El precio del euro en Colombia cerró la jornada del 15 de abril de 2026 en un promedio de $4.250,86, lo que representó una subida de 24,63 frente al día anterior, equivalente a una variación diaria de +58%. Durante la sesión, la divisa europea alcanzó un máximo de $4.274,71 y un mínimo de $4.223,93, reflejando una volatilidad moderada en el cruce EUR/COP.
Si bien no se registraron máximos históricos, el alza en su valor responde a una combinación de factores internacionales, como las expectativas sobre la política monetaria en Estados Unidos y la inestabilidad en los mercados globales, junto con elementos locales que influyen en la oferta y demanda de divisas. En las casas de cambio, el euro se cotizó en un rango de $4.360 para la compra y $4.530 para la venta.
Teniendo en cuenta la última semana, el euro acumula una subida 0,2% aunque, por el contrario, en el último año aún mantiene un descenso del 8,66%.
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Si confrontamos la cifra con jornadas previas, puso freno a dos sesiones consecutivas con tendencia plana. En cuanto a la volatilidad de estos siete días presentó un comportamiento algo inferior a la volatilidad que mostraron los datos del último año, por lo tanto, su cotización está presentando menos alteraciones de lo previsible en estos días.
Análisis de mercado
El cruce entre el euro y el peso colombiano empieza a contar una historia más compleja que la simple relación entre dos monedas. Lo que hoy se mueve detrás de esa tasa de cambio es, en realidad, un reflejo condensado de tensiones globales, fragilidades fiscales internas y expectativas de política monetaria que no terminan de alinearse.
Por el lado externo, el debilitamiento del crecimiento global —con el Fondo Monetario Internacional recortando proyecciones a 3,1% para 2026— introduce un primer elemento clave: menor dinamismo implica menor flujo de capital hacia economías emergentes como Colombia. En ese contexto, monedas como el peso tienden a perder atractivo relativo frente a divisas consideradas más estables, entre ellas el euro. Sin embargo, este no es un fortalecimiento “limpio” de la moneda europea, sino más bien un efecto espejo de la fragilidad emergente.
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Europa, de hecho, tampoco atraviesa un momento sólido. El crecimiento proyectado de apenas 1,1% en la eurozona, sumado a presiones energéticas persistentes y riesgos geopolíticos, limita el margen del Banco Central Europeo para relajar su política monetaria. Si el BCE se ve obligado a mantener tasas altas por más tiempo, el euro gana soporte frente a monedas como el peso, no por fortaleza estructural, sino por diferencial de tasas. Ese “carry” se vuelve determinante: los inversionistas buscan rendimientos más predecibles en medio de la incertidumbre.
Ahora bien, el verdadero punto de tensión está en Colombia. Con un déficit fiscal del 6,4% del PIB y una deuda que ya alcanza el 57,2%, el país enfrenta un deterioro en su perfil de riesgo. Cuando el mercado percibe menor capacidad de ajuste fiscal, el resultado suele ser una prima de riesgo más alta, lo que presiona al peso a la baja. En otras palabras, el euro no necesita fortalecerse demasiado para ganar terreno; basta con que el peso pierda credibilidad.
A esto se suma un elemento institucional delicado: las fricciones entre el Gobierno y el Banco de la República. La incertidumbre sobre la independencia del banco central o la coherencia de la política económica introduce volatilidad adicional. Para el tipo de cambio euro/peso, esto se traduce en movimientos más sensibles a cualquier señal política, más allá de los fundamentales económicos.
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El componente energético también juega un rol silencioso pero decisivo. Con el petróleo proyectado en US$82 y riesgos latentes en el Estrecho de Ormuz, Colombia —como exportador— podría recibir un alivio en ingresos externos. Sin embargo, ese beneficio se ve contrarrestado por el encarecimiento global de energía y transporte, que presiona la inflación interna y limita la capacidad de bajar tasas. Esto crea una trampa: tasas altas sostienen parcialmente al peso, pero frenan el crecimiento.
En este escenario, el tipo de cambio euro/peso deja de ser una variable pasiva y se convierte en un termómetro de confianza. Si las tensiones globales escalan —por ejemplo, con disrupciones logísticas o choques energéticos— el euro podría fortalecerse aún más como refugio relativo. Pero si el riesgo local en Colombia se intensifica, el ajuste podría venir más por el lado del peso que por una apreciación genuina del euro.
La conclusión es incómoda, el comportamiento del euro frente al peso colombiano en los próximos meses dependerá menos de Europa y más de Colombia. En un mundo frágil, las monedas no solo reflejan economías; también exponen vulnerabilidades.
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