El Canal de Panamá continúa operando con normalidad pese a la transición en dos terminales estratégicas ubicadas en sus accesos, un movimiento que pone a prueba la resiliencia logística de uno de los nodos más relevantes del comercio global.
Mientras la vía interoceánica mantiene su flujo habitual, por donde circula entre el 3% y el 6% del comercio mundial, los puertos de Balboa y Cristóbal atraviesan un cambio de operador tras la anulación judicial de una concesión vigente desde 1997.
La administración del Canal aseguró que la operación de buques se desarrolla “de forma normal y segura”, en coordinación con entidades estatales responsables del sistema portuario. Sin embargo, en tierra firme el escenario es distinto: ambas terminales fueron objeto de un decreto de ocupación para garantizar la continuidad operativa mientras se define un esquema transitorio de gestión.
Impacto en el sistema portuario y la cadena regional
Balboa (Pacífico) y Cristóbal (Atlántico) representan una pieza central del engranaje logístico panameño. En 2025 movilizaron 3,77 millones de unidades, equivalentes al 38 % del total del sistema portuario del país. Su localización en los extremos del Canal los convierte en plataformas críticas para el transbordo regional y la conexión entre rutas Este-Oeste.
La paralización temporal asociada al proceso de transición obligó a implementar revisiones técnicas e inventarios de equipos antes de retomar gradualmente la actividad. Las nuevas administraciones transitorias —filiales de dos de las principales navieras del mundo— fueron seleccionadas en función del volumen de carga que tradicionalmente movilizan en cada costa, con el objetivo explícito de “mantener intacta la cadena de suministros”.
La lógica detrás de esa decisión es operativa: más del 80 % del movimiento en la terminal del Pacífico y más del 90 % en la del Atlántico corresponde a servicios vinculados a esos mismos grupos marítimos. Al mantener la gestión en manos de operadores con presencia directa en los flujos predominantes, se busca minimizar desvíos, congestiones y reprogramaciones logísticas en itinerarios internacionales.
Seguridad jurídica y continuidad logística
El origen del cambio radica en un fallo inapelable de la Corte Suprema panameña que declaró inconstitucional la ley que amparaba la concesión original, así como su prórroga. La decisión abrió un frente de arbitraje internacional ante la Cámara de Comercio Internacional, con sede en París, en un contexto de creciente atención sobre la seguridad jurídica de activos estratégicos.
Desde el punto de vista logístico, el desafío no es solo jurídico sino operativo: los muelles y terrenos pertenecen al Estado, pero buena parte de la maquinaria y sistemas son de propiedad privada. Por ello, la transición incluye inspecciones técnicas detalladas para asegurar la continuidad sin afectar los estándares de seguridad ni los tiempos de atención a buques.
El Gobierno panameño estableció que la operación transitoria se extenderá hasta por 18 meses, período en el que se desarrollará un proceso para adjudicar nuevas concesiones definitivas. Durante ese lapso, la prioridad declarada es evitar interrupciones en un corredor estratégico que conecta 180 rutas marítimas y 1.920 puertos en 170 países.
Un nodo crítico bajo escrutinio global
El Canal de Panamá, con sus 82 kilómetros de extensión, es uno de los principales puntos de articulación de las cadenas de suministro globales. Sus mayores usuarios —Estados Unidos, China y Japón— dependen de su estabilidad para el flujo de materias primas, productos manufacturados y bienes de consumo.
La situación actual evidencia la interdependencia entre infraestructura portuaria y vía navegable. Aunque el tránsito por el Canal no se ha visto afectado, la eficiencia del sistema completo depende de la sincronización entre esclusas, puertos, patios de almacenamiento y servicios terrestres.
Para América Latina, y particularmente para los países que utilizan Panamá como hub de redistribución, cualquier alteración en estas terminales tiene potencial impacto en tiempos de entrega, costos logísticos y planificación de inventarios. La rápida implementación de un esquema transitorio apunta precisamente a blindar esa red frente a riesgos de disrupción.
En un contexto de tensiones geopolíticas y reconfiguración de cadenas globales, la transición en Balboa y Cristóbal se convierte en un caso testigo sobre cómo los Estados gestionan activos estratégicos sin comprometer la continuidad del comercio internacional.