El podcast de Ricardo Lorenzetti: el trabajo del futuro y el nuevo contrato social

El episodio analiza el impacto de la inteligencia artificial sobre el empleo y el riesgo de desplazamiento laboral masivo

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El impacto de la inteligencia artificial sobre el empleo ocupa un lugar central en las discusiones actuales sobre gobernabilidad. “Va a haber un desempleo importante, no solo por la crisis económica, sino también por el cambio tecnológico”, dice Ricardo Lorenzetti en su podcast, disponible en Infobae y Spotify. La afirmación se inscribe en un diagnóstico que empieza a consolidarse en distintos ámbitos, donde el desplazamiento laboral deja de pensarse como una hipótesis de largo plazo y se incorpora como un proceso en desarrollo.

La comparación con otros momentos de cambio profundo aparece de forma casi inevitable, pero hay una diferencia que atraviesa todo el planteo: la velocidad. El proceso tecnológico avanza con una intensidad que las instituciones no logran acompañar. “Las personas que van a ser despedidas de manera inmediata necesitan soluciones inmediatas”, dice, y ahí se vuelve visible una tensión persistente entre transformación económica y capacidad de respuesta política.

Ese desajuste impacta también en la manera en que se proyectan las trayectorias laborales. Durante años, ciertos campos funcionaron como promesa de estabilidad, como si existieran refugios dentro de un sistema en cambio. “Hace muy pocos años los tecnólogos decían: ‘Tienen que estudiar programación’ y hoy son los principales afectados”, señala. La referencia no es anecdótica: muestra hasta qué punto se desdibujan los criterios tradicionales para anticipar el valor de una habilidad.

Es decir, el problema ya no pasa únicamente por qué aprender, sino por cómo sostenerse en un entorno que cambia de manera permanente. “Lo más importante que se va a requerir son habilidades relativas a la flexibilidad”, dice, desplazando el eje desde la especialización rígida hacia la capacidad de adaptación. Esa exigencia se cruza con otra característica del presente que condiciona cualquier forma de trabajo. “Tenemos un exceso de información”, afirma, y el desafío deja de estar en acceder al conocimiento para trasladarse a la selección, la interpretación y el uso.

En ese contexto, el trabajo empieza a redefinirse también en términos de contenido. Las tareas repetitivas o estructuradas son las primeras en ser absorbidas por la tecnología, mientras que otras dimensiones adquieren mayor relevancia. “Empatizar va a ser una habilidad importante”, dice, y esa observación introduce un desplazamiento hacia capacidades menos automatizables, ligadas a lo relacional y a lo humano.

La distinción que propone sobre el trabajo permite ordenar esa transformación sin reducirla a una lógica de reemplazo. “Hay que distinguir el propósito del trabajo de la tarea en sí”, explica. Muchas tareas pueden ser realizadas por sistemas automatizados, pero eso no implica necesariamente la desaparición del trabajo como función social. Lo que cambia es la forma en que se ejecuta y el tipo de valor que se le asigna.

pocast de Ricardo Lorenzetti

El aumento de la productividad aparece como una consecuencia directa de este proceso. “Va a aumentar la productividad y eso va a crear más consumo”, dice. La cuestión central no es solo cuánto se produce, sino cómo se distribuye ese incremento en una sociedad donde el empleo deja de ser el principal canal de acceso a ingresos estables.

La necesidad de una respuesta institucional se vuelve inevitable en ese punto. “Debe haber un nuevo contrato social”, dice, y sitúa el debate en el plano de las reglas que organizan la vida económica. El sistema vigente fue diseñado para un modelo de trabajo más estable, con trayectorias previsibles y derechos asociados a un único empleador, y ese esquema empieza a mostrar límites.

Algunas de las propuestas que circulan buscan traducir los beneficios de la tecnología en nuevas formas de organización del tiempo. “Un dividendo de eficiencia que se devuelva en tiempo”, propone. La idea apunta a que el aumento de productividad no se exprese únicamente en términos de rentabilidad, sino también en calidad de vida.

La discusión alcanza también al modo en que se conciben los derechos laborales. “La cuenta sigue al trabajador”, dice, y propone pensar esquemas que acompañen trayectorias más fragmentadas, donde la relación con el empleo es menos lineal. La lógica tradicional, centrada en un vínculo único y estable, pierde capacidad para describir lo que ocurre en la práctica.

El problema de la distribución reaparece en un nivel más amplio. “Debe haber un fondo de riqueza pública”, dice a partir de la necesidad de capturar parte del valor generado por la inteligencia artificial. La discusión incluye también la estructura impositiva, donde se plantea la posibilidad de desplazar la carga desde el trabajo hacia las ganancias asociadas a la productividad tecnológica.

El episodio no organiza estas ideas como un programa cerrado, pero sí delimita un terreno donde el trabajo deja de ser una categoría estable y se convierte en un campo en transformación. “Tenemos que pensar el trabajo del futuro”, dice Lorenzetti. La relación entre tecnología, empleo y vida social entra en una fase donde las certezas son cada vez más escasas y las decisiones más urgentes.

Todos los lunes a las 9, un nuevo episodio de El podcast de Ricardo Lorenzetti en Infobae y Spotify.