada. Lleva a que el gobierno pierda el foco, dilapida esfuerzos y recursos de todo tipo y diluye lo importante en discusiones que llevan a ningún lado.

Sería de esperar que el gobierno trabaje con los empresarios y el sistema bancario para atenuar la crisis provocada por la pandemia, buscando mantener cuanto sea posible el nivel de empleo y evitar la ruptura de la cadena de pagos. Esto será doblemente necesario cuando salgamos de esta pesadilla: desconocemos el nivel de destrucción de la economía que encontraremos al final del túnel; lo que nos lleva a sostener que el aporte de la actividad privada -empresas e individuos- resultará definitorio para la recuperación.

Esta crisis ha hecho detonar el paradigma imperante de que el Estado y el gobierno pueden satisfacer por si solos las demandas de la población. En realidad, el coronavirus está impactando en las personas, las empresas, los sindicatos y las instituciones, y también en el Estado. ¿Acaso la brutal caída de los ingresos públicos a la que estamos asistiendo no es suficiente prueba de ello?

El Gobierno tuvo un plan al cerrar la economía. Buscó anticipadamente mantener controlada la curva de los contagios y ganar tiempo mientras equipa y prepara mejor el sistema sanitario que deberá atender a los casos más graves cuando estos se disparen. Lo hizo bien. Quizá podía haberlo hecho mejor, manteniendo abiertos otros sectores, como el sistema bancario y financiero (como en casi todos los países del mundo) para evitar el riesgo de quiebre de la cadena de pagos y el bochornoso episodio del viernes. A pesar de ello, la decisión de la cuarentena fue la correcta según la opinión de los especialistas.

Hacia adelante, el Presidente decidió que comenzará a abrir el país de manera programada y cuidada, probablemente comenzando por algunos sectores industriales y de servicios y en las zonas del país menos afectadas por el virus, que podrán regresar, paulatinamente, a la normalidad. Una decisión correcta y necesaria, sobre todo porque sabemos que los tiempos de la epidemia serán más extensos que los plazos en que la economía argentina puede permanecer cerrada sin colapasar.

Volver a poner en marcha la actividad económica requiere -como adelantamos al comienzo- de un plan que mantenga en niveles aceptables el equilibrio entre la salida de la cuarentena y el control del virus para que no se desbande y sobrepase la capacidad del sistema sanitario. Un gran desafío que exige conocimiento, implementación, equipo, foco e inversión.

Para lograrlo, el gobierno deberá rever algunas de las posiciones que vino sosteniendo hasta aquí, como por ejemplo mantener en muy bajos niveles los testeos a la población. Los expertos coinciden en que el levantamiento de las restricciones económicas requiere, además del mantenimiento de las conocidas reglas de prevención y convivencia social, la implementación masiva de pruebas para discriminar los que no tienen el virus o son inmunes, y por lo tanto pueden volver al trabajo, de los que por el contrario deben seguir en aislamiento por estar enfermos o ser población de riesgo.

Del mismo modo, el Gobierno deberá resolver la falta de insumos necesarios para la protección de las personas, como barbijos de calidad y alcohol en gel, por ahora inhallables.

También hay consenso acerca de la necesidad de implementar herramientas de big data para facilitar los controles a través de la geolocalización, lo cual presenta aristas que habrá que incorporar en los planes, como por ejemplo el impacto sobre el derecho a la intimidad. Para que las medidas de aislamiento selectivo sean efectivas, será necesario poner en marcha un certificado electrónico para facilitar el tránsito de personas y mercancías, y para realizar seguimientos permanentes, y que todos podamos bajarlo desde la web sin que el sitio oficial colapse.

En síntesis, la acción del Estado de reunir e interpretar información amplia y detallada sobre la sociedad aplicando la mejor tecnología disponible, es una de las claves para combatir la expansión del virus mientras no estén disponibles tratamientos paliativos o la vacuna. ¿El gobierno está avanzando en esa dirección? La tentación de mantener oculta la realidad llevó a un gobierno anterior del mismo signo político del actual a falsear las estadísticas, actitud que -reconozcámolo- este gobierno no repitió hasta ahora.

Propuestas como estas son las que un grupo de empresarios, científicos y médicos ha hecho llegar al Presidente de la Nación. Son medidas probadas, que están siendo implementadas en países que pueden mantener relativamente bajo el nivel de muertos por el coronavirus.

En el plano estrictamente económico y fiscal, el gobierno deberá avanzar cuanto antes en la implementación de las promesas de ayuda a las empresas y a los individuos, y lanzar planes de facilidad de pago de impuestos y cargas sociales impactados por el cierre de las actividades.

Alberto Fernández tomó una sabia decisión al incorporar diferentes sectores al debate y a la elaboración de propuestas. Ahora sigue algo mucho mayor: la integración, bajo el liderazgo del Gobierno, de una mesa de guerra contra el virus, que implemente con éxito las acciones necesarias para avanzar de a poco hacia a la normalidad económica y social, sin descuidar la salud de la gran mayoría de la población.


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