Cuando el jueves 18, a las siete de la tarde, Belén atravesó las rejas de la penitenciaría femenina tucumana en la que se encontraba detenida desde hace dos años para encontrarse con la libertad, no sólo daba un paso ella sola, sino que otros miles de pasos la acompañaban. La libertad de Belén —nombre de fantasía de la mujer de 27 años condenada por asesinato, pero sin fundamentos válidos, según la Corte Suprema provincial, cuando ella aducía que había tenido un aborto espontáneo— había sido un logro más del movimiento de mujeres que atraviesa y conmueve a la Argentina.
Quizás desde aquellos fines de los sesenta y principios de los años setenta, cuando la segunda ola del movimiento de lucha de la mujer ganó las conciencias (y las calles) europeas, no se veía un movimiento como el que se experimenta hoy en el país —y que tiene su correlato contagioso en otras naciones. Los episodios ocurridos hace cuatro décadas ya marcaban la irrupción de la mujer con sus propios reclamos, entre ellos, el derecho al placer, que se expresó en marchas multitudinarias, que, por ejemplo, en Italia, convocaron a decenas de miles de manifestantes que cantaban: "Col dito, col dito, orgasmo garantito", en calles vecinas a la sede del Vaticano. Así conquistaron el derecho al aborto legal, pese al gobierno de décadas de la Democracia Cristiana, tal como sucedió en otros países europeos y en los Estados Unidos. Tal vez la Argentina esté viviendo su propia ola de lucha femenina —que involucra a toda la sociedad—, con el aditamento de una lucha tenaz, también, por la vida.
Desde que hace un año se llevara a cabo la gigantesca movilización por #NiUnaMenos y que hace unos meses se replicara, sin mermar la asistencia, conformada por centenares de miles de manifestantes, el país es testigo de un salto cualitativo en la lucha por los derechos de la mujer. El grito que reclama por ni una mujer menos por violencia machista se extiende y profundiza la noción de su necesidad. También se manifiesta en otros órdenes.
Unas fans de la banda de rock El Otro Yo denunciaron al cantante Cristian Aldana por haber abusado de ellas cuando eran menores de edad, aprovechándose de su condición de ídolo. Lo mismo sucedió con José Miguel del Pópolo, líder del grupo indie La ola que quería ser chau. Las denunciantes realizaron un festival bajo la consigna: "No nos callamos más". Mayor repudio e indignación provocaron las declaraciones del cantante Gustavo Cordera, quien, frente a un aula de estudiantes de periodismo, se manifestó contra las leyes que tipifican como crimen el sexo entre adultos y menores de edad —considerado como abuso sexual. Sus declaraciones podrían implicar una apología del delito. Cordera recabó el rechazo popular y, ante las suspensiones de shows que se sucedían, debió cancelar la gira que tenía planificada.
Más recientemente, la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires separó preventivamente de su cargo como profesor al ex panelista de 678 Dante Palma debido a acusaciones en su contra por parte de sus ex parejas. Las mujeres señalan haber sido sometidas a violencia de género que llegó incluso al abuso sexual, acusación que tiene asentada una causa en la fiscalía penal número 14. La gestión kirchnerista, llevada adelante por la decana autodenominada feminista Graciela Morgade, en un primer momento se negó a separar de su cargo a Palma. La movilización de los estudiantes y la elaboración de un informe clasificado por parte de la fiscalía en la que se detallaban los testimonios de las acusadoras promovieron que, el martes de esta semana, el Decanato aprobara la eximición de tareas docentes de Palma, sin afectar el salario, mientras la Justicia investiga las denuncias.
Finalmente, luego de que el viernes 12 decenas de miles de personas se movilizaran en todo el país para reclamar la libertad para Belén, la Corte Suprema tucumana decretó su puesta en libertad tras dos años de prisión. Ahora deberá resolver la causa de fondo, pero en todo caso se trata de un logro promovido por la movilización popular en defensa de los derechos de una mujer, que representaba a muchas.
Está históricamente comprobado que, cuando las mujeres se movilizan, los procesos sociales potencian sus alcances. No es necesario remitirse a las mujeres rusas, que, con la huelga por el Día de la Mujer del 8 de marzo, en 1917, provocaron el comienzo del proceso que terminó con la primera revolución democrática (conocida como Revolución de Febrero) contra el zarismo. Si miramos el proceso social convulsivo más reciente en la Argentina, se podrá constatar que gran parte del movimiento piquetero, que defendió a la clase obrera de las consecuencias de la desocupación, estaba conformado por mujeres. Frente a la depresión que sufrían muchos hombres que perdían sus trabajos en las industrias, fueron las mujeres quienes salieron a las calles a reclamar contra el hambre de sus hijos, que organizaron comedores populares y que lideraron la protesta social en el convulsivo comienzo de este siglo XXI en el país. No está de más recordarlo a pocas semanas del próximo Encuentro Nacional de la Mujer, que se realizará en Rosario los primeros días de octubre, y que seguramente estará atravesado por los recientes acontecimientos de lucha y de victoria de las mujeres argentinas.
El autor es periodista, publicó los libros "¿Quién mató a Mariano Ferreyra?", "Argentuits, pasiones políticas en 140 caracteres" y "El kirchnerismo feudal. La verdadera cara de Cristina en las provincias".