El precio del euro se hundió en Colombia y acumuló otra jornada en rojo, así cerró la jornada del 13 de marzo

La divisa europea cayó más de $46 en el mercado colombiano y completó su segunda jornada consecutiva a la baja, en medio de un escenario internacional marcado por presiones inflacionarias y señales de desaceleración económica

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Las presiones inflacionarias globales y
Las presiones inflacionarias globales y tensiones geopolíticas influyen en la cotización del euro y del peso colombiano - crédito Kai Pfaffenbach/REUTERS

El precio del euro en Colombia cerró la jornada del 13 de marzo de 2026 en un promedio de $4.217,72, lo que representó una caída de 46,14 frente al día anterior, equivalente a una variación diaria de -1,08%. Durante la sesión, la divisa europea alcanzó un máximo de $4.269,02 y un mínimo de $4.204,01, reflejando una volatilidad moderada en el cruce EUR/COP.

Si bien no se registraron máximos históricos, el alza en su valor responde a una combinación de factores internacionales, como las expectativas sobre la política monetaria en Estados Unidos y la inestabilidad en los mercados globales, junto con elementos locales que influyen en la oferta y demanda de divisas. En las casas de cambio, el euro se cotizó en un rango de $4.360 para la compra y $4.530 para la venta.

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La producción industrial de la
La producción industrial de la eurozona cayó 1,5% en enero de 2026, afectando la estabilidad económica y la fortaleza del euro - crédito Federico Gambarini/EFE

Si consideramos los datos de los últimos siete días, el euro acumula una disminución 2,95% y en términos interanuales todavía mantiene un descenso del 9,21%.

En relación a días pasados, encadenó dos jornadas sucesivas en rojo. La volatilidad referente a estos siete días fue de 16,85%, que es una cifra ligeramente superior al dato de volatilidad anual (16,79%), presentándose como un activo con mayores cambios de lo previsible.

Análisis de mercado

El euro y el peso colombiano se mueven hoy en un entorno internacional particularmente complejo, marcado por presiones inflacionarias persistentes, tensiones geopolíticas y señales de desaceleración en varias economías relevantes. Estos factores están redefiniendo las expectativas de política monetaria y, al mismo tiempo, alteran los flujos de capital hacia mercados emergentes como Colombia.

Desde la perspectiva europea, el desempeño económico reciente introduce nuevos desafíos para la estabilidad del euro. La producción industrial de la eurozona registró una contracción del 1,5% en enero de 2026, muy lejos de la expansión del 1,4% que esperaba el mercado. La debilidad se concentró en sectores clave: los bienes de consumo cayeron 6%, mientras que los bienes de capital retrocedieron 2,3%. Aunque el sector energético logró crecer 4,7%, el deterioro de las principales economías del bloque, en especial Alemania e Italia, confirma que la recuperación industrial europea sigue siendo frágil.

El incremento del índice de
El incremento del índice de precios en Estados Unidos podría retrasar el recorte de tasas hasta septiembre, manteniendo la presión sobre monedas emergentes como el peso colombiano - crédito Dado Ruvic/REUTERS

Este panorama genera presiones indirectas sobre el euro, pues una economía industrial debilitada limita la capacidad del Banco Central Europeo para mantener una política monetaria restrictiva por demasiado tiempo. En paralelo, la incertidumbre energética y el encarecimiento de insumos continúan afectando la competitividad manufacturera del continente.

El contexto global tampoco favorece una relajación monetaria rápida. En Estados Unidos, el índice de precios subyacente del gasto en consumo personal, una de las métricas de inflación preferidas por la Reserva Federal, creció 3,1% anual y 0,4% mensual, en línea con las previsiones. Este comportamiento refuerza la idea de que el recorte de tasas podría retrasarse hasta septiembre, prolongando el ciclo de tasas altas y manteniendo la presión sobre monedas emergentes.

Para economías como la colombiana, esta combinación de tasas elevadas en Estados Unidos y volatilidad energética tiene implicaciones directas sobre el peso colombiano. La persistencia de condiciones financieras restrictivas reduce el apetito global por riesgo y limita la entrada de capitales hacia mercados emergentes, lo que tiende a presionar las monedas locales.

En el caso de Colombia, el escenario fiscal agrega una capa adicional de incertidumbre. El Plan Financiero del Gobierno para 2026 proyecta un crecimiento económico de 2,6% y un recaudo tributario cercano a $322,2 billones. Sin embargo, estas estimaciones parten de un precio promedio del petróleo de USD59,2 por barril, muy por debajo de los niveles actuales cercanos a USD90.

El nuevo impuesto al patrimonio,
El nuevo impuesto al patrimonio, creado para recaudar $8,3 billones, eleva la carga fiscal para 15.000 empresas y preocupa a inversionistas sobre la economía colombiana - crédito Dado Ruvic/REUTERS

En teoría, este diferencial podría representar ingresos adicionales cercanos a $40 billones. No obstante, el Gobierno optó por reforzar su estrategia fiscal mediante la creación de un impuesto al patrimonio dirigido a unas 15.000 empresas, con el objetivo de recaudar cerca de $8,3 billones adicionales.

El problema es que esta medida podría elevar la carga tributaria de ciertos sectores por encima del 80%, lo que genera preocupación entre inversionistas y analistas. En un contexto internacional volátil, una presión fiscal elevada podría afectar la inversión privada y limitar el crecimiento potencial de la economía.

A esto se suma el desafío del déficit fiscal. Para reducirlo hasta el 5,1% del PIB, el Gobierno tendría que aplicar un ajuste del gasto cercano a $25 billones. Sin embargo, varios analistas consideran poco realista este objetivo, especialmente si se tiene en cuenta una inflación cercana al 5,8% y un déficit estructural que ya alcanza $136 billones.

En consecuencia, el comportamiento del peso colombiano en los próximos meses dependerá de una combinación de factores externos e internos. Por un lado, el ciclo de tasas de la Reserva Federal y la evolución del mercado energético seguirán influyendo en los flujos de capital hacia América Latina. Por otro, la credibilidad de la estrategia fiscal del país será clave para mantener la confianza de inversionistas internacionales.