América Latina concentra reservas energéticas, minerales críticos y capacidad alimentaria de escala global, pero la integración que permitiría capitalizarlos sigue siendo una deuda. Christian recorre ese mapa de recursos y explica que, para que el traslado de mercaderías sea más eficiente, se necesitan “más contenedores por barco, puertos con espacios más grandes para que los barcos puedan maniobrar, dragados más profundos para soportar mayor peso”.
América Latina tiene recursos naturales, energía, alimentos, minerales. ¿Por qué no se traduce eso en mayor protagonismo global?
La región tiene soluciones a muchos de los problemas globales. El mundo necesita energía: acá hay energía. Hay reservas de gas no convencional entre las más grandes del mundo, y no solo para abastecer la industria local, sino para exportar a través de gasoductos que podrían llegar a Chile, a Brasil, a Bolivia, que está viendo declinar sus propios yacimientos.
También tenemos minerales críticos para la transición energética. Argentina, Bolivia y Chile concentran una de las reservas de litio más grandes del mundo, clave para todo el uso de baterías. Y desde el punto de vista alimentario, podemos producir mucho más de lo que la región necesita para su propia supervivencia.
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La matriz energética también es mucho más limpia que en otras regiones: nuestra región aporta alrededor del 8 o 10% de los gases de efecto invernadero que genera el mundo. El resto lo generan otros. Entonces hay muchas de las soluciones que el mundo necesita, pero para que se materialicen se necesita integración.
¿Cuál es el estado actual de esa integración y cuáles son las cuentas pendientes más urgentes?
El comercio intrarregional en nuestra región es mucho más bajo de lo que podría ser. Brasil tiene fronteras con nueve países de América Latina y el Caribe. Argentina también tiene muchas. Bolivia está en el centro. Tenemos la posibilidad de comerciar mucho más entre nosotros.
Pero hay problemas concretos: en las aduanas, en la facilitación del comercio, en las cadenas logísticas, en la conectividad. En algunos lugares faltan puentes. Hay gasoductos que no se construyen, que podrían ayudar a que la energía fluya de una manera mucho más eficiente entre países.
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Si la región estuviera más integrada, podría ser mucho más protagonista en temas de comercio. Necesitamos una conciencia mucho más grande de parte de los líderes que están al frente de los gobiernos, de las empresas y de las provincias que tienen límites con otros países, de que la integración es la manera de resolver los problemas que tiene la región y que tiene el mundo.
En logística e infraestructura, ¿dónde están los nudos críticos?
La logística es clave. Si no estamos conectados logísticamente, entonces no tenemos cadenas de valor, no facilitamos el comercio, no tenemos puertos que funcionen ni aeropuertos que conecten.
Hoy en América Latina y el Caribe se mueven unas 300 millones de personas al año por los aeropuertos. Y en los próximos años esa cifra puede crecer hasta 500 millones. Eso requiere inversiones de logística e infraestructura que permitan conectarse mejor.
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Lo mismo pasa con los puertos. Para que el traslado de mercaderías sea más eficiente, saliendo de Argentina, pasando por Brasil, cruzando el Canal de Panamá y llegando a Asia, cada vez se necesita mayor eficiencia: más contenedores por barco, puertos con espacios más grandes para que los barcos puedan maniobrar, dragados más profundos para soportar mayor peso. Ahí la logística es clave para mejorar el comercio y mejorar la productividad de los países.
¿Qué rol cumplen los bancos de desarrollo en ese proceso?
Son una herramienta muy importante para que los países puedan hacer obras de infraestructura que de otro modo no podrían financiar por sí solos. La pandemia generó déficits enormes: se dejó de producir, se tuvieron que comprar insumos imprevistos, muchas pequeñas y medianas empresas pararon.
En ese contexto, los bancos de desarrollo ayudan a adelantar en el tiempo cosas que, sin ese financiamiento, tardarían mucho más. La selección de proyectos tiene que ver con lo que cada país necesita para desarrollarse: gasoductos que pueden requerir 700 u 800 millones de dólares, obras de agua y saneamiento, puentes que conecten países, cables submarinos que conectan continentes. Todo eso ayuda a mejorar la productividad y la calidad de vida.
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¿Qué mensaje le daría a quienes toman decisiones en el sector privado y público de la región?
En este mundo complejo, con incertidumbre, con guerras, donde el uso de la fuerza vuelve a tener protagonismo y donde muchas veces se dice que el individualismo es la manera de salir adelante, yo creo que trabajar en comunidad es lo fundamental.
Las cadenas logísticas de valor, las cadenas regionales, que las empresas trabajen juntas, que los gobiernos trabajen juntos: eso es lo que permite enfrentar los desafíos que vienen. Y en eso América Latina y el Caribe tiene un rol fundamental para jugar, si todos los jugadores, públicos y privados, se ponen de acuerdo y tienen una visión de futuro.