Paro general: la política argentina se resiste a entrar en este siglo

Ricardo Jaén

El contexto y el tiempo histórico definen un instrumento que fundamentalmente en el siglo XIX y en la mitad del XX sirvió tanto para las más básicas reivindicaciones de la clase trabajadora como para la instauración de gobiernos fascistas de distinto grado y distintos formatos ideológicos en todo el mundo. Unas fueron, en general, sangrientamente reprimidas. Las otras fueron alentadas por las corporaciones que se beneficiarían en un futuro cercano.

El común denominador fue que todos se hacían en nombre del pueblo o la clase trabajadora, de quien se asumían como sus representantes, que curiosamente nunca (mejor no recordar el único caso) eran validados por el sufragio universal de la que también en general llamaban y llaman: la democracia burguesa.

La Segunda Guerra Mundial nos liberó de algunos de ellos. Es muy trillado pero no menos cierto que el mundo cambió mucho más desde el 2000 hasta ahora que desde que el hombre inventó la rueda al siglo XXI.

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Pero pareciera que la política, entre otras cosas, en la Argentina, se resiste a entrar en este siglo y sigue utilizando metodologías e instrumentos que ya gran parte de la población, por un tema etario, ni comprende ni conoce su valor simbólico (solo ignora, no forman parte de su universo de interés), y otra parte las considera anacrónicas, aunque pueda coincidir con los reclamos en general.

Por supuesto que existirá un sector más o menos importante en relación con el número de población en general que sí acordará con la legitimidad de hacer un paro en el que la dirigencia, en este caso gremial y la de los movimientos sociales, se atribuya la decisión de suspender los servicios públicos de transporte y cortar calles y rutas.

Está muy claro que quienes lo han decidido no se tenían mucha confianza para medir genuinamente su verdadero apoyo en la población en general, asegurando transporte público y el libre tránsito. Por lo tanto, han tomado una decisión: conculcar nuestra libertad de elección. Toman una medida propia de autoritarismos y de esencia fascista: deciden por nosotros.

Hoy las sociedades son mucho más complejas que hace veinte años y los intereses sectoriales están muy lejos de representar "mayorías" que, por otro lado, pareciera que nadie tiene, si esa fuera una razón o un argumento del proceder.

Mientras escribo estas líneas me llega por WhatsApp un alerta de lo que no va a funcionar: micros, locales, media y larga distancia. Tren. Taxis. Camiones. Vuelos. No abren: bancos, supermercados, hospitales (solo guardias), escuelas públicas, estaciones de servicio y comercios (invitados por su sindicato).

Pero sí seguirán funcionando las redes sociales. Hasta allí afortunadamente, al menos aquí, estos señores no han llegado.

Finalmente solo me resta hacerme una pregunta: ¿las iglesias estarán abiertas?

El autor es analista en riesgo político.

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