Un médico del Ministerio de Salud de Nicaragua contó que este año le exigen asistir al acto del 19 de julio en la Plaza de la Fe y llevar un acompañante. Su caso integra cuatro testimonios recogidos por Confidencial.digital sobre una nueva disposición del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
El acto conmemora el 47 aniversario del triunfo de la Revolución Sandinista de 1979. El regreso a la Plaza de la Fe, con más capacidad que la Plaza de la República, llevó al régimen a exigir que cada empleado público garantice al menos un asistente adicional para el acto central del Frente Sandinista de Liberación Nacional.
En algunos casos, la cuota llega a dos acompañantes por trabajador. Según los testimonios recogidos por Confidencial.digital, el objetivo es llenar el recinto, o al menos que se vea lleno en las transmisiones de televisión y en las pantallas gigantes instaladas en municipios de todo el país.
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Cómo funciona el control para asistir al acto
El mecanismo de control se formalizó este año. Según los testimonios recopilados por Confidencial.digital, cada trabajador debe inscribirse en una lista con su número de cédula y registrar también el nombre y documento de identidad de quien lo acompañará.
El día del acto, los empleados son citados en un punto de encuentro para abordar buses asignados. Al ingresar a la plaza, solo pueden portar la cédula y el celular: sin gorras, sin gafas, sin agua, con camiseta blanca sin leyendas, pantalón azul y zapatos cómodos. Se pasa lista al inicio y al final para verificar quién llegó y quién permaneció hasta el último discurso.
César, un trabajador del Gobierno que eligió ese seudónimo para proteger su identidad, estimó la cuota total en 57,000 participantes. “Quieren llenar la plaza con los obligados”, dijo a Confidencial.digital.
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Añadió que, a su entender, el objetivo político es mostrar fuerza de cara al proceso electoral que el régimen pretende organizar en 2027.
La presión sobre docentes y estudiantes
Anselmo, docente de una universidad confiscada por el Estado, recibió la instrucción de llevar a dos estudiantes que no pertenezcan a la Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua, la organización estudiantil oficialista.
“A los chavalos no les gusta ir, por el trajín que significa todo eso”, explicó a Confidencial.digital. El profesor distinguió entre pedirle un favor a un amigo y pedírselo a alguien con quien solo existe una relación académica.
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“Soy su profesor, no su amigo para pedirles estos ‘favores’”, señaló.
Las restricciones para quienes intentan excusarse
Jimena, maestra del Ministerio de Educación, contó que varias colegas intentaron eximirse por problemas de salud. La respuesta oficial fue que quienes padezcan hipertensión, gripe o asma deben llevar sus medicamentos. Las únicas exoneradas son las embarazadas.
A ella le preocupa el regreso. El año pasado, salir de la plaza implicó volver a casa después de la medianoche. Una colega quiso ir en moto con su marido para asegurar el viaje de vuelta, pero no se lo permitieron.
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Tampoco hubo internet durante el evento, “por seguridad”, ni fue posible levantarse del lugar asignado durante la actividad. Jimena dijo que no está de acuerdo, pero que asistirá para conservar su empleo.
“Tengo un título universitario. La verdad es que no me gusta ir a esas cosas”, dijo a Confidencial.digital.
El empleo estatal como condicionante
Félix, médico general, explicó a Confidencial.digital por qué la mayoría de sus colegas termina cediendo ante estas exigencias. El sueldo del Ministerio de Salud es el ingreso principal de gran parte del personal, incluso para quienes tienen consultorio privado.
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Además, figurar en la nómina estatal otorga respaldo crediticio a quienes pagan cuotas de vivienda o vehículo. “Por eso es que la mayoría cede ante todos estos abusos”, resumió.
Félix señaló que este año el control es mayor que en ediciones anteriores: lista con número de cédula, punto de encuentro obligatorio y bus asignado. No tiene a quién llevar como acompañante, pero prefiere presentarse solo antes que faltar.