
El cáncer del recto es un cáncer que comienza en el recto. El recto consiste en los últimos centímetros del intestino grueso. Comienza al final del último segmento del colon y termina cuando llega al corto y estrecho pasaje que lleva al ano.
El cáncer dentro del recto (cáncer del recto) y el cáncer dentro del colon (cáncer de colon) a menudo se denominan juntos "cáncer colorrectal".
Mientras que los cánceres del recto y de colon son similares en muchos aspectos, sus tratamientos son bastante diferentes. Esto se debe principalmente a que el recto se encuentra en un espacio estrecho, apenas separado de otros órganos y estructuras. El espacio reducido puede hacer que la cirugía para eliminar el cáncer del recto sea compleja.
En el pasado, la supervivencia a largo plazo era poco común para las personas con cáncer del recto, incluso después de un tratamiento extensivo. Gracias a los avances en el tratamiento en las últimas décadas, las tasas de supervivencia del cáncer del recto han mejorado mucho.
Síntomas
Los signos y síntomas del cáncer del recto incluyen los siguientes:
Un cambio en los hábitos intestinales, como la diarrea, el estreñimiento o evacuaciones más frecuentes
Sangre de color bermellón oscuro o rojo brillante en las heces
Heces estrechas
Una sensación de que el intestino no se vacía por completo
Dolor abdominal
Pérdida de peso sin causa aparente
Debilidad o fatiga
Cuándo debes consultar a un médico
Pide una cita con el médico si tienes síntomas o signos persistentes que te estén preocupando.

Factores de riesgo
Los factores que pueden aumentar el riesgo de tener cáncer del recto son los mismos que los que aumentan el riesgo de tener cáncer de colon. Algunos de los factores de riesgo del cáncer colorrectal son los siguientes:
Edad avanzada. El cáncer colorrectal se puede diagnosticar a cualquier edad, pero la mayoría de las personas con este tipo de cáncer son mayores de 50 años. La tasa de incidencia de cáncer colorrectal en personas menores de 50 años ha aumentado, pero los médicos no están seguros del motivo.
Ascendencia afroamericana. Las personas de ascendencia africana nacidas en los Estados Unidos corren un mayor riesgo de tener cáncer colorrectal que las personas de ascendencia europea.
Antecedentes personales de cáncer colorrectal o pólipos. El riesgo de presentar cáncer colorrectal es mayor si tuviste cáncer del recto, cáncer de colon o pólipos adenomatosos.
Enfermedad intestinal inflamatoria. Las enfermedades inflamatorias crónicas del colon y del recto, como la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn, aumentan el riesgo de tener cáncer colorrectal.
Síndromes hereditarios que aumentan el riesgo de tener cáncer del recto. Los síndromes genéticos que se transmiten a través de las generaciones de la familia pueden aumentar el riesgo de tener cáncer de colon y cáncer del recto, como poliposis adenomatosa familiar y el síndrome de Lynch.
Antecedentes familiares de cáncer colorrectal. Es más probable que tengas cáncer colorrectal si alguno de tus padres, hermanos o hijos tiene cáncer de colon o cáncer del recto.
Bajo consumo de verduras. El cáncer colorrectal podría estar asociado a una alimentación en la que se incorporen pocas verduras y mucha carne roja, sobre todo si la carne está bien cocida o demasiado cocida.
Muy poco ejercicio. Si eres una persona inactiva, corres un alto riesgo de presentar cáncer colorrectal. Realizar actividad física con regularidad puede reducir el riesgo de contraer este cáncer.
Diabetes. Las personas que no se controlan la diabetes tipo 2 de manera adecuada corren un mayor riesgo de tener cáncer colorrectal.
Obesidad. Las personas que tienen obesidad corren un mayor riesgo de tener cáncer colorrectal que las personas que se considera que tienen un peso saludable.
Tabaquismo. Las personas que fuman corren un mayor riesgo de tener cáncer colorrectal.
Consumo de alcohol. Beber más de tres bebidas alcohólicas a la semana con regularidad puede aumentar el riesgo de tener cáncer colorrectal.
Radioterapia para tratar cánceres anteriores. La radioterapia dirigida al abdomen para tratar cánceres anteriores puede aumentar el riesgo de presentar cáncer colorrectal.
Diagnóstico
Pruebas para diagnosticar el cáncer del recto
El cáncer del recto se puede encontrar durante un examen de detección de cáncer colorrectal. O se puede sospechar en base a tus síntomas. Las pruebas y los procedimientos que se realizan para confirmar el diagnóstico son los siguientes:
Uso de un endoscopio para examinar el interior del colon y el recto (colonoscopia). Para la colonoscopia, se utiliza un tubo largo y flexible (colonoscopio) conectado a una cámara de video y un monitor para ver el colon y el recto. Si se detecta cáncer en el recto, el médico puede recomendar que se examine el colon para buscar otras áreas sospechosas.
Extracción de una muestra de tejido para analizarla (biopsia). Si se encuentran áreas sospechosas, el médico puede pasar instrumentos quirúrgicos a través del colonoscopio para tomar muestras de tejido (biopsias) para analizarlas y extirpar pólipos.
La muestra de tejido se envía a un laboratorio para que la examinen médicos especializados en el análisis de sangre y tejidos corporales (patólogos). Las pruebas pueden determinar si las células son cancerosas, si son agresivas y qué genes de las células cancerosas son anormales. El médico utiliza esta información para conocer tu pronóstico y determinar tus opciones de tratamiento.
Pruebas para detectar la diseminación del cáncer del recto
Una vez que recibes el diagnóstico de cáncer del recto, el siguiente paso consiste en determinar la fase (el estadio) del cáncer. La etapa del cáncer ayuda a determinar tu pronóstico y tus opciones de tratamiento.
Las pruebas de estadiaje incluyen:
Hemograma completo. Esta prueba informa sobre el número de diferentes tipos de células en la sangre. Un hemograma completo muestra si el recuento de glóbulos rojos es bajo (anemia), lo que sugiere que un tumor está causando pérdida de sangre. Un alto nivel de glóbulos blancos es un signo de infección, lo cual es un riesgo si un tumor rectal crece a través de la pared del recto.
Análisis de sangre para medir la función de los órganos. Un panel químico es un análisis de sangre para medir los niveles de diferentes sustancias químicas en la sangre. Los niveles anormales de algunas de estas sustancias químicas pueden sugerir que el cáncer se ha extendido al hígado. Los altos niveles de otras sustancias químicas pueden indicar problemas con otros órganos, como los riñones.
Antígeno carcinoembrionario. Los cánceres a veces producen sustancias llamadas marcadores tumorales que pueden ser detectados en la sangre. Uno de estos marcadores, el antígeno carcinoembrionario, puede ser más alto de lo normal en personas con cáncer colorrectal. Las pruebas de antígeno carcinoembrionario son particularmente útiles para controlar tu respuesta al tratamiento.
Tomografía computarizada del pecho. La prueba por imágenes ayuda a determinar si el cáncer del recto se ha diseminado a otros órganos, como el hígado y los pulmones.
Resonancia magnética de la pelvis. Una resonancia magnética proporciona una imagen detallada de los músculos, órganos y otros tejidos que rodean un tumor en el recto. Una resonancia magnética también muestra los ganglios linfáticos cerca del recto y diferentes capas de tejido de la pared rectal.
El médico utiliza la información de estas pruebas para asignarle un estadio a tu cáncer. Las etapas del cáncer del recto se indican con números romanos que van de 0 a IV. La etapa más baja indica un cáncer que se limita al revestimiento del interior del recto. Cuando alcanza la etapa IV, el cáncer se considera avanzado y se ha diseminado (ha hecho metástasis) a otras áreas del cuerpo.

Tratamiento
El tratamiento del cáncer del recto suele consistir en una combinación de terapias. Cuando es posible, se utiliza la cirugía para quitar las células cancerosas. Se pueden utilizar otros tratamientos, como la quimioterapia y la radioterapia, después de la cirugía para destruir cualquier célula cancerosa que haya quedado y reducir el riesgo de que el cáncer regrese.
Si a los cirujanos les preocupa que el cáncer no se pueda extirpar completamente sin dañar estructuras y órganos cercanos, el médico puede recomendarte una combinación de quimioterapia y radioterapia como tu tratamiento inicial. Estos tratamientos combinados pueden reducir el cáncer y facilitar su eliminación durante una operación.
Cirugía
El cáncer del recto generalmente se trata con cirugía para extirpar las células cancerosas. Qué operación es mejor para ti depende de tu situación particular, como la ubicación y el estadio de tu cáncer, el grado de agresividad de las células cancerosas, tu estado de salud en general y tus preferencias.
Las operaciones utilizadas para tratar el cáncer del recto incluyen las siguientes:
Extirpar cánceres muy pequeños del interior del recto. Los cánceres del recto muy pequeños pueden extraerse utilizando un colonoscopio u otro tipo de endoscopio especializado que se inserta a través del ano (escisión local transanal). Se pueden pasar herramientas quirúrgicas a través del microscopio para eliminar el cáncer y parte del tejido sano a su alrededor. Este procedimiento puede ser una opción si tu cáncer es pequeño y es poco probable que se extienda a los ganglios linfáticos cercanos. Si mediante un análisis de laboratorio se determina que las células cancerosas son agresivas o que tienen más probabilidades de diseminarse a los ganglios linfáticos, tu médico puede recomendar una cirugía adicional.
Extirpar todo o parte del recto. Los cánceres del recto más grandes que están lo suficientemente lejos del canal anal pueden ser extirpados en un procedimiento (resección anterior baja) que elimina todo o parte del recto. También se extirpan el tejido y los ganglios linfáticos cercanos. Este procedimiento preserva el ano para que los desechos puedan salir del cuerpo normalmente. La forma en que se realiza el procedimiento depende de la ubicación del cáncer. Si el cáncer afecta la parte superior del recto, esa parte del recto se extirpa y luego el colon se conecta con el resto del recto (anastomosis colorrectal). Se puede extirpar todo el recto si el cáncer está localizado en la parte inferior. El colon, con forma de bolsa, se une al ano (anastomosis coloanal).
Extirpar el recto y el ano. En el caso de los cánceres del recto que se localizan cerca del ano, puede que no sea posible extirpar completamente el cáncer sin dañar los músculos que controlan las deposiciones. En estas situaciones, los cirujanos pueden recomendar una operación llamada resección abdominoperineal para extirpar el recto, el ano y parte del colon, así como los tejidos y los ganglios linfáticos cercanos. El cirujano crea una abertura en el abdomen y une el colon restante (colostomía). Los desechos salen de tu cuerpo por la abertura y se acumulan en una bolsa que se adhiere a tu abdomen.
Quimioterapia
En la quimioterapia, se utilizan medicamentos para destruir las células cancerosas. En el caso del cáncer del recto, podría recomendarse quimioterapia después de la cirugía para destruir cualquier célula cancerosa que hubiera quedado.
Asimismo, la quimioterapia combinada con la radioterapia podría usarse antes de una operación para reducir un cáncer de gran extensión, de modo que sea más fácil de extirpar con cirugía.
La quimioterapia también se puede usar para aliviar los síntomas del cáncer del recto que no se puede extirpar con cirugía o que se ha diseminado a otras partes del cuerpo.
Radioterapia
La radioterapia utiliza fuentes de energía poderosas, como rayos X y protones, para destruir las células cancerosas. En las personas con cáncer del recto, la radioterapia se combina a menudo con la quimioterapia, lo que hace que las células cancerosas tengan más probabilidades de resultar dañadas por la radiación. Se puede usar después de la cirugía para matar cualquier célula cancerosa que pueda quedar. O se puede usar antes de la cirugía para reducir un cáncer y hacer más fácil su eliminación.
Cuando la cirugía no es una opción, se puede usar radioterapia para aliviar los síntomas, como el dolor.
Combinación de quimioterapia y radioterapia
La combinación de quimioterapia y radioterapia (quimiorradioterapia) hace que las células cancerosas sean más vulnerables a la radiación. Esta combinación se suele utilizar para los cánceres del recto más extendidos y los que tienen un mayor riesgo de regresar después de la cirugía.
Se puede recomendar la quimiorradioterapia en los siguientes casos:
Antes de la cirugía. La quimiorradioterapia puede ayudar a reducir el cáncer lo suficiente como para hacer posible una cirugía menos invasiva. El tratamiento combinado puede aumentar la posibilidad de que la operación deje la zona anal intacta para que los desechos puedan salir del cuerpo normalmente después de la cirugía.
Después de la cirugía. Si la cirugía fue tu primer tratamiento, el médico puede recomendarte la quimiorradioterapia posteriormente si hay un mayor riesgo de que el cáncer regrese.
Como tratamiento primario. Tu médico puede recomendar la quimiorradioterapia para controlar el crecimiento del cáncer si tu cáncer del recto está avanzado o si la cirugía no es una opción.
Terapia con medicamentos con diana específica
Los tratamientos con medicamentos con diana específica se enfocan en anomalías específicas presentes dentro de las células cancerosas. Al bloquear estas anomalías, los tratamientos con medicamentos con diana específica pueden producir la muerte de las células cancerosas.
Los medicamentos con diana específica generalmente se combinan con quimioterapia. Los medicamentos con diana específica suelen reservarse para personas con cáncer del recto.
Inmunoterapia
La inmunoterapia es un tratamiento farmacológico que utiliza tu sistema inmunitario para combatir el cáncer. El sistema inmunitario que lucha contra las enfermedades de tu cuerpo puede no atacar el cáncer porque las células cancerosas producen proteínas que las ayudan a esconderse de las células del sistema inmunitario. La inmunoterapia interfiere en ese proceso.
La inmunoterapia generalmente se reserva para el cáncer del recto avanzado.
Cuidados de apoyo (paliativos)
Los cuidados paliativos se centran en proporcionar alivio del dolor y otros síntomas de una enfermedad grave. Los especialistas en cuidados paliativos trabajan contigo, con tu familia y con tus otros médicos para brindar un apoyo adicional que complementa tu atención en curso.
Un equipo de médicos, enfermeros y otros profesionales debidamente preparados se encarga de proporcionar los cuidados paliativos. Los equipos de atención paliativa tienen como objetivo mejorar la calidad de vida de las personas con cáncer y de sus familiares. Este tipo de atención médica se brinda junto con los tratamientos curativos o de otro tipo que puedas estar recibiendo.
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