Venezuela: el reacomodo de las élites del poder

Las más recientes detenciones en Venezuela son una reedición de sus eternas e ineficientes luchas en contra de la corrupción, campañas que en el fondo significan pugnas entre los carteles que mantienen secuestrada a la nación

Se mantienen a la sombra de un sistema fracasado, pero que les ha entregado los más grandes beneficios y libertades para hacer y deshacer en la patria de Bolívar. Ya sus hijos, sus nietos y sus familiares no viven en el tricolor patrio, pero disfrutan del dinero que falta hoy día para tratar a nuestros pacientes oncológicos.

Mientras niños mueren de inanición, nuestras mujeres se prostituyen a la buena de Dios en algún país de la cordillera andina, y nuestros abuelos quedan solos y desamparados en un espacio literalmente secuestrado por mafias, el régimen venezolano se mantiene en constante puja, entre lo civil y lo militar, entre las élites y las mafias.

Sería ingenuo pensar que el fiscal designado por una Asamblea Nacional Constituyente que gobierna de facto, con la ilegalidad como marca de nacimiento, Tarek William Saab, se constituya hoy día como el paladín de la lucha en contra de la corrupción, investigando a "quien tenga que investigar, caiga quien caiga", como lo ha afirmado casi como una letanía.

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Lo que omiten intencionalmente es que en al menos 17 años de gobierno se han robado 300 mil millones de dólares, lo que equivale a 17 mil millones anuales, a 1416 millones mensuales, a 472 millones de dólares diarios. El drama es tal que, en las puertas de un default, con todo lo que dilapidaron, hubiésemos sido capaces de cancelar toda la deuda externa proyectada para el 2018 unas 38 veces.

En el contexto de este drama estructural, con un modelo político y económico que en efecto se estableció gracias a la fuerza militar y a la propia ignorancia social, se hizo conveniente y regla "depurar" las instituciones, básicamente por dos razones fundamentales. La primera, referida al ámbito electoral, se da por cuanto el problema de la corrupción es considerado el cuarto gran dolor de cabeza de los venezolanos, solo antecedido por el de la seguridad, la alimentación y la atención médica. Cada vez que se acercan elecciones de importancia, como por arte de magia, se destapan hechos de corrupción que convenientemente son denunciados por el propio régimen, haciendo de las detenciones unas verdaderas bufonadas televisadas por el vergonzoso sistema nacional de medios públicos, la máquina de propaganda del chavismo.

Estas detenciones, juicios y confiscaciones suelen ser más efectistas que efectivos, por cuanto al cabo de algunos días, semanas o meses los caídos terminan con alguna medida cautelar o absueltos de toda culpa, solo que fuera de la palestra pública y de los grandes centros de corrupción instalados por los verdaderos traidores a la patria.

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El segundo elemento tiene que ver justamente con el juego de las sillas. Las más recientes detenciones en Venezuela son una reedición de sus eternas e ineficientes luchas en contra de la corrupción, campañas que en el fondo significan pugnas entre los carteles que mantienen secuestrada a la nación.

Por Ramírez, Del Pino y Martínez, además de los 65 directivos de la estatal petrolera PDVSA, entrarán nuevos delincuentes que, como ha ocurrido en tantos años, robarán para luego irse en paz o caer en desgracia en función a los cambios de guardia de dichas organizaciones delictivas.

¿Qué quiero decir con esto? Que en el país la preocupación se centra en dos aspectos fundamentales: alcanzar el tan anhelado auxilio económico a partir de la refinanciación de la deuda, pasando por el retiro al menos parcial de las sanciones, y mantener el poder bajo el esquema actual.

Si queremos entrar más en lo particular, entendemos que la lucha entre lo civil y lo militar es muy fuerte y que, pese a lo que se proyectaba a inicios del mandato de Nicolás Maduro, pro Cuba y de la izquierda civil, el costo político, económico y de poder para mantenerse en el cargo bajo las circunstancias actuales parte por darles más poder a los militares, bajo el mando del hombre fuerte del chavismo, Diosdado Cabello. El que mantiene en Miraflores a Maduro es el conductor de Con el Mazo Dando, y eso tiene un costo más económico y operativo que político.

Se barrió con la élite corrupta, de izquierda, chavista, pro cubana y civil de la principal industria venezolana, PDVSA, que está en plena decadencia, para reemplazarla por otra élite, corrupta, militar y reaccionaria. Hoy día se debaten dos modelos de dictaduras, un modelo cubano y el otro, al estilo de los grandes caudillos militares. Es decir, el hambre con las ganas de comer.

El reacomodo es el verbo preferido del sistema venezolano, que al saberse dueño de los cinco poderes del Estado ha aprovechado el impulso para cambiar fichas, en el ocaso, por cuanto sabe que cada vez más depende de variables externas, las que no controlan y las que terminarán exterminando su existencia. Por el tema económico comenzó esta pesadilla venezolana. Por el tema económico terminará, sin que puedan hacer nada.