La complejidad invisible de asegurar que una operación cruce la frontera

Diego Gómez, agente de transporte aduanero, comparte su experiencia sobre el trabajo cotidiano con la Aduana, los desafíos humanos del sector y el rol del transporte terrestre y marítimo en las operaciones de comercio exterior

Diego Gómez es agente de transporte aduanero (Foto: Movant Connection)

En el entramado cotidiano del comercio exterior, hay funciones clave que sostienen la operatoria sin hacerse visibles. En esta entrevista, Diego aporta una mirada directa sobre el trabajo del agente de transporte aduanero, los desafíos operativos y la coordinación entre actores, convencido de que “lo ideal es que cada parte cumpla su función para que todo sea más dinámico”.

¿Cuál es la función principal de un agente de transporte aduanero y cómo es tu relación diaria con el sector?

Un agente de transporte aduanero es el representante del medio de transporte ante la Aduana, ya sea en operaciones con camiones, barcos o aviones. Es una figura similar al despachante, pero en lugar de representar al importador o exportador, representamos al transporte. Trabajo especialmente en transporte terrestre, y mi tarea principal es confeccionar los manifiestos internacionales de carga y las cartas de porte (MIC-DTA) con los datos provistos por exportadores, despachantes y transportistas. Toda esta información se carga en un sistema oficial, y luego se genera la documentación con la que el camión sale a Brasil, Chile, Uruguay, etc.

Tengo interacción total con los transportistas, porque ellos me tienen que proporcionar la información: patente del tractor y del semi, permisos internacionales, número de seguro, entre otras cosas. Después se suma la interacción con exportadores y despachantes, pero primero siempre viene la parte operativa.

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¿El trabajo se realiza desde la Aduana o de manera remota?

Trabajo desde mi oficina todos los días, pero también lo podría hacer desde casa. Hoy todo tiende a lo remoto, aunque todavía se imprime mucha documentación. Solo en casos excepcionales, cuando hay requerimientos puntuales o controles, hay que acercarse físicamente.

¿Cuáles son los mayores desafíos en el día a día?

Lo más difícil es lograr que cada actor cumpla su rol. A veces, para que todo fluya más rápido, termino metiéndome en tareas que no me corresponden, como tareas del despachante o del exportador. Pero estoy intentando dejar de hacer eso, aunque me cuesta. Lo ideal es que cada parte cumpla su función para que todo sea más dinámico.

"Hoy la integración entre modos de transporte está llena de trabas", advierte Diego sobre las operaciones vinculadas con el comercio exterior (Imagen: Shutterstock)

¿Qué se necesita para mejorar esa dinámica?

No creo que sea una cuestión de tecnología, sino de personas. A veces trabajás con dos exportadores en operaciones iguales y con uno todo sale perfecto y con el otro es un desastre. No es un problema del sistema, es una cuestión humana. Este es un rubro al que muchos llegan sin saber bien de qué se trata. Nadie sueña de chico con ser despachante de aduana o agente de transporte aduanero. A mí me apasiona, llevo más de 25 años y tengo clientes de hace décadas, pero no todos lo viven igual.

¿Cómo ves el panorama actual del sector?

El año pasado fue muy bueno. Esta primera semana de enero está más tranquila, como siempre, pero tengo expectativas positivas. Trabajo con empresas grandes que movieron muchísimo en exportación. Solo el año pasado saqué por semana 30 a 50 camiones a Brasil, Chile y Uruguay. Eso hablando solo del sector agrícola, como trigo, girasol, carne, etc. Y además hubo movimiento en otros rubros.

¿Tuviste experiencias en el transporte marítimo también?

Sí, fui agente marítimo desde 2003 hasta 2012, y volví en 2020 con un proyecto de ferry. En la primera etapa, los camiones llegaban al puerto, subían al barco, hacíamos migraciones, cargábamos entre 30 y 35 camiones y se iba a Uruguay. Pero en la segunda etapa, en 2020, se complicó todo. El mismo proceso tardaba tres horas, por trámites innecesarios y exceso de regulaciones. Al final, el barco se fue a otro país y el proyecto quedó trunco. Hoy la integración entre modos de transporte está llena de trabas. Hay que tener voluntad para destrabar procesos.

¿Podés contar alguna operación que te haya marcado?

Hay cientos de anécdotas, pero una muy clara fue cuando trajimos un ferry a la terminal después de 10 años sin operar. En su primera entrada fue todo fiesta: drones, globos, todo perfecto. Pero al atracar, el barco chocó contra la dársena y se hizo un agujero enorme. Así es esto. El comercio exterior y la logística no son exactos, siempre hay imprevistos, pero se sigue adelante.

Otra vez, un camión refrigerado con un millón de dólares en mercadería de laboratorio estuvo 12 días parado por un error de documentación del importador. No se puede permitir eso. Hay que ayudar a destrabar esas situaciones.

¿Qué consejo darías a quienes están empezando en el sector?

Que insistan, que trabajen, que insistan. El esfuerzo paga. Tarde o temprano, paga. Yo pasé momentos difíciles, pero vale la pena. Y algo que me dijo una vez un jefe que tuve, y que siempre recuerdo: “Siempre tratar de hacer negocios con buena gente”. Porque con mala gente hacés negocios una sola vez, después te alejás. Con buena gente, podés construir a largo plazo.

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