El fútbol, pasión de multitudes. Y es exactamente así. El fútbol no solo genera pasión sino contagio. Hoy sabemos que las emociones se contagian y se propagan rápidamente y cuanta más gente haya, el contagio es mayor y más eufórico. Ese es el motivo por el cual, en el ámbito futbolístico, un gol, un triunfo o una derrota pueden tomar dimensiones inimaginables.
A su vez, cuando la pasión es muy intensa, se produce una distorsión de la realidad que va acompañada de una mirada parcial y arbitraria. A eso se denomina fanatismo.
El fanático no admite errores, fisuras ni críticas. Esto se ve con mucha frecuencia en el fútbol, cuando dos rivales de toda la vida se enfrentan y sus fanáticos se esmeran por mostrarle a su oponente los errores y las debilidades de su contrario. El fanático no escucha. Por definición, es una persona que defiende una creencia o una opinión con pasión exagerada y sin respetar las de los demás.
En el fútbol todo es intenso debido a la rápida propagación y contagio de las emociones. Con respecto a la violencia, esta responde más a actos de personas fanáticas que de personas apasionadas.
La autora es psicóloga clínica y escritora.