Quienes estuvimos el sábado en las plazas vivimos una fiesta cívica emocionante. La marcha del #1A sorprendió a propios y ajenos al convocar a una enorme cantidad de personas un sábado por la tarde sin intermediación partidaria ni gubernamental, basada en propuestas positivas: "Por la democracia" o "Por la república". Pero lo más destacable es que muestra una relación saludable entre la sociedad civil y el Gobierno: este último ahora se enfoca en gestionar y resolver los problemas de los argentinos en lugar de buscar mostrarse con un millón de amigos. Gracias a eso hoy el Gobierno nacional posee la mejor foto: madurez cívica y apoyo popular.
Es habitual que los populismos quieran justificar sus medidas, muchas veces violentas, en el apoyo popular y para tal fin motoricen manifestaciones que buscan mostrar que "el pueblo" acompaña. Esta forma de hacer política responde a la tentación de tratar de poner a la democracia por encima de la república, a lo "popular" por sobre lo "comunitario", a las mayorías circunstanciales por sobre todos nosotros. Este abordaje nos empobreció durante años y nos dificultó la posibilidad de discutir de forma madura cómo lograr mejores instituciones y una sociedad más justa de manera sustentable.
Es probable que las personas que se manifestaron tengan visiones muy diferentes sobre cómo deben manejarse los diversos desafíos de nuestro país. Es posible que varios no hayan votado al presidente Macri, seguramente hayan tenido alguna dificultad durante el 2016 y tengan cosas que reclamar. Pero este sábado logramos dejar de lado lo particular para reencontrarnos con lo comunitario, con el compromiso de sostener a las instituciones y los canales institucionales de discusión. La foto sirve para ponerles un límite a quienes procuran discutir cuestiones políticas por fuera de la ley, a quienes buscan imponer. Ese contrapeso de personas que "bancan" que se juegue dentro de las reglas de nuestra democracia republicana tiene un valor enorme.
PUBLICIDAD
La marcha del sábado nos desafía a buscar formas más elaboradas de canalizar esa voluntad de tantos de que a la Argentina le vaya bien. Sea que ese compromiso popular se canalice desde el Gobierno o desde los partidos que conformamos Cambiemos, creo que necesitamos empezar a pensar en herramientas de participación que permitan convertir a cada ciudadano en un agente de cambio. No pensándolo como una cuestión partidaria, sino como una persona que nos ayude a unir a los argentinos, a combatir el narcotráfico, a erradicar la pobreza, a mejorar la productividad de la economía, a procurar la calidad educativa y oportunidades para nuestros hijos, entre tantos objetivos comunes que tenemos como sociedad.
Caminando por la Plaza de Mayo muchas personas nos urgían a "no aflojar", a "comunicar los logros" y a seguir dando las batallas difíciles pero necesarias para que Argentina progrese. Podemos pensar que existe otro camino pero es fundamental confiar en la buena fe del otro para plantear las discusiones desde un lugar positivo y propositivo. Tenemos que esforzarnos en unir a los argentinos y eso implica dejar de ver a quien piensa diferente como un enemigo. Durante los últimos años se promovió desde el poder la visión de que la democracia es imposición violenta, conquista y dominación. Cambiamos desde el Gobierno y hay que cambiar en lo personal.
Es importante recuperar la capacidad de diálogo. Para lograrlo hacen faltan dos cuestiones fundamentales: entender que el punto de vista propio no es absoluto y que el otro no está obligado a compartirlo. A partir de eso se deduce que no tenemos el derecho a imponerle al otro nuestro punto de vista. Estas cosas que parecen obviedades son las que debemos recuperar para aprovechar las diferencias para que Argentina progrese. Hay una gran cantidad de personas que demostró este sábado que apuesta al diálogo y a la democracia. Hace falta aún convencer a otros de que el camino no es la violencia, la mezquindad y la imposición, sino el debate democrático dentro de los límites comunes que ofrece la república. Podemos construir una Argentina mejor. Sí, se puede.
PUBLICIDAD