Con estupor e indignación he leído el pronunciamiento mediante el cual conocidos dirigentes del peronismo se arrogan autoridad filosófica, política y moral para definir, como movimiento, la posición frente a las legislaciones sobre el aborto. Lamentablemente aquellos que durante la década del 90 hicieron efectiva la "cultura del descarte", con la imposición de medidas de carácter neoliberal, amparados por las fotos de Perón y Evita, hoy exhuman argumentos acerca de "intereses oscuros", a los que respetaron a rajatabla durante esos años. Lo digo porque militaba en ese partido en esos momentos, lo que no me impidió trabajar activamente junto a muchas compañeras, en políticas de respeto a la mujer como sujeto, a la que no puede negársele la propiedad sobre su cuerpo, la autonomía de su voluntad y la libertad de conciencia necesarias para tomar sus propias decisiones.

Claro, este es un lenguaje que la mayoría de los varones que suscriben el pronunciamiento (más de 45 varones y 12 mujeres) deben considerar "contaminados" de ideologías foráneas. Otra forma de minorizar nuestras concepciones y de utilizar el pensamiento de Perón de manera engañosa y tergiversada.

En el primer párrafo atribuyen a una manipulación política del actual Gobierno haber colocado el tema en el debate parlamentario. Al respecto quiero desmentir que este sea un debate nuevo. Hace más de treinta años que una importante cantidad de militantes y dirigentes peronistas, mujeres desde el propio PJ nacional y algunos PJ locales, fuimos debatiendo el tema y presentando proyectos. El presente debate no ha tapado ni por un minuto el desastre nacional del actual Gobierno y para nosotras se ha convertido en una oportunidad extraordinaria, sobre todo por la movilización y la riqueza de las exposiciones que han acrecentado la adhesión de la sociedad.

El documento del pretendido peronismo oficial critica que el tema haya sido planteado en la agenda pública como una cuestión de derecho individual de la mujer: ¿Hay algún otro sujeto que tenga derecho sobre ella y su cuerpo?, ¿el Estado?, ¿los varones copartícipes de la concepción? Cuestiona que se haya planteado como un problema de salud pública: ¿no lo es? A nosotras, las mujeres peronistas, nos parece que cuando es la primera causa de mortalidad de la mujer en edad fértil, sí constituye un problema de salud pública.

Con imprudencia el documento avanza definiendo que el aborto "no pertenece a nuestra cosmovisión justicialista, que se caracteriza por buscar el equilibrio entre el individuo y la comunidad". Denuncia intereses malthusianos y se atreve a referirse al tema de la maternidad con una superficialidad, irreflexión e injerencia propias de una redacción patriarcal. Algunas mujeres peronistas (muchas) hemos considerado siempre una injusticia que las políticas demográficas se decidieran sobre nuestros cuerpos porque, a ver, señores, no es fácil de entender, pero deben hacerlo: la maternidad no puede imponerse, del mismo modo que no aceptamos que se impida a la mujer tener todos los niños que desee. Ustedes mismos, señores, tienen bien conocido que la paternidad tampoco puede imponerse y durante mucho tiempo, hasta el descubrimiento del ADN, podían abstenerse con comodidad.

Es muy lamentable que, frente a un embarazo no deseado, una dirigencia desacreditada y anacrónica se permita proponer la adopción (que ya existe) como único camino. ¿Conocen algo de la subjetividad femenina para considerar este un camino de felicidad y recomendable a todas las mujeres en esa situación?

Con respecto a la consideración de los aportes que la ciencia ha hecho en relación con el cigoto, es importante señalar que en el propio debate actual se han expuesto interesantes perspectivas no criminalizadoras que deberían leer y considerar. Además, debieran empezar por reconocer que mientras objetan que se hable solo del derecho de las mujeres, en los discursos nunca aparece la corresponsabilidad masculina ni para bien ni para mal.

Francamente no he sabido qué párrafos criticar más. Me duele como peronista que se "reafirme la condición humanista y cristiana de nuestra doctrina", excluyendo a la enorme cantidad de compañeros peronistas pertenecientes a otras religiones. Sabemos que su base fundamental ha sido la doctrina social de la Iglesia, pero esto ha inspirado los valores sociales, no las normas morales pertenecientes al orden de la religión.

Imposible de leer por reaccionario el párrafo que dice: "Somos nacionales, queremos una Argentina grande y poblada, no políticas que remachen su condición colonial" o cuando aclaran que defienden la vida inocente de las garras imperialistas; no es lo que hicieron cuando gobernaron y hace mucho que no les escuchaba decir "imperialismo".

Es probable que muchas amigas me hubieran tratado de hacer desertar de escribir esta columna, pues el propio documento es en sí mismo una provocación y mala prensa para la posición que defienden, pero me estalla interiormente, después de décadas de pertenecer al Movimiento Peronista, el impulso de gritar que eso no es el peronismo. El peronismo es una comprensión profunda, capital, vital, del acontecer del pueblo, de sus mujeres y sus varones.

No se puede vivir ni comprender, a menos que se sea mujer, lo que se siente frente a un embarazo no deseado y frente al cual la mujer no elige frívolamente, sino que decide entre dos caminos. Estamos defendiendo que lo pueda hacer no como un acto desesperado, en soledad y con peligro para su vida y su salud, sino con condiciones favorables para tomar su mejor y más meditada decisión.

Una de las experiencias que nos entusiasmaron en la década del 90 para trabajar por la despenalización y la legalización de la práctica del aborto fue una política sanitaria que se llevaba adelante en una maternidad de la CABA, mediante la cual a toda mujer que se atendiera con un aborto en curso, natural o provocado, se la incluía en un programa y se la asistía en información y prácticas anticonceptivas de prevención. La mayoría de las mujeres no incurría nuevamente en la práctica del aborto. Porque deben saber, señores, deberían tenernos más confianza, que no es lo que elegimos las mujeres como práctica anticonceptiva habitual. Las políticas nefastas son de ustedes, pero los vientres son nuestros.

Muchas peronistas luchamos para que cuando el Estado intervenga en políticas de sexualidad, lo haga al servicio de la salud y de la libertad. Deben saber que cada vez que lo hicimos, a favor de una política de atención de la salud reproductiva, de la provisión de anticonceptivos gratuitos, por la ley de educación integral, etcétera, con los mismos argumentos reaccionarios, falaces y arteros, los mismos varones peronistas, los mismos sectores, se opusieron desde un pretendido "peronismo oficial". La naturaleza del peronismo está en discusión desde hace décadas y no está nada bien querer apropiarse de ella para conducirla en el peor de los sentidos.

No en nombre de Perón y de Evita, no en nombre de muchas mujeres peronistas que hace años decimos "sí".

La autora es ex embajadora argentina en Cuba.