La decisión de excluir a Nicaragua del renovado esquema de seguridad regional promovido por Estados Unidos ha intensificado el aislamiento del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo respecto a sus vecinos centroamericanos.
De acuerdo a una nota publicada en el periódico 100% Noticias, el nuevo “Escudo de las Américas” busca reforzar la cooperación contra el narcotráfico, el crimen organizado y la migración irregular, pero Managua quedó fuera del pacto.
Esta exclusión se produce mientras países como Costa Rica, El Salvador, Honduras, Panamá, Guatemala, Belice y República Dominicana mantienen o amplían sus lazos de seguridad con Washington.
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Todos los miembros del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) fueron invitados a participar en la iniciativa, excepto Nicaragua.
La pregunta sobre por qué Nicaragua fue marginada encuentra respuesta en la naturaleza de sus vínculos políticos y estratégicos con Rusia y China, considerados rivales geopolíticos de Estados Unidos.
Para la administración estadounidense, estos nexos resultan incompatibles con la nueva etapa de cooperación hemisférica que exige compromisos claros en materia de seguridad.
Cooperación militar y acuerdos en Centroamérica
Honduras ocupa un lugar singular en la región al conservar la única base con presencia militar permanente de Estados Unidos en Centroamérica.
Al menos 400 militares estadounidenses forman parte de la Fuerza de Tarea Conjunta-Bravo en la Base Aérea Soto Cano, operando junto a personal civil y colaborando en tareas que van desde la lucha contra el crimen organizado transnacional hasta la asistencia humanitaria y la respuesta ante desastres.
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En Panamá, los acuerdos bilaterales han sido reforzados para proteger el Canal interoceánico y combatir el tráfico de drogas. La presencia temporal y rotativa de fuerzas estadounidenses en instalaciones panameñas ha suscitado debates en el ámbito político, dados los antecedentes históricos de la presencia militar extranjera en ese país.
Estados Unidos mantiene además convenios de seguridad con Costa Rica —mediante operaciones conjuntas de sus servicios de Guardacostas en el Pacífico y el Caribe—, y con El Salvador, donde opera un centro de monitoreo enfocado en el combate al tráfico de drogas. República Dominicana, por su parte, participa en operaciones conjuntas contra organizaciones criminales transnacionales.
Aislamiento y relaciones limitadas de Nicaragua
Nicaragua, en contraste, mantiene una relación distante con Washington en materia de seguridad. Aunque la Asamblea Nacional —controlada por el oficialismo— aprueba periódicamente el ingreso de personal militar estadounidense para misiones humanitarias o de emergencia, no existe una cooperación estructurada semejante a la de otros países de la región.
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La exclusión del “Escudo de las Américas” no solo confirma el deterioro de las relaciones bilaterales entre Managua y Washington, sino también la creciente distancia del régimen Ortega-Murillo respecto a los mecanismos regionales liderados por Estados Unidos. La nueva estrategia estadounidense privilegia a aquellos gobiernos dispuestos a fortalecer el control fronterizo, coordinar acciones regionales en materia de seguridad y asumir compromisos más estrictos en temas migratorios.
La decisión de dejar a Nicaragua fuera del esquema regional responde directamente a su alineamiento con potencias rivales y refleja el costo diplomático de mantener alianzas ajenas a los intereses de seguridad hemisférica de Estados Unidos.
De este modo, el país centroamericano se enfrenta a un escenario de aislamiento en una región que, en su mayoría, opta por estrechar la cooperación con Washington.
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