El aumento del precio del petróleo a nivel internacional comienza a trasladarse con fuerza a la logística global, afectando tanto al transporte terrestre como al aéreo y obligando a operadores y gobiernos a activar mecanismos de respuesta.
En países como Brasil, el impacto ya se refleja de forma directa en la operatoria diaria. Desde la Asociación Brasileña de Operadores Logísticos advierten que el diésel representa entre el 30% y el 40% de los costos operativos, lo que amplifica cualquier variación en el precio internacional del crudo.
La consecuencia inmediata es una presión creciente sobre contratos logísticos, tarifas de transporte y planificación operativa, con ajustes que comienzan a trasladarse a lo largo de toda la cadena de suministro.
Transporte terrestre: costos en alza y presión sobre contratos
El impacto en el transporte de cargas por carretera es uno de los más visibles. La suba del combustible no solo incrementa los costos directos, sino que también obliga a revisar estructuras tarifarias previamente acordadas, generando tensiones entre operadores y clientes.
En Brasil, los efectos comenzaron a sentirse pocas semanas después del inicio del conflicto en Medio Oriente, con ajustes contractuales que ya impactan en los servicios logísticos.
Para mitigar este escenario, el gobierno brasileño implementó medidas como la reducción de impuestos sobre combustibles y subsidios a productores e importadores, buscando contener el traslado a precios y sostener la actividad logística.
Sin embargo, desde el sector advierten que estas soluciones tienen alcance limitado y que el problema de fondo sigue siendo la alta dependencia del diésel, lo que abre un debate estructural sobre la necesidad de diversificar la matriz energética del transporte.
Transporte aéreo: riesgo operativo y planificación de contingencias
El impacto no se limita al transporte terrestre. En el segmento aéreo, las alertas son aún más críticas debido a la posible escasez de combustible para aviación.
Desde la Asociación Internacional de Transporte Aéreo señalan que podrían registrarse cancelaciones de vuelos en Europa y Asia si se profundizan las restricciones de suministro, lo que afectaría directamente la logística de carga aérea, especialmente en productos de alto valor o sensibles al tiempo.
Además de buscar fuentes alternativas de abastecimiento, el sector aéreo plantea la necesidad de planes coordinados entre gobiernos, incluyendo posibles esquemas de racionamiento y flexibilización del uso del espacio aéreo para optimizar operaciones.
Este escenario introduce un nuevo nivel de incertidumbre en las cadenas globales, donde la disponibilidad de capacidad aérea es clave para sostener flujos comerciales críticos.
Respuestas fiscales: alivio inmediato con costo económico
Frente a la presión sobre costos logísticos, varios países avanzan con medidas fiscales para amortiguar el impacto.
En Canadá, el gobierno decidió suspender temporalmente impuestos sobre combustibles, incluyendo diésel y combustible de aviación, con el objetivo de reducir el costo por litro y aliviar a transportistas y consumidores. Esta medida busca sostener la competitividad logística en el corto plazo, aunque implica una fuerte caída en la recaudación.
Un enfoque similar se observa en México, donde el gobierno aplica estímulos fiscales al impuesto sobre combustibles para contener los precios. Sin embargo, especialistas advierten que este mecanismo no elimina el costo, sino que lo traslada al plano fiscal, afectando los ingresos públicos y generando presión sobre el presupuesto.
Además, este tipo de políticas puede tener efectos indirectos en la logística, ya que al desacoplar parcialmente el precio real del combustible, se debilitan los incentivos para mejorar la eficiencia energética en el transporte.
Más allá de las respuestas de corto plazo, el escenario actual está acelerando discusiones de fondo en el sector logístico.
En Brasil, desde ABOL plantean la necesidad de avanzar hacia combustibles alternativos como biometano, diésel verde o GNC, así como fortalecer el desarrollo de un sistema multimodal que reduzca la dependencia del transporte carretero.
En Europa, el impulso a nuevas matrices energéticas también gana protagonismo. La creación de alianzas para el desarrollo del hidrógeno limpio busca reducir la exposición a los combustibles fósiles importados y construir cadenas de suministro más resilientes.
Estas iniciativas no solo responden a objetivos ambientales, sino también a una necesidad operativa: reducir la volatilidad de costos logísticos frente a shocks externos.
Una variable crítica para la competitividad logística
El actual escenario confirma que el combustible sigue siendo uno de los principales determinantes de la competitividad logística a nivel global.
La combinación de suba de costos, riesgo de abastecimiento y presión fiscal obliga a repensar tanto las estrategias operativas como las políticas públicas vinculadas al transporte y al comercio exterior.
En el corto plazo, las medidas fiscales y los subsidios permiten amortiguar el impacto. Pero en el mediano y largo plazo, la discusión se traslada hacia la necesidad de construir cadenas de suministro más eficientes, diversificadas y menos dependientes de los combustibles fósiles.
Para el sector logístico, el desafío no es solo adaptarse a un contexto volátil, sino redefinir su estructura para sostener la operación en escenarios cada vez más inciertos.