El podcast de Ricardo Lorenzetti: la arquitectura del trabajo en el siglo XXI

El episodio analiza cómo el modelo de empleo estable pierde centralidad frente a formas de trabajo más fragmentadas, flexibles e inestables, y examina sus efectos sobre la identidad laboral, la organización de la vida y las posibilidades de movilidad social

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Cuando se habla de trabajo, muchas veces se lo hace en términos heredados de la Revolución Industrial, explica Ricardo Lorenzetti en “La arquitectura del trabajo en el siglo XXI”, el último episodio de su podcast. Una jornada estable, un empleo continuo, protección social, previsibilidad. Ese esquema sigue operando como referencia, pero ya no describe lo que ocurre en la práctica.

El desajuste entre modelo y realidad atraviesa todo el capítulo y permite entender la magnitud del cambio. Lorenzetti dice que ese tipo de empleo “se aplica a una porción cada vez más pequeña”, mientras crecen otras formas de trabajo más inestables y difíciles de encuadrar. El empleo no registrado, el trabajo independiente y las actividades múltiples dejan de ser excepciones para convertirse en parte central del sistema laboral, en un contexto donde sostener ingresos requiere cada vez más flexibilidad y adaptación.

La expansión del cuentapropismo aparece como uno de los rasgos más visibles de esta transformación. No se trata únicamente de trabajadores que salen del sistema formal, sino de nuevas formas de inserción vinculadas a plataformas digitales, servicios y economías fragmentadas. Así, la distinción entre empleado y empleador pierde claridad y se vuelve más ambigua. Lorenzetti dice que hay “una mezcla cada vez más difusa entre el empleado y empresario”, donde una misma persona gestiona su trabajo, sus ingresos y su riesgo, sin las estructuras que antes organizaban esa relación.

Esa transformación tiene efectos directos sobre la organización de la vida: el trabajo deja de cumplir la función de estructurar el tiempo y ordenar la rutina cotidiana. “No es un trabajo que ordene la vida”, dice, y esa afirmación condensa un cambio más amplio: la pérdida de previsibilidad. Los horarios se vuelven variables, las jornadas se extienden o se fragmentan y la frontera entre trabajo y vida personal se vuelve cada vez más difusa, en un contexto donde la estabilidad deja de ser una referencia.

Lorenzetti señala que “la gente tiene que hacer varias cosas al mismo tiempo”, no como una elección sino como una condición para sostener ingresos. Esa multiplicidad de actividades, el “pluriempleo”, redefine la experiencia laboral y también la forma en que se proyecta el futuro, que deja de apoyarse en una trayectoria continua para depender de ajustes constantes.

El cambio alcanza también a la dimensión identitaria. Durante gran parte del siglo XX, el trabajo funcionó como un eje de pertenencia que organizaba la vida social y personal. Hoy esa función se debilita. “No es un trabajo que brinde identidad”, afirma, al describir recorridos más fragmentados, donde la idea de carrera pierde consistencia y la experiencia laboral se vuelve más inestable y menos estructurada.

Esa pérdida de referencia impacta en la movilidad social. El vínculo entre educación, profesión y progreso se vuelve más incierto en un escenario donde incluso trayectorias tradicionalmente estables dejan de ofrecer garantías. Lorenzetti plantea que hay profesiones que “no garantizan por sí mismas el progreso”, lo que introduce una ruptura en una de las promesas centrales del modelo laboral del siglo XX.

pocast de Ricardo Lorenzetti

A ese cuadro se suma una exigencia creciente sobre el individuo. “Hay una autoexplotación muy fuerte”, dice, en relación con la presión que implica sostener una actividad sin redes de contención. La flexibilidad aparece asociada a una carga permanente, donde el tiempo de trabajo se expande y la responsabilidad se desplaza hacia la persona, que debe gestionar su propio sostén económico en un entorno incierto.

A partir de ese diagnóstico, el enfoque se desplaza hacia un plano más amplio. “Hay que dejar de mencionar el tema del trabajo y hablar de la persona”, plantea, para señalar que la discusión ya no puede limitarse al empleo. El problema pasa a ser cómo se sostienen las trayectorias de vida en un contexto donde el trabajo deja de garantizar estabilidad, continuidad e integración social.

Ese desplazamiento conecta con la cuestión de la gobernabilidad. El cambio en la arquitectura del trabajo no es solo económico, sino también social y político. Lorenzetti advierte que “es mucho más rápida la destrucción de empleo que la creación”, lo que introduce un desfasaje estructural que puede generar tensiones si no se anticipa con políticas adecuadas. La transformación no es gradual ni equilibrada, y eso redefine las condiciones en las que operan las instituciones.

En ese marco, el episodio introduce la necesidad de repensar las respuestas. “Se necesita formación continua”, dice, junto con la capacidad de adaptación como condición estructural en un sistema laboral en transformación. Al mismo tiempo, señala que estas discusiones todavía no ocupan un lugar central en la agenda pública, a pesar de que el cambio ya está en curso.

El capítulo organiza así una lectura del presente donde el trabajo deja de ser una estructura estable que organiza la vida y pasa a ser un sistema más fragmentado, más exigente y más incierto. “El trabajo está cambiando de manera estructural”, afirma, y con ese cambio se reconfiguran no solo las condiciones laborales, sino también las formas de integración social y las bases sobre las que se construye la estabilidad en el siglo XXI.

Todos los lunes a las 9, un nuevo episodio de El podcast de Ricardo Lorenzetti en Infobae y Spotify.