Los partidos políticos que llegan al gobierno viven las circunstancias de la contingencia histórica que les toca administrar, más allá de la evolución de su propia vida. Las primeras suelen ser muy favorables o muy críticas. De las últimas, ejemplo paradigmático fue la crisis de 2002, que se vino de la Argentina llevándose por delante a toda la banca uruguaya. De las rosadas, en un nivel de excepcionalidad casi incomparable, fue la bonanza económica de precios internacionales que irrumpió precisamente en el momento en que el Frente Amplio accedía al gobierno. Nunca en el país se había producido un excedente tan repentino y enorme.

En ese momento el Frente Amplio había abandonado ya su discurso revolucionario y las viejas consignas de "no pagar la deuda externa", "la tierra para quien la trabaje", "nacionalización de la banca" y otros eslóganes que fueron los emblemas de su ascenso político. De aquel tiempo solo sobrevivía "la lucha contra el imperialismo yanqui", que también se puso en cuestión, a tal punto que el propio presidente uruguayo Tabaré Vázquez propuso con énfasis suscribir un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos recordándonos a los uruguayos: "El tren pasa una sola vez". Allí, el prejuicio remanente todavía se le impuso al primer mandatario y aquel tren se perdió para siempre. Tanto que Estados Unidos abandonó esa práctica y hoy, incluso, está siendo revisada por Donald Trump.

En esa evolución moderada era pieza clave Danilo Astori, ministro de Economía de las dos presidencias del doctor Vázquez y líder de su propio equipo económico, cuando ejerció la vicepresidencia de José Mujica. Astori aspiraba a ser candidato a la Presidencia. Era el único de la "troika" generacional que no había llegado hasta allí. Pero Mujica le bajó el dedo y abandonó su intento. Luego de esa disposición, y por más que mantenga su candidatura al Senado, está claro que su grupo ya no tendrá más la gravitación que hasta entonces tuvo.

Naturalmente, a Astori podemos reprocharle que le faltó energía y coraje para moderar los despilfarros del gasto público. Hasta en ocasiones se hizo responsable de ellos, cuando aludía a los "espacios fiscales" que abrían el camino para las "velitas al socialismo" y los delirios presidenciales de los jerarcas de las empresas públicas. No podemos ignorar, sin embargo, que en lo que hace a las estructuras económicas del país contribuyó a evitar desastres mayúsculos.

El hecho es que el grupo moderado del Frente Amplio ya no será una presencia decisoria y eso supone un cambio cualitativo. Ya se están viendo sus consecuencias con el retorno de colorados a la vieja matriz, luego de un pasaje por lo que creyeron que representaba al batllismo.

A esta circunstancia política se suma el incuestionable deterioro que le ha significado el manejo de los temas éticos de la administración. Expulsar definitivamente al ex canciller Luis Almagro por condenar a Venezuela y apenas suspender para esta elección al ex vicepresidente, procesado por peculado, muestra un criterio de enorme debilidad. Algo parecido podría decirse del senador Leonardo de León. Exculpar a la doctora Michelle Suárez por sus estafas profesionales simplemente porque renunció al Frente Amplio es ignorar que todos los episodios condenables ocurrieron cuando era miembro del partido. Si seguimos hurgando y recordando el procesamiento del señor Bengoa, director general de Casinos, defendido ardorosamente, y el de otros jerarcas relevantes, nos topamos con una actitud constante de convivir con la inmoralidad o en ocasiones el delito, comprobado judicialmente.

Todo esto ocurre, además, en el contexto de un tremendo fracaso en la seguridad ciudadana, en la educación y en la inserción internacional del país. Además de una situación financiera asfixiada, que en su tiempo sirvió para ganar elecciones pero que hoy (y todavía falta un año) le impide dar una mano a sectores tan importante como el lechero o el arrocero, por ejemplo, que se están cayendo.

La oposición, entonces, tiene la palabra. Los batllistas estamos haciendo el esfuerzo, ya hemos recuperado el ánimo y tanto las encuestas como los analistas reconocen una recuperación sólida. Miramos hacia el futuro electoral con buenas perspectivas. El país precisa un cambio. Hay que construirlo desde ya, para que este equipo cansado que hoy nos gobierno "vaya al banco".