Durante los próximos años, América Latina se perfila como una de las regiones con mayor dinamismo en materia logística, impulsada por transformaciones profundas en el comercio, la producción y los patrones de consumo.
Datos de referencia del sector indican que el mercado regional alcanzó en 2025 un volumen estimado de USD 366.100 millones y podría llegar a USD 580.100 millones hacia 2034, con una tasa de crecimiento anual promedio del 5,25%.
Más allá de la magnitud de estas cifras, el punto central es el cambio de rol que atraviesa el sector en la región. Lo que históricamente funcionó como un área de soporte operativo hoy se consolida como un factor clave de competitividad, con impacto directo en la eficiencia productiva, el comercio exterior y la capacidad de respuesta de las cadenas de suministro.
Comercio electrónico y presión sobre las redes de distribución
El crecimiento del comercio electrónico es uno de los motores más visibles de la transformación. La demanda de entregas más rápidas, trazables y con mayor cobertura territorial eleva la exigencia sobre las redes de distribución, tanto en grandes centros urbanos como en zonas periféricas.
Esto impulsa la reorganización de nodos de almacenamiento, el desarrollo de centros de cumplimiento cercanos a los principales mercados de consumo y la adopción de herramientas de optimización y seguimiento en tiempo real.
La necesidad de ganar eficiencia en la última etapa de la cadena acelera inversiones en infraestructura logística urbana y en soluciones tecnológicas que permitan sostener volúmenes crecientes sin perder previsibilidad operativa.
Integración comercial y flujos regionales de carga
La ampliación de acuerdos comerciales y la reducción de ciertas barreras regulatorias comienzan a reflejarse en un mayor movimiento de cargas dentro de la región. Los corredores que conectan a las principales economías latinoamericanas concentran un incremento sostenido del tráfico, reforzando la importancia del transporte terrestre y de los esquemas multimodales.
Sin embargo, este crecimiento también expone desafíos persistentes: pasos fronterizos con capacidad limitada, infraestructura desigual y procesos que aún generan demoras. En este escenario, la eficiencia logística depende cada vez más de la coordinación regional y de la capacidad de anticipar cuellos de botella.
Producción industrial y nuevos polos logísticos
El repunte de la actividad industrial, especialmente en sectores de bienes de consumo, automotriz y electrónica, modifica los patrones de movimiento de mercaderías. Aumenta la demanda de servicios para el ingreso de insumos y la salida de productos terminados, lo que impulsa el desarrollo de clústeres logísticos vinculados a zonas fabriles y puertos.
Si bien algunos países concentran la mayor parte del volumen, otros comienzan a posicionarse como polos industriales emergentes. Esta diversificación amplía el mapa logístico regional y exige soluciones más flexibles, adaptadas a contextos productivos y geográficos diversos.
Nearshoring y reconfiguración de las cadenas de suministro
La tendencia al nearshoring refuerza el protagonismo de América Latina dentro de las cadenas globales de suministro. La relocalización de procesos productivos más cerca de los mercados de destino responde a la búsqueda de menores tiempos de respuesta y a la reducción de riesgos asociados a disrupciones lejanas.
Este proceso incrementa la demanda de infraestructura, transporte de larga distancia y servicios de coordinación transfronteriza, consolidando a ciertos países como nodos clave y puentes logísticos entre regiones.
Digitalización y evolución de los modelos logísticos
La transformación logística no es solo física. La digitalización se consolida como un pilar central, con inversiones en plataformas de gestión, automatización de depósitos y visibilidad integral de la cadena. Estas herramientas permiten mejorar la eficiencia, reducir errores y ganar previsibilidad en entornos de alta volatilidad.
En paralelo, evolucionan los modelos de prestación de servicios. Crece la adopción de esquemas integrados que concentran la gestión logística en un único coordinador, reflejando la necesidad de orquestar múltiples eslabones bajo una visión unificada, especialmente en operaciones de escala regional e internacional.
En conjunto, las tendencias muestran que la logística en América Latina atraviesa una etapa de maduración acelerada. El crecimiento del mercado no solo refleja mayor actividad económica, sino una redefinición profunda del rol logístico en las estrategias productivas y comerciales. En un contexto global incierto, la capacidad de planificar y ejecutar cadenas de suministro resilientes aparece como uno de los principales diferenciales competitivos de la región para la próxima década.