“Cuando pensamos en gestión logística de salud, tenemos que tener planificado todos los pasos con anticipación: no se puede improvisar”. Con esa premisa como eje, Ezequiel recorre las particularidades que hacen del sector salud uno de los más exigentes para operar: desde las normativas de trazabilidad y frío hasta el liderazgo en momentos críticos.
¿Qué tiene la logística vinculada a productos de salud que la vuelve distinta de cualquier otra industria?
Muchos cometemos el error de pensar que los productos de salud son igual que cualquier otro tipo de mercadería. El producto de salud tiene una impronta con una celeridad atrás de ello: del otro lado no hay un negocio o un lugar de entrega, sino personas que están esperando. Hay una clínica, un hospital, hay profesionales que están necesitando ese producto y, lo más importante, hay pacientes que lo necesitan.
Muchos pensamos que es solamente entregar mercadería, nada más. Pero atrás de todo eso hay una máquina de trabajo importante que hace que todo sea eficiente y llegue en tiempo y forma. No podemos no llegar, porque hay personas que necesitan ese producto.
¿Cuáles son las diferencias técnicas más concretas respecto de otras industrias?
Hay que entender que los productos medicinales tienen trazabilidad, hay productos que son refrigerados, hay productos que se necesitan en una operación. Todo eso tiene normas bien particulares que no las tiene otro tipo de producto.
Cuando pensamos en gestión logística de salud tenemos que tener planificado todos los pasos con anticipación: no se puede improvisar. Qué rutas vamos a tomar, qué tipo de vehículos vamos a necesitar, porque también tienen una especificación técnica y normativas puntuales que no podemos cumplir con cualquier vehículo.
¿Cuál es la industria que más se le parece en términos de procesos?
De mi trayectoria, habiendo pasado por distintos rubros de empresas nacionales y multinacionales muy exigentes, la que más se puede asemejar es la de productos alimenticios. Ellos tienen normas específicas de calidad desde la entrada de la materia prima hasta el producto terminado, desde la manipulación dentro de los almacenes hasta la llegada al cliente. Son muy similares en concepto de tecnología, normas y procesos.
La gran diferencia es que si un producto alimenticio no llega en tiempo y forma, del otro lado no va a haber una cirugía que se tiene que reprogramar, una clínica que se queda sin insumos para atender una guardia, o una persona que está esperando un remedio porque lo necesita de vida o muerte. Esa es la diferencia que lo cambia todo.
¿Cuáles son los errores más comunes cuando se intenta gestionar logística de salud con la lógica de otros sectores?
El error más común es pensar que la logística de salud se gestiona solo del lado del costo. Cuando uno busca eficiencia, la busca del lado de la plata: cómo podemos ahorrar. Y lo que hay que entender es que la logística de salud a veces no admite errores.
Cuando no admite errores, tenemos que planificar con anticipación todo el proceso, todo el sistema, toda esa máquina que hay atrás. Uno cree que puede ser eficiente bajando costos. En realidad, hay cosas que no se negocian.
¿Qué aprendiste sobre liderazgo en momentos de crisis que no aparece en ningún manual?
Lo que aprendí, en mi trayectoria pasando por muchas empresas exigentes, es que primero hay que escuchar. La naturaleza es sabia: nos creó con dos oídos y una boca. Lo asimilo a abrir, escuchar y luego decidir. Y la gente te ve por lo que hacés, no por lo que decís.
El líder tiene que estar presente, escuchar y tomar decisiones, muchas veces con información incompleta o deficiente, y hacerse cargo. Me tocó liderar operaciones durante la pandemia y nunca dejé de estar al lado de la gente, a pesar de que podría haberlo manejado desde otro lugar. Ellos necesitaban verme ahí, codo a codo, dando esa batalla juntos. Un líder que se queda siempre en la oficina pierde esa esencia, esa química que da el estar en la operación.
¿Qué le dirías a alguien que viene de otro sector y quiere liderar una operación de salud?
Lo primero que tiene que conocer son las normativas que implica la gestión de salud. Tiene que ser empático y entender que detrás de un sistema de gestión logística hay personas con responsabilidades y obligaciones, pero más que todo con humanidad. Y tiene que pensar que al final de la cadena hay una persona que está esperando.
En Argentina, cíclicamente suceden situaciones económicas que llevan a exigir ahorros: se recortan entregas, rutas, eficiencias. En cualquier otra industria puede ser una opción. En salud no podemos hacer eso. Tenemos que ser eficientes, seguros, y hacer todo lo posible para que eso no se modifique.