“Vos cerrás el día con todo impecable y al otro día te encontrás con que hubo una guerra o un puerto cerrado, y tenés que salir a buscar opciones”. Con esa urgencia como constante, Anahí recorre los desafíos de coordinar una cadena de abastecimiento internacional en un sector donde los tiempos de obra no esperan y cada decisión tiene impacto directo en costos y producción.
¿Cuál es el principal desafío de gestionar el comercio internacional en el sector de terminaciones?<b> </b>
El desafío central es articular los tiempos y la dinámica que imponen los factores externos: la coordinación con forwarders, los tiempos de tránsito, las navieras, los puertos, los agentes de carga y la aduana. Todo eso tiene que funcionar en conjunto para cumplir el abastecimiento en tiempo y forma.
¿Cómo impacta la estacionalidad marítima en la operación?
La dinámica fluctúa mucho por períodos de temporada alta en rutas marítimas. La mayoría de las cargas salen de China, y ahí hay fechas festivas en las que el país se para prácticamente. Tenés que coordinar con anticipación para que tu carga salga antes, y evitar que quede en el puerto generando costos porque no hay movimiento de buques.
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Lo mismo pasa con situaciones que no tienen que ver con tu operación directamente. El año pasado, por ejemplo, Brasil concentraba todos los buques por una demanda extraordinaria de autos eléctricos. Eso pegaba directo: las cargas no subían en origen o quedaban en Santos porque el buque necesitaba volver para ese destino. Incluso hubo momentos en que tuvimos que direccionar carga a Uruguay para hacer un multimodal y que ingresara por vía terrestre.
¿Con cuánta anticipación se trabaja la planificación?
Hoy estamos planificando cargas para 2027. Puede parecer mucho, pero hay mucho por hacer antes: la negociación con proveedores de mercadería, con forwarders y con las marítimas para asegurar el espacio. Toda esa planificación se lleva a cabo para poder cumplir con los tiempos que requiere el abastecimiento, ya sea de la compañía o de los clientes que están esperando ese material para llevar adelante una obra.
¿Cómo se maneja la presión del costo del flete?
Hoy estamos en temporada alta y los costos están subiendo. Se estima que en junio el flete va a llegar al doble de lo que fue en mayo. Son gastos que uno tiene que contemplar porque le pegan directamente al costo del producto. Entonces siempre estás negociando entre tiempo y costo, y tomando decisiones rápidas: cómo resolvés el inconveniente pero que no te pegue tanto, porque en definitiva le va a terminar pegando a las ventas.
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¿Cómo cambió el escenario de importaciones en Argentina?
Hoy es bastante más fácil importar que en años anteriores. Venimos de períodos con muchas trabas y frenos, y la realidad es que el escenario cambió: ya no hay SIM ni documentación previa al despacho de importación, lo que hace que todo sea más fluido. Es un buen momento en lo que respecta a aduana e importación en Argentina.
¿Y en exportación, cómo es la dinámica operativa?
En exportación el desafío también es correr contra reloj. El área comercial cierra una venta y promete un tiempo de entrega, y desde la parte operativa hay que salir a cumplirlo. Al cliente no le interesa qué pasó en el medio: la mercadería tiene que llegar en tiempo y forma según el acuerdo. Entonces siempre estás buscando cuál es la mejor oferta al menor costo para trasladar la mercadería hasta donde el cliente la necesita, cuidando que la empresa cumpla con todos los requisitos.
¿Qué perspectivas ves para el sector?
Lo que veo como positivo es que se está digitalizando mucho más, y eso facilita la tarea. Pero también veo como desafío que todo va muy rápido y hay que ir acompañando ese crecimiento. El comercio internacional tiene algo que la tecnología no reemplaza del todo: necesitás una persona que aplique creatividad, que haga el seguimiento, que pueda tomar decisiones cuando aparece algo que no estaba en el plan. Eso es también lo que hace al rubro interesante: nunca sabés con qué desafío nuevo te vas a encontrar.
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