¿Será que la empresa minera canadiense está haciendo un homenaje póstumo a aquella teoría económica fallida de los noventa que suponía que el derrame de la riqueza de los sectores más ricos empararía a los más desfavorecidos? Caso contrario, no resulta posible atribuir a la casualidad o a la accidentología la repetición a lo largo de apenas un año y medio de incidentes en los que Barrick derrama cianuro o "sustancia rica" (otro eufemismo) que contaminan indiscutiblemente el entorno en que extrae oro en la provincia de San Juan.

A esta altura, tras cuatro derrames (al que se puede y debe añadir un quinto en el yacimiento binacional de Pascua Lama, también a cargo de Barrick), debe hablarse de método, de un sistema. Que parezca un accidente.

Los exégetas del sector minero, que aún no han logrado explicitar las bondades de la actividad respecto del desarrollo local o nacional, se desesperan ante "accidentes" de este tipo. "Un nuevo derrame en la mina Veladero en San Juan puso otra vez en evidencia la pésima comunicación del sector minero", se lamentó Martín Fellner, presidente de Andina Consulting Group. Quiere decir que los derrames de Veladero no revelan la pésima gestión de una actividad que externaliza sus costos haciéndoselos pagar a la sociedad sanjuanina en forma de contaminación del río Jáchal. Es apenas un problema de comunicación.

Alguien, con pensamiento desarrollista tardío, podría sugerir que el costo de los reiterados "accidentes" se compensa con una industria floreciente. Falso. O mejor dicho, la contracara de la contaminación a escala es una actividad floreciente para sus accionistas. A lo largo de 2016, luego de que la actividad minera, ya favorecida por un marco impositivo particularmente benévolo, se beneficiara con la baja de las retenciones, el sector no sólo no dio más trabajo sino que perdió unos veinte mil empleos directos. Vale aclarar, para aquellos que continúan validando la lógica de "contaminan pero dan trabajo", que la minería representa, entre empleos directos e indirectos, solamente el 1% del trabajo registrado en la Argentina.

El axioma "contaminan pero dan trabajo" es el equivalente ecológico del "roban pero hacen". Está claro que la corrupción ya no responde a justificación alguna. Del mismo modo, en el siglo XXI el deterioro ambiental no es aceptable, como ocurría en la cultura soviética del crecimiento nacional basado en petróleo o industria pesada, como subproducto no deseable pero ineluctable del desarrollo.

Si se plantea seriamente ese dilema y se reconoce que los derrames no son meras casualidades sino hechos inherentes a la minería a cielo abierto divinizada en el Tercer Mundo, debe aceptarse que la discusión no es acerca de eficiencia de controles sino de modelo de desarrollo.

¿No existe para las provincias cordilleranas un proyecto de desarrollo alternativo que, contrariamente a la minería a cielo abierto, establezca una trama socioeconómica más sustentable y un impacto ambiental sustantivamente inferior? ¿Están condenadas al éxito de la minería que vuela montañas y disemina cianuro?

El biólogo Jared Diamond, ganador del Pulitzer y oriundo de Montana, el estado norteamericano minero por antonomasia, se preguntó, ante la avalancha de proyectos de minería a cielo abierto: "Cuando se sabe que un proyecto minero utiliza miles de toneladas de cianuro cada día, ¿no es lógico que la población tenga temor?". Tras un referéndum, Montana prohibió la minería con uso de cianuro y promovió un modelo de desarrollo basado en el turismo y la industria forestal.

Alguien responderá que las provincias cordilleranas del norte de la Argentina carecen de opción porque son cuasi desérticas, lo que hace aun más insólito, o perverso, que la parte mayoritaria de la poco agua disponible se aplique en el proceso de obtención del oro.

¿No existe, como en Israel, también un desierto, la posibilidad de pensar un modelo de agricultura asociativa apoyado en un sistema moderno de riego?

La reiteración de los "accidentes" de Barrick, más la conflictividad lógica que despierta la minería a cielo abierto disparan una inquietud respecto del papel del Estado. ¿Sólo está para disponer controles demostradamente ineficaces o para promover un modelo de desarrollo que contemple sostenibilidad ambiental y social? La respuesta parece clara.

 

El autor es biólogo, periodista ambiental, conductor del programa "Ambiente y Medio" por la TV Pública.