El precio del euro en Colombia cerró la jornada del 8 de abril de 2026 en un promedio de $4.257,72, lo que representó una subida de 0,95 frente al día anterior, equivalente a una variación diaria de +0,02%. Durante la sesión, la divisa europea alcanzó un máximo de $4.319,62 y un mínimo de $4.239,54, reflejando una volatilidad moderada en el cruce EUR/COP.
Si bien no se registraron máximos históricos, el alza en su valor responde a una combinación de factores internacionales, como las expectativas sobre la política monetaria en Estados Unidos y la inestabilidad en los mercados globales, junto con elementos locales que influyen en la oferta y demanda de divisas. En las casas de cambio, el euro se cotizó en un rango de $4.360 para la compra y $4.530 para la venta.
Si consideramos los datos de los últimos siete días, el euro marca un ascenso 0,76%; pero desde hace un año aún acumula una disminución del 10,87%.
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En cuanto a las variaciones de este día con respecto a jornadas pasadas, invirtió el valor de la sesión previa, en el que obtuvo un descenso del 1,67%, mostrándose incapaz de consolidar una tendencia clara. La volatilidad referente a estos siete días es manifiestamente superior a la cifra lograda para el último año (17,08%), lo que indica que está pasando por una fase de inestabilidad.
Análisis de mercado
El arranque de la jornada financiera está marcado por una recomposición del riesgo global que favorece, en primera instancia, a las monedas emergentes y, de manera indirecta, al peso colombiano frente al dólar. La distensión en Medio Oriente, tras el acuerdo temporal impulsado por Donald Trump y la apertura de Irán a garantizar el tránsito en el Estrecho de Ormuz, introduce un alivio inmediato en los mercados energéticos. La caída del crudo hacia la zona de los 90 dólares por barril reduce las presiones inflacionarias globales y, en consecuencia, modera la demanda por activos refugio como el dólar, lo que abre espacio para una apreciación relativa de monedas como el peso colombiano.
Este ajuste en el precio del petróleo tiene implicaciones directas sobre Colombia. Si bien un crudo más bajo puede presionar los ingresos fiscales y externos del país, en el corto plazo el efecto dominante es la relajación inflacionaria, lo que reduce la presión sobre el Banco de la República para mantener tasas elevadas. En ese contexto, el tipo de cambio podría encontrar un equilibrio más estable, con un dólar menos fortalecido globalmente y un peso que se beneficia de un entorno de mayor apetito por riesgo.
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Desde la óptica monetaria internacional, el foco está puesto en la Reserva Federal. La publicación de las minutas del Fomc y los datos de inflación subyacente y PCE serán determinantes para calibrar el rumbo de las tasas. El mercado empieza a internalizar recortes hacia mediados del próximo año, escenario que, de confirmarse, debilitaría estructuralmente al dólar. Para economías emergentes como Colombia, esto implica una ventana de entrada de capitales y fortalecimiento cambiario, siempre que los fundamentos locales acompañen.
Europa, por su parte, muestra un respiro parcial. La menor presión energética reduce las expectativas de endurecimiento por parte del Banco Central Europeo, aunque los indicadores de actividad, como el PMI en Francia, continúan en terreno contractivo. Este desacople entre inflación y crecimiento sugiere que el euro podría mantenerse relativamente estable, sin ejercer presiones adicionales sobre el dólar, lo que refuerza el escenario de una divisa estadounidense menos dominante en el corto plazo.
En Asia, la narrativa es distinta. China continúa evidenciando una desaceleración progresiva, con señales de debilidad en la demanda interna y en sectores estratégicos. Este factor limita el impulso de los commodities a mediano plazo, lo que podría afectar monedas vinculadas a exportaciones, incluido el peso colombiano. Japón, en contraste, muestra una dinámica más equilibrada, con crecimiento salarial que podría sostener el consumo, aunque sigue expuesto a choques externos, especialmente energéticos.
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A nivel local, el panorama introduce elementos mixtos. Las medidas anunciadas por el presidente Gustavo Petro para aliviar las condiciones crediticias buscan estimular la economía, pero también generan interrogantes sobre la sostenibilidad fiscal. La insistencia en una nueva ley de financiamiento y la advertencia de una posible emergencia económica añaden ruido político, factor que históricamente impacta la percepción de riesgo país y, por ende, la tasa de cambio.